6 de Octubre, 2014

La torta y sus cortes

Álvaro Valenzuela Pineda

Álvaro Valenzuela Pineda

Docente Duoc UC

4 minutos de lectura

A raíz de la aprobación en el Senado de la reforma tributaria a inicios del pasado mes de septiembre, el posterior mensaje de la Presidente de la República, Michelle Bachelet, buscaba traer tranquilidad y certidumbre en momentos de cierta histeria colectiva, en donde las cifras macroeconómicas (estancadas o a la baja) y actos como el vivido en el metro de Santiago (en su estación Escuela Militar) tenían el ambiente bastante enrarecido.

No es mi objetivo instalar un espacio de discusión sobre la mencionada reforma, en su idea original o en su resultado final, los dados de esa jugada ya fueron echados hace un tiempo y solo queda esperar ver la real recaudación. Este escrito busca instalar un tema más de fondo: lo desenfocado que está el debate nacional sobre ciertos temas en relación con la realidad.

Los indicadores macroeconómicos, utilizados tanto por el gobierno como desde la oposición para evaluar la gestión del ejecutivo, representan conceptos y guarismos alejados del entendimiento general de la población. Cada vez que es publicado el PIB (acaso el más relevante y manoseado dato) se nos informa simplemente del tamaño de la torta. Sus componentes, que incluyen el gasto gubernamental, inversión, consumo, entre otros, siguen siendo muy lejanos a la realidad diaria de las personas. La mayoría no los entiende, los desconoce o simplemente le son indiferentes.  Pero este porcentaje que se entrega cada cierto tiempo sigue siendo un número muy general carente de sensibilidad sobre la calidad de vida de la población.

En resumidas cuentas, la torta crece y crece, pero sus cortes siguen siendo muy desproporcionados. Como muestra, agregaré a la discusión que más del 50% de la población asalariada en nuestro país recibe menos de $264.000 líquidos al mes.  Sabiendo esto, cada voz pública que habla de “aceleración” o “enfriamiento de la economía”, según sea el caso, suena bastante ajena a la realidad.

El tema no es menor, se puede apreciar una inconexión amplia entre los números reales de la población y las cifras macroeconómicas. Otro ejemplo puede dejar más claro mi punto de vista: Desde un tiempo a esta parte hemos escuchado sobre la reforma de la educación en Chile. Entre otros puntos, se habla de fin al lucro con fondos públicos y de subvencionar de forma directa la educación universitaria para todos sus estudiantes, sin importar el origen social del que ellos provengan. El debate se ha centrado en argumentos sobre la real conveniencia de entregar este beneficio al “10% más rico de la población”, lo que a juicio de muchos es un despropósito porque “pueden pagar la educación de sus hijos por su cuenta”. En este caso la pastelería arroja una nueva torta, la cual esta vez no se llama PIB sino recaudación de la reforma tributaria. Sobre ella se analiza la mejor forma de poder repartir cada trozo. El punto es que ese “privilegiado” “10% más rico de la población” en la práctica es aquel que gana sobre $ 800.000 líquidos, e incluso, el 7,2% de los asalariados que reciben mejores sueldos en nuestro país se empinan sobre el millón de pesos líquidos al mes, ergo, el 92,8% de los chilenos trabajadores no llega a la cifra de los 6 dígitos.

Si usted quiere desgranar más el choclo, le puedo comentar que solo el 3,3% de aquellos que tienen trabajo y reciben una remuneración por él, superan el millón y medio de la moneda local. Lo que sabemos de ese reducido grupo de personas es muy poco; estadísticamente podemos decir que su dispersión es grande ya que hay sueldos muy altos (los menos) y otros que se quedan en la cola inferior y se mantienen en $1.500.000.

Si de algo estoy seguro es que sería mucho más interesante conocer un índice que nos explique de mejor manera estos datos, sería más cercano a la población no solo conocer el movimiento general de la economía sino como ayuda a mejorar su vida diaria. ¿Acaso no es de importancia nacional saber cuántos de estos altos sueldos corresponden a mujeres? ¿Cuántos de ellos son jóvenes? ¿Cuánto tiempo de experiencia laboral tienen las mayores remuneraciones? ¿A qué profesiones pertenecen? Y un sin fin de datos que nos ayudarían a sentirnos más y mejor incluidos en las políticas públicas y la discusión nacional. Porque la verdad es que no solo interesa conocer cuánto creció la torta, sino, como se está cortando.

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