“Queremos enriquecernos como nación, y parecemos no comprender que nuestro porvenir económico se liga al dominio que el trabajador adquiera de las artes elementales, base de toda preparación técnica adecuada…”. Darío Salas[1] (1917).
El contexto histórico y la realidad estructural chilena
Estas visionarias palabras, expresadas hace casi un siglo atrás, cobran inusitada vigencia hoy; cuando el país se encuentra en pleno debate de una nueva reforma educacional. Reforma que busca poner al país en la recta final en su camino hacia el Desarrollo.
Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, nuestro país alcanzará, en la próxima década, un nivel de ingreso per cápita (corregido por paridad de compra) similar al que hoy ostentan países como Polonia, Hungría y Portugal. Sin embargo, el crecimiento económico por sí solo no se traduce automáticamente en el progreso del desarrollo humano. Se requieren políticas que permitan reducir la desigualdad e inversiones significativas en las capacidades de las personas (PNUD, 2013).
Respecto a este último punto, Chile muestra dos grandes debilidades en su capital humano: (1) Según la Encuesta CASEN, un 45% de la población mayor de 20 años no ha concluido la enseñanza media[2] y (2) Según el BID, el país carece de un sistema de aseguramiento de la calidad de los cursos de capacitación no conducentes a título gestionados por el SENCE.
Valoración de la ESTP versus la Universitaria
Nos preguntamos permanentemente en Chile porqué la sociedad no valora lo suficiente a la Educación Superior Técnico-Profesional (ESTP), olvidando que así fue decretado. En efecto, la ley reserva explícitamente a las universidades las actividades más protagónicas de una sociedad del conocimiento: “La Universidad es una institución de educación superior, investigación, raciocinio y cultura que, en el cumplimiento de sus funciones, debe atender adecuadamente los intereses y necesidades del país, al más alto nivel de excelencia”[3] y a renglón seguido, señala los cinco grandes quehaceres de las universidades distribuidos en once funciones explícitas. En contraste, la Ley que define a los Institutos Profesionales sólo señala que: “Son instituciones de educación superior que, en el cumplimiento de sus funciones, deben atender adecuadamente los intereses y necesidades del país, mediante la formación de profesionales con los conocimientos necesarios para el ejercicio de sus respectivas actividades”[4]. Una definición no más explícita es lo que también puede encontrarse en el cuerpo legal referido a los Centros de Formación Técnica (CFT). ¿Alguna duda?
Chile bajo la mirada de los organismos internacionales
Según el reporte 2012-2013 del Foro Económico Mundial, Chile ostenta el puesto N°33 en el ranking global de competitividad. Sin embargo, nuestro sistema educacional se encuentra en un lejano puesto N°91; mostrándonos una clara urgencia de mejorar la calidad de la educación. Otra debilidad señalada es la “inadecuada preparación de la fuerza laboral” y la “insuficiente capacidad de innovar” que se encuentran entre los cinco principales factores que dificultan en Chile el emprendimiento para hacer negocios.
Entre las cuatro metas que el Banco Mundial visualiza para Chile, en el mediano plazo, dos de ellas están ligadas con la educación: (1) Mejorar la Calidad de la Educación y (2) Transformar al país en una “Sociedad del Conocimiento”.
Como factores claves para hacer frente a las notorias deficiencias en la productividad chilena, la OECD ha hecho varias sugerencias al sistema de educación superior técnico-profesional en Chile. Entre ellas:
- Mejorar el nivel del personal académico.
- Implementar incentivos para mejorar la calidad de la docencia.
- La exigencia de que la mayoría de los docentes tengan un doctorado no aplica, naturalmente, para los IP y CFT; aunque ellos también se beneficiarían si al menos una parte del personal docente estuviese capacitado a nivel de doctorado.
- Fortalecer la interacción académica internacional Incorporando como práctica habitual la figura del Profesor Visitante.
- Revisar la práctica generalizada de muchas universidades y prácticamente todos los IP y CFT de mantener una elevada proporción de docentes pagados por hora.
Respecto a este modelo de contratación del cuerpo docente, un detallado estudio realizado por el Pullias Center for Higher Education (USA), mostró que existe fuerte evidencia científica de que la práctica generalizada de conformar el cuerpo académico mayoritariamente contratado por horas, no favorece los resultados académicos de los alumnos de educación superior. Principalmente se identificaron dos importantes consecuencias de esta práctica: (1°) Disminuye la tasa de retención y de titulación; (2°) Disminuye la tasa de continuidad de estudios (del nivel técnico al profesional). Ello basado en la poca interacción y compromiso docente-alumno que permite esta modalidad de contratación.
El futuro de la educación superior
Recientemente la prestigiosa publicación Times Higher Education preguntó a cinco reconocidos expertos en el Reino Unido, cómo pensaban que sería la Educación Superior en el futuro. Resumiendo, los expertos prevén que será fuertemente impactada por: (1) Las posibilidades de la Realidad Aumentada (AR) y la educación interprofesional (IPE), (2) El Pensamiento Virtual, que será el corazón del desarrollo del aprendizaje y de las habilidades bajo el contexto de un futuro totalmente digital, (3) El avance en la tecnología de los sensores, que permitirá recolectar información más compleja del medioambiente, de la vida salvaje y de las personas, (4) Las impresoras 3D, que expandirán las posibilidades pedagógicas y de investigación en educación superior y (5) La Colaboración Abierta (Crowdsourcing), que tendrá un rol protagónico en el desarrollo de software.
Chile ante la Tercera Revolución Industrial
La experiencia internacional indica que no se puede alcanzar el desarrollo económico si no se diversifican las estructuras industriales para ir, poco a poco, participando de procesos de producción más complejos. Normalmente se comienza con el ensamblaje de productos para más tarde pasar a la fabricación de componentes y -en un estadio posterior de maduración- a la fabricación de equipamiento. Hoy por hoy, la ventaja de la globalización permite acceder a la información de los mercados. La producción compleja es propia de las economías avanzadas, donde se genera un espiral virtuoso de demanda interna para proveedores de insumos que sostengan la fabricación de esos productos complejos. Fue el caso de Malasia en la década de 1970, de Tailandia en la de 1980, de China en la de 1990, y de Vietnam en la actualidad. Por su escala, potencialidades y estructura social, quizás Chile más bien debe mirar el ejemplo de la República de Irlanda (El Tigre Celta). Una pequeña república católica que ya está recuperando las cifras del período pre-crisis europea, a base de fuertes incentivos para la instalación de empresas tecnológicas y una agresiva política de apoyo a la educación superior[5]. En ese país, es posible encontrar journals y revistas de divulgación científica –por ejemplo de biotecnología y otros temas señeros- en bibliotecas municipales de pequeñas localidades; no sólo en las universidades de las ciudades importantes.
En una reciente publicación, el Instituto para la Investigación de Políticas Públicas del Reino Unido (IPPR) se mostraron las conclusiones acerca del capital humano disponible en ese país y las proyecciones laborales para el año 2022. Sus conclusiones conforman un preocupante diagnóstico (que Chile debería observar con atención): la política de expansión de la educación superior de los últimos treinta años ha producido un desbalance en la formación terciaria entre habilidades complejas, medianas y bajas. Esto es, una gran proporción de titulados con grados universitarios, una bajísima proporción de titulados con habilidades medias y un gran grupo con bajas cualificaciones. El mencionado instituto ha predicho que el Reino Unido no podrá estar a la altura de las necesidades de los mercados avanzados si no se pone el foco en una mayor y mejor educación técnico-profesional, para superar la brecha producida (IPPR, 2014).
La ESTP en Chile aún tiene un largo camino por recorrer. Le espera un rol relevante en el camino al desarrollo del país. Educación Superior significa mejor calidad de vida, mejores puestos de trabajo y mayores remuneraciones (UNESCO, 2002). Los países estarán cada vez más interconectados a través del comercio, la migración y las tecnologías de información y comunicación. Pero no sólo se trata de cifras, también deberíamos tener presente la preocupación en el impacto que las nuevas tecnologías de la comunicación tienen en las personas (Ex Corde Ecclesiae, 1990).
[1] Precursor de la Junta de Auxilio Escolar y Becas. Mentor de la Ley de Instrucción Primaria obligatoria de 1920.
[2] La obligatoriedad de la Enseñanza Media se promulgó por ley en Chile recién en el año 2005!
[3] D.F.L. 03-01-1981. MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA. FIJA NORMAS SOBRE UNIVERSIDADES.
[4] D.F.L. 16-02-1981. MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA. FIJA NORMAS SOBRE INSTITUTOS PROFESIONALES
[5] Respecto al fortalecimiento de la educación superior, Irlanda ya tiene en marcha su plan estratégico hasta el año 2030!
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