11 de Diciembre, 2017

Do ut des

Lorenzo Alamiro de Jesús Schwarze

Lorenzo Alamiro de Jesús Schwarze

Docente escuela de Administración y Negocios, sede Plaza Norte de Duoc UC

6 minutos de lectura

Parecerá extravagante e incluso fuera de lugar, iniciar una reflexión acerca de las características que destacan del estudiante Duoc UC, de su propia evolución o desarrollo, citando y aludiendo tres palabras de origen latino que presiden el título de esta columna. Ellas constituyeron (y qué duda cabe, constituyen), el eje central e idea fundamental en la construcción que hicieron los romanos de su teoría del contrato, pilar sustancial de la gran obra, entre otras muchas, de ese pueblo cual fue el Derecho Romano.

No pretendo ni mucho menos dar cátedra acerca del concepto, características y requisitos de todo contrato. Solo precisar que subyace dentro de la noción básica de lo que es un contrato la idea de acuerdo, pacto o convención en virtud de cual dos personas (llamadas partes) contraen derechos y obligaciones recíprocas o mutuas respecto de lo acordado.

Me permito entonces aludir a estas tres simples palabras, en relación a este acuerdo o pacto entre personas, cuya significación literal es “doy para que des”, pues ellas serán el material que me permitirá, espero, en apretada síntesis, describir acerca del ser de nuestros estudiantes.

Mi experiencia en el aula en múltiples ocasiones ha sido dramática, particularmente en los primeros días de clases de un semestre cualquiera, en que las “partes” de esta relación profesor-alumnos van conociéndose, acercándose tímidamente, para luego retroceder, cual playa en que el agua del océano va y viene. Imagínese un profesor de pie en frente de un grupo de 35 a 40 chiquillos y chiquillas quienes miran, auscultan, analizan con detalle cual verdaderas estatuas todos cada uno de los movimientos del docente ¿Qué hacer? ¿Qué decir para sacarlos de la parálisis? ¿Aplicaré técnicas pedagógicas de última generación para salir del paso? ¿Alguna anécdota para motivarlos? Nada de eso sirve de algo. Por muy adelantados conocimientos de la educación que apliquemos, por muchas técnicas de la psicología de la educación que llamemos para que nos auxilien, será todo inútil e incluso fuera contexto. Y es acá donde estas tres palabras, “do ut des” han permitido lograr romper esa distancia, ese hielo que muchas veces impide llegar al alma del estudiante, del grupo curso, de esa anónima numerosa masa de nombres y apellidos que no dicen mucho.

Así las cosas, como docente decido literalmente entregarme (“doy”), me dono, me regalo al grupo anónimo. Y este estudiante que en un principio se restaba, se alejaba, rechazando cualquier acercamiento preliminar, huyendo de la calidez del intercambio académico, responde, y responde cabalmente, pues tiende un puente invisible pero sólido; son ellos ahora que ofrecen una respuesta frente a mi “doy” y simplemente se “dan”, ellos son los que ahora “invitan”; y una vez más rinde sus frutos ese “doy para que des” y el mágico carrusel juega su rotativa reciprocidad.

Eso posee el alumno Duoc UC: la capacidad enorme de tener una respuesta potente frente a un “doy” del profesor. El “des” de ellos, se materializa mediante un agradecer, pero una agradecer sin gestos ni palabras, sino con acción o conducta que en ocasiones no se presenta al interior del aula, ni en una prueba, ni en un examen, sino en sitios inimaginables.

Muchos profesores hemos tenido la hermosa experiencia o en la calle o en un centro comercial, o en los largos pasillos de cualquier Sede atiborrados de estudiantes o solitarios cuando cae la noche o muy temprano en la mañana, de escuchar aquel grito alegre, desordenado, potente, en ocasiones insolente, vociferante declaración de entusiasmo juvenil, que a veces incluso no se sabe de dónde procede, del “hola profe”. Esa frase, ese “hola profe” es materia prima de primera calidad, es puro resultado del “do ut des”, proferido por un estudiante que ya curso hace años alguna materia en que fuimos su profesor, o bien, es actual alumno de alguna asignatura. La espontaneidad brota sincera, cercana, cálida. Eso marca y describe a mi juicio la característica del estudiante de Duoc UC: su sinceridad y entusiasmo, su entrega en el darse.

Ahora bien, no hay receta alguna para conjugar la ecuación del “do ut des”. Sencillamente surge.

La Premio Nobel de Literatura, a quien considero por definición “la profesora”, “la maestra”, Gabriela Mistral, expresaba que el profesor es un artista, “moldea ese material humano con el que tiene que trabajar”, y compara al profesor con un escultor. Ella decía: “yo me pongo más feliz que Miguel Ángel cuando éste terminó el ‘David’, cuando yo hago una hermosa clase”.  

Y esa hermosa clase se da no solo en el “aula oficial”, aquella de la pizarra, de los pupitres, de la mesa del computador, del frío en el invierno y el tórrido calor del verano, sino en el aula de la vida, en que por circunstancias quien sabe del universo y de Dios, suena en nuestros oídos ese saludo tan juvenil del “hola profe”. Y nuestra aula oficial de la Sede, se irá extendiendo y evolucionando mucho más, a la calle, a la casa de cada estudiante, al computador personal de cada chiquillo, al celular, en fin, a cada sitio en que el muchacho pueda acceder. Lo que no acabará, ni prescribirá, ni se extinguirá, será ese “dou ut des” en la medida que lo conjuguemos en todos los tiempos, presente, pasado y futuro.

Para terminar, y de la mano con esta evolución a que he hecho referencia, avanza el desarrollo de las asignaturas que se dictan. Es difícil no hacer una comparación acerca de cómo se impartían los ramos hasta hace pocos años atrás. El aula tradicional de la tiza y pizarrón fue suplida por el aula de pizarra de fondo blanco y plumones, que se complementar con el computador y todas sus posibilidades de apoyo tecnológico en la enseñanza y educación, para en definitiva ir evolucionando hacia la clase virtual en que ya no es necesaria la presencia del alumno ni el profesor en la sala. Me pregunto, llegado ese estadio de cosas, ¿nuestra ecuación “do ut des” tendrá los días contados? Dejo la respuesta a vuestra consideración.

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