13 de Abril, 2026

Del centro de formación al centro de innovación: El viaje que pocos vieron

Tomás Toro Teutsch.

Tomás Toro Teutsch.

Subdirector de Desarrollo e Innovación Docente CIDD de Duoc UC.

7 minutos de lectura

Hay cambios institucionales que se anuncian con estructuras amplias y masivas. Y hay otros que ocurren de manera silenciosa, casi imperceptible, en la arquitectura interna de una organización, hasta que un día la realidad que los motivó ya no admite postergaciones. En Duoc UC, la evolución desde el Centro de Formación Docente (CFD) hacia el Centro de Innovación y Desarrollo Docente (CIDD) es precisamente un cambio profundo, necesario y, en gran medida, aún desconocido para buena parte de la comunidad.

Con las columnas publicadas esta semana en el Observatorio queremos que la comunidad de Duoc UC comprenda y haga propio lo que hacemos. De esta manera, explicamos el porqué de los cambios y qué perseguimos.

El CFD y el origen de una misión necesaria

En 2007, la Vicerrectoría Académica de Duoc UC tomó una decisión que, mirada en perspectiva, resultó visionaria: crear una unidad especializada cuyo propósito exclusivo fuera profesionalizar la práctica pedagógica de los docentes: el Centro de Formación Docente. El contexto explica la urgencia: la institución crecía rápidamente y su cuerpo académico se nutría (como lo sigue haciendo) de profesionales de la industria: ingenieros, diseñadores, profesionales de la salud, gastrónomos, tecnólogos. Personas con una riqueza técnica enorme, pero que frecuentemente llegaban al aula sin una formación pedagógica formal previa.

El CFD respondió a ese desafío con una lógica que era la correcta para su tiempo: la inducción masiva y la habilitación estandarizada. Se trataba de asegurar que todo docente que ingresara a Duoc UC comprendiera el Proyecto Educativo Institucional, conociera el Modelo Educativo y contara con herramientas mínimas para ejercer la docencia con coherencia institucional. Era, en esencia, una operación de gran escala orientada a la cobertura y la estandarización. Y funcionó: en los procesos de acreditación institucional, la CNA reconoció al CFD como una fortaleza institucional en el ámbito de la Docencia de Pregrado, destacando que ofrecía oportunidades de formación continua para los docentes de forma permanente.

Desde el año 2018 el CFD consolidó ese trabajo con la formalización del Plan de Formación Docente por resolución de la Vicerrectoría Académica, dando estructura explícita a las rutas de inducción, habilitación y desarrollo voluntario. Era una arquitectura sólida y, al mismo tiempo, era el punto a partir del cual empezaría a volverse insuficiente.

El punto de inflexión: cuando la capacitación ya no alcanza

¿Qué le pasa a una institución cuando crece, se acredita con la máxima distinción y consolida su Modelo Educativo? Sucede que las expectativas sobre su cuerpo académico se vuelven más complejas. Un docente ya no solo necesita “saber hacer clases”, sino que además necesita saber hacer clases en entornos híbridos, con metodologías activas, usando herramientas de retroalimentación formativa, interpretando la trayectoria de aprendizaje de sus estudiantes y, al mismo tiempo, manteniéndose conectado a la industria de la que proviene. La complejidad del rol docente había mutado.

La pandemia de Covid-19 aceleró ese proceso de manera radical e irrevocable. La transición de emergencia hacia la docencia remota en 2020 desnudó brechas que eran conocidas pero que la urgencia de la contingencia volvió imposible de ignorar: docentes que no dominaban los entornos virtuales de aprendizaje, estudiantes que desertaban por razones que un buen docente puede detectar y mitigar oportunamente, prácticas pedagógicas que no estaban migrando desde la sala de clases presencial hacia los nuevos formatos. El CFD movilizó todos sus recursos en dicha crisis, pero la experiencia dejó una enseñanza estructural: un modelo basado en capacitación masiva no era suficiente para acompañar la transformación que la institución y sus docentes necesitaban.

Ese reconocimiento no fue menor. Implicaba aceptar que el paradigma que había dado origen al CFD (la “capacitación de talla única”) debía ceder paso a algo cualitativamente distinto: un sistema que reconociera que cada docente tiene una trayectoria, un punto de partida y necesidades específicas de desarrollo. El foco ya no podía estar solo en la transmisión de estándares, sino también en el acompañamiento de un proceso de crecimiento genuinamente profesional. Y, sobre todo, que ese crecimiento solo cobra sentido cuando se materializa donde realmente importa: en el aula, en el encuentro concreto entre un docente y sus estudiantes.

El CIDD: innovación, desarrollo e integralidad

Desde 2025, el Centro de Innovación y Desarrollo Docente (CIDD) representa precisamente esa apuesta. No es solo un cambio de nombre, cada palabra del nuevo título importa y tiene una intención: “innovación” porque el compromiso es explorar y validar nuevas formas de enseñar y aprender en la educación técnico-profesional; “desarrollo” porque se asume que el crecimiento docente es un proceso continuo, no un evento puntual; y “docente” en el centro, porque la razón de ser del equipo es el profesional que todos los días entra al aula y tiene en sus manos la experiencia de aprendizaje de miles de estudiantes.

El propósito del CIDD es “contribuir al desarrollo integral de los docentes para impactar en el aprendizaje de los estudiantes”. Esa frase no es retórica: es la lógica que organiza toda la estrategia. Un docente que se desarrolla integralmente (en sus competencias pedagógicas, disciplinares, digitales e institucionales) tiene las herramientas para ofrecer experiencias de aprendizaje pertinentes y desafiantes. Pero no basta con tener esas herramientas; el CIDD cree profundamente que el verdadero indicador de éxito es que ese aprendizaje se materialice en el aula, que se traduzca en estudiantes que comprenden más, que progresan, que se desarrollan. Ese es, en último término, el compromiso de Duoc UC con sus más de 100.000 estudiantes.

Lo que esto implica en la práctica es un cambio profundo en cómo se concibe la formación y el acompañamiento docente. Ya no se trata solo de que el docente “apruebe una habilitación”. Se trata de que cuente con rutas formativas que respeten su punto de partida, que pueda acumular reconocimientos significativos por su desarrollo (desde insignias digitales hasta microcredenciales y otros mecanismos de reconocimiento) y que tenga a su lado, en su propia sede, profesionales que lo apoyen en el proceso de llevar ese aprendizaje al aula de manera efectiva. El CIDD opera como un sistema articulado: un equipo central que diseña las bases, lineamientos y rutas, y una red de unidades de Apoyo al Desarrollo Docente (UADD) desplegadas en cada sede y campus del país, que ejecutan y apoyan con conocimiento del territorio.

Un viaje que aún está en marcha

Cuando se describe el tránsito del CFD al CIDD, recurre a una distinción simple pero poderosa: se pasó de un modelo que preguntaba “¿qué formación obligatoria recibió este docente?” a uno que pregunta “¿dónde está este docente en su desarrollo profesional?, ¿qué necesita para crecer y cómo ese crecimiento llegará hasta sus estudiantes?”. Es un giro que parece pequeño en palabras, pero que en la práctica reorganiza toda la lógica de cómo una institución como Duoc UC invierte en su capital humano académico.

Este viaje del CFD al CIDD no es historia pasada: es el presente y el horizonte desde donde trabaja el equipo. Hay mucho que visibilizar aún: las rutas formativas que se están construyendo con las Escuelas y Programas, los nuevos mecanismos de reconocimiento del desarrollo docente y, sobre todo, el sentido más profundo del acompañamiento que se quiere instalar en la cultura institucional.

Por ahora, basta con decir esto: detrás de cada docente que entra a una sala de Duoc UC hay un equipo que trabaja para que ese encuentro con los estudiantes sea lo mejor posible. Para que el aprendizaje no se quede en el curso de formación, sino que llegue al aula para que los estudiantes logren más y mejores resultados.

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