27 de Abril, 2026

El desafío prospectivo en la educación técnico-profesional

ED

Equipo de Prospecciones de Duoc UC

Isabel González Villalobos, Constanza Trujillo Meléndez y Daniel Valencia González.

6 minutos de lectura

En una parte importante de los sistemas formativos de educación superior —por no decir todos— persiste una paradoja: preparan a sus estudiantes para una realidad que, al momento de egresar, ya ha cambiado respecto de la prevista al inicio de su formación. Aunque esta tensión no es nueva (siempre ha existido cierto desfase), hoy se manifiesta con mayor intensidad, debido a la aceleración de los cambios tecnológicos, laborales y sociales, que vuelven más incierto y dinámico el contexto en el que los egresados deberán desempeñarse.

En Chile, en la actualidad, una proporción significativa de los trabajadores que cuentan con educación superior se desempeña en ocupaciones para las que están sobrecalificados. Esto genera implicancias a nivel individual —como menores ingresos y trayectorias laborales más inestables— y también a nivel agregado, al limitar el potencial productivo del país. En paralelo, las empresas declaran enfrentar dificultades para cubrir vacantes, ya sea por escasez de postulantes adecuados o por brechas en las competencias requeridas. Este desajuste podría intensificarse a medida que la velocidad de los cambios en el mercado laboral aumente y supere la capacidad de adaptación de los sistemas formativos.

Una expresión particularmente concreta alcanza dicha tensión en la educación superior técnico-profesional. Su vínculo estrecho con las demandas del mercado laboral y su promesa de empleabilidad exigen a estas instituciones una alta capacidad de adaptación frente a cambios rápidos en el entorno, de modo de anticiparse a ellos y así mantener la pertinencia de su formación. Con todo, el análisis de las demandas del mercado laboral presenta desafíos relevantes para los sistemas formativos. La forma en que el mundo del trabajo se organiza (en cargos, con funciones y habilidades que combinan diversas disciplinas), no siempre dialoga directamente con una oferta estructurada en carreras, lo que complejiza la interpretación de la demanda y exige revisar la capacidad del modelo educativo y de la oferta formativa para responder con mayor flexibilidad, capacidad de respuesta y pertinencia.

Los estudios prospectivos ofrecen un marco que ayuda en esa línea. Permiten integrar el análisis del presente, la identificación de tendencias y la construcción de escenarios futuros con sus riesgos y oportunidades. De este modo, contribuyen a la anticipación y, sobre todo, a la gestión de la incertidumbre: si bien no la reducen por completo, la hacen abordable para orientar la toma de decisiones con evidencia.

Durante los últimos años, en Duoc UC hemos logrado avances significativos en este ámbito. Se han desarrollado estudios de prospección sectorial para las escuelas, que complementan los estudios focalizados por carrera, levantando evidencia a nivel nacional e internacional a partir de marcos de cualificaciones de distintos países, estándares ocupacionales, perfiles de egreso de referentes internacionales, requerimientos del mercado laboral (bolsas de empleo) y estadísticas laborales y educativas oficiales, entre otras fuentes. La integración de estos insumos permite contar con una base de información sólida, coherente y estandarizada para el análisis y la toma de decisiones, facilitando una mirada más sistémica sobre la evolución de los sectores.

Sin embargo, en prospectiva, el alcance de la información va más allá de las estadísticas y de las fuentes secundarias. La incorporación de expertos o informantes clave resulta fundamental, porque permite acceder a dimensiones del cambio que no suelen reflejarse claramente en los datos. Hablamos, por ejemplo, de ajustes en perfiles laborales, valoraciones específicas de empleadores y proyecciones sobre el desarrollo futuro. En nuestra experiencia, la incorporación de expertos ha sido uno de los principales desafíos, porque si bien se ha promovido que la información sea analizada, retroalimentada y validada por especialistas, su participación supone varias complejidades, en términos de permanencia, sistematicidad, coordinación, etc. En este punto, el vínculo con el mundo laboral adquiere una relevancia crítica. Este tipo de interacción no solo enriquece el diagnóstico, sino que aporta con la mirada de futuro y fortalece la legitimidad de los procesos de ajuste y actualización curricular.

A diferencia de los datos cuantitativos, que pueden capturarse y procesarse con relativa rapidez, la validación a través de expertos requiere más tiempo y coordinación. Esta diferencia de ritmos configura un escenario en el que conviven demandas de inmediatez con procesos que requieren deliberación y contraste cualitativo. Es posible disponer de datos en tiempo real, pero su interpretación y validación con actores relevantes se desarrollan a un ritmo distinto, lo que nos exige diseñar mecanismos que articulen ambos tiempos de manera efectiva.

La articulación entre velocidad y profundidad se vuelve un elemento central, especialmente en contextos de alta incertidumbre. En este sentido, uno de los principales desafíos es avanzar hacia modelos que combinen analítica de datos con procesos sistemáticos de consulta a expertos, asumiendo que cada fuente aporta valor en distintos momentos del proceso y bajo distintas lógicas de producción de conocimiento.

En este contexto, la prospectiva adquiere un rol particularmente complejo. Debe anticipar cambios e integrar información heterogénea y muchas veces incompleta, articulando estadísticas generales (que operan a niveles de agregación que dificultan la captura de dinámicas específicas en ciertos sectores, como el del diseño, o en determinados territorios) con percepciones expertas, datos en tiempo real y procesos de validación más extensos. Este ejercicio de integración constituye uno de los principales desafíos metodológicos para las instituciones formativas y, en particular, para las áreas encargadas de orientar el desarrollo curricular.

La simplificación de estos procesos puede generar una ilusión de certeza. Una aproximación rigurosa exige reconocer limitaciones, explicitar supuestos y sostener una actitud crítica frente a los resultados. En este marco, la prospectiva organiza la incertidumbre y la convierte en un insumo para la toma de decisiones informadas, más que en un problema a eliminar.

En este escenario, uno de nuestros desafíos institucionales es consolidar los estudios prospectivos, convocando a las escuelas y a las distintas áreas que aportan al desarrollo curricular, fortaleciendo el vínculo sistemático con el mundo laboral y perfeccionando los mecanismos de integración de información, que aporte insumos no sólo para los procesos de desarrollo curricular, sino también para procesos de revisión de nuestro modelo educativo y la organización de nuestra oferta formativa.

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1 comentarios

  • Roberto de la Vega

    En este artículo: cuando los autores mencionan la importancia de articular velocidad y profundidad se me viene a la mente  la frase: "El corazón que corre más rápido que el tiempo se pierde; el que avanza con conciencia, llega al infinito en un solo instante." Desde esta mirada profunda  la verdadera agilidad no es velocidad sin rumbo, sino claridad en el movimiento. Es saber cuándo avanzar, cuándo detenerse y cuándo no actuar. No es solo adaptarse, sino hacerlo con sentido.

    Mayo 8, 2026
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