4 de Mayo, 2026

Volver al hospital para enseñar mejor: Aprendizaje y liderazgo femenino en enfermería 

Camila Mora Mallea

Camila Mora Mallea

Enfermera y docente de la Escuela de Salud y Bienestar de la sede Melipilla de Duoc UC.

5 minutos de lectura

En diciembre de 2025, mientras el calor de Santiago anunciaba el cierre de un año académico intenso, para mí también comenzaba una etapa particularmente significativa: la realización de una pasantía profesional en el Hospital San Borja Arriarán. Después de haber transitado desde la intensidad de la enfermería clínica hacia el ritmo más reflexivo de la docencia, volver al hospital significó mucho más que una actualización profesional. Fue, en cierta forma, un reencuentro con el origen de mi vocación: el cuidado directo y humano de las personas. 

Mi formación es clínica pero hoy mi trabajo se desarrolla principalmente en las salas de clases, acompañando la formación de futuras generaciones de técnicos de nivel superior en enfermería. Por eso, regresar al entorno de un hospital público de alta complejidad resultó especialmente relevante para mi desarrollo profesional. Quienes participamos en la formación de estudiantes del área de la salud sabemos que mantener contacto con la práctica clínica no solo es valioso, sino también una responsabilidad ética. La pasantía me permitió fortalecer ese vínculo entre el mundo académico y el ejercicio asistencial. 

Desde el primer día en la Urgencia Infantil del Hospital San Borja Arriarán, una institución con una larga trayectoria en el sistema de salud chileno, volví a sumergirme en la dinámica hospitalaria. Pude observar y realizar procedimientos clínicos, participar en conversaciones con profesionales de distintas unidades y conocer de cerca el trabajo cotidiano que realizan enfermeras, enfermeros y otros integrantes del equipo de salud. Cada encuentro, por sencillo que pareciera, se convirtió en una instancia de aprendizaje que hoy llevo conmigo a la sala de clases. 

Uno de los aspectos más enriquecedores de esta experiencia fue la posibilidad de observar la práctica clínica con cierta distancia reflexiva. Cuando se trabaja en turnos, muchas veces el ritmo del hospital no deja espacio para detenerse a analizar todo lo que ocurre. Durante la pasantía, en cambio, tuve la oportunidad de mirar, escuchar y aprender con mayor calma. Pude apreciar cómo la enfermería se transforma en un verdadero eje articulador del cuidado, coordinando tratamientos, procedimientos y procesos humanos que acompañan la enfermedad: la incertidumbre, el miedo o la esperanza de las familias. 

Como mujer y enfermera esta experiencia también me llevó a reflexionar sobre el liderazgo femenino dentro del sistema de salud. Históricamente, la enfermería ha sido una profesión ejercida mayoritariamente por mujeres. Sin embargo, durante muchos años los espacios de decisión y liderazgo no siempre reflejaron ese protagonismo. Hoy esa realidad comienza a transformarse, y durante esta pasantía pude observar señales claras de ese cambio. 

En el hospital fui testigo de múltiples formas de liderazgo cotidiano: enfermeras que organizan equipos en momentos de alta demanda, gestionan recursos en contextos complejos o acompañan a las familias en situaciones difíciles con una sensibilidad admirable. Es un liderazgo que muchas veces pasa desapercibido, pero que resulta fundamental para el funcionamiento del sistema de salud. En él conviven la capacidad técnica, la empatía y un profundo compromiso con el bienestar de los pacientes. 

Visibilizar estas experiencias es importante para quienes estamos formando nuevas generaciones. Nuestras estudiantes necesitan verse reflejadas en referentes reales que demuestren que el liderazgo en salud también puede construirse desde la empatía, el trabajo colaborativo y la convicción profesional. 

La pasantía tuvo, además, un impacto muy concreto en mi rol docente. La enseñanza en salud pierde sentido cuando se desconecta de la realidad del paciente. Cada conversación con los profesionales del Hospital San Borja Arriarán, y cada observación realizada en el servicio, se han convertido hoy en material de aprendizaje para mis clases. Cuando abordamos temas como el trabajo en equipo, la comunicación clínica o la gestión del cuidado, puedo compartir ejemplos recientes y cercanos que enriquecen el proceso formativo. 

Esta experiencia reforzó una idea que considero esencial en nuestra profesión: el aprendizaje nunca termina. Más allá de la experiencia acumulada o del rol que ocupemos, siempre existe algo nuevo que aprender de nuestros colegas, nuestros estudiantes y, sobre todo, de los pacientes. Mantener esa disposición al aprendizaje es lo que nos permite seguir creciendo dentro de una disciplina que evoluciona constantemente. 

En lo personal, la pasantía fue un momento de reencuentro con mi propia historia profesional. Recordé mis primeros años de trabajo clínico, las jornadas compartidas con colegas que con el tiempo se transformaron en una segunda familia y los pacientes que dejaron una huella profunda en mi memoria. Esos recuerdos siguen siendo una fuente permanente de inspiración para mi labor docente. 

Por todo ello, iniciativas como las pasantías profesionales en la industria resultan especialmente valiosas. No solo permiten actualizar conocimientos técnicos, sino que también invitan a repensar nuestro rol y el aporte que podemos realizar desde distintos espacios. Hoy, de regreso en el aula, siento que vuelvo con una mirada renovada y nuevas herramientas para acompañar el aprendizaje de mis estudiantes. 

La enfermería, finalmente, es una profesión que se construye a lo largo de toda la vida. Aprendemos en cada etapa del camino y en cada contexto donde ejercemos el cuidado. Compartir esta experiencia es una forma de reconocer el trabajo silencioso y comprometido que realizan diariamente muchas mujeres dentro del sistema de salud. Su liderazgo, muchas veces discreto pero profundamente transformador, continúa siendo uno de los pilares que sostienen el cuidado de nuestra sociedad. 

Ver Boletín N°77: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n77-las-mujeres-fortalecen-los-entornos-formativos-y-laborales/

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