4 de Mayo, 2015

El valor de la educación técnica en Chile

Jaime Mortara Pizarro.

Jaime Mortara Pizarro.

Coordinador general vespertino, sede Viña del Mar, Duoc UC

5 minutos de lectura

Hace más de 10 años, Chile formalizó importantes convenios comerciales con las principales potencias del mundo. Después de muchos años de extensas negociaciones se concretaron acuerdos de Libre Comercio con la Unión Europea y los EEUU; constituyéndose así en el primer país, en lograr este tipo de convenios con las mayores economías.
La división del mundo en dos grupos, el de los países ricos y el de los países pobres, se ha ido acentuando cada vez más en el transcurso de los últimos 50 años.

Al parecer esta creciente separación se debe más que a una concentración de factores productivos como el Capital, a los relativos al Conocimiento. Entre los años 1950 y 2000, el ingreso per cápita anual de los países desarrollados, se triplicó pasando de U$ 7.300 a U$23.000; mientras que, en los países de la región de América Latina y el Caribe, sólo se duplicó, pasando de U$ 3.000 a U$ 6.000

No obstante, lo anterior con estos acuerdos Chile tuvo la oportunidad de incorporarse al mundo del desarrollo y para lograrlo adoptó medidas que le permitieron mejorar significativamente el conocimiento por un lado y las destrezas de su población por otro.

El perfil de la fuerza de trabajo en Chile todavía muestra importantes diferencias con el de los países desarrollados. Mientras en estos últimos, cerca de un 25% de sus trabajadores son profesionales o técnicos que han completado un programa de educación terciaria, en nuestro país sólo lo han hecho un 12%, es decir, la mitad.

Por otro lado, debido a la globalización, e incentivado por los tratados de libre comercio, es un hecho que los profesionales tienden a moverse cada vez con mayor facilidad entre diferentes empresas y países. La posibilidad de trabajar fuera de Chile y también de tener que competir con profesionales y técnicos extranjeros, en el mercado interno, resulta cada vez más cierta; por ello se hace imprescindible contar con un sistema de educación superior que permita a los egresados hacerlo con éxito. Lamentablemente la organización curricular chilena, tiende a alejarse cada vez más de las tendencias internacionales.

Para que los técnicos y profesionales chilenos enfrenten competitivamente esta globalización, nuestros currículos deberán ofrecer una sólida formación general y básica; mostrar cada vez más en su diseño una orientación al mundo del trabajo, incluyendo las necesarias competencias de empleabilidad; permitir una movilidad fácil entre niveles y áreas del conocimiento; y hacer posible una comparabilidad internacional.
Por otra parte, se debe considerar una arquitectura curricular, con las flexibilidades necesarias para hacerse cargo del rápido cambio tecnológico, que obliga a una permanente actualización de los programas y a un aprendizaje continuo, durante toda la vida.

Así mismo, la forma de medir el avance de los estudiantes, debe hacerse en créditos que reflejen unidades de aprendizaje, más que de enseñanza; además, estas unidades deben ser de uso universal, para que faciliten la movilidad, incluso, desde y hacia instituciones extranjeras.

En suma, los alumnos deben tener la oportunidad de un perfeccionamiento a lo largo de su vida y de ir construyendo su propia carrera, con elementos cognitivos y destrezas, que adquirieran en su paso por diferentes instituciones educacionales y actividades prácticas. Ello contribuirá a incentivar el surgimiento de una gran diversidad de programas, orientados a las necesidades reales de la industria.

Es más que razonable pensar que es en la formación Técnico y Profesional donde se encuentra precisamente el potencial y el desarrollo de nuestras empresas y nuestra sociedad, tanto como en las carreras de orden especulativo o teórico, cuando se sabe que la relación de técnicos y universitarios ha comenzado a cambiar, hoy es de uno a cinco, es decir por cada un técnico hay en nuestro país cinco universitarios; solo entonces podremos concretar el nuevo paradigma que nuestro país necesita.

Dicha proporción no se compara con la existente en los países desarrollados como Estados Unidos o Francia,  en donde  por cada un Profesional con rango Universitario, hay cinco Técnicos o Profesionales no Universitarios, desde luego en Francia, por ejemplo, las expectativas de  seguir estudios superiores de la gran mayoría de los jóvenes ,cerca del setenta por ciento, que se gradúan de la enseñanza humanista equivalente a la enseñanza media de nuestro país, aspira exclusivamente a continuar estudios superiores en Institutos Tecnológicos de gran nombre y  prestigio que se dedican únicamente a impartir títulos Técnicos o Profesionales.

De esta forma las naciones más aventajadas han logrado imponer en el mercado laboral, una fuerza de trabajo calificada y especializada en diversas áreas del conocimiento tecnológico, lo que les ha permitido ajustar adecuadamente sus organigramas, obteniendo así equipos de trabajo y rendimientos más óptimos.

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