3 de Noviembre, 2014

Chile y el rol de la educación técnico profesional como motor del emprendimiento – análisis comparativo con EE.UU

Jaime Delannoy Arriagada

Jaime Delannoy Arriagada

Director Escuela de Comunicación de Duoc UC

8 minutos de lectura

“El precio del cobre en Europa baja como nunca. Un año malo sobre una situación muy delicada ya no puede dejar de producir fuertes influencias”[1]Aníbal Pinto Garmendia, presidente de la República de Chile (1878).

Recientemente fue publicado el Índice Global de Emprendimiento y Desarrollo (GEDI[2], por sus siglas en inglés) donde Chile aparece ubicado en el lugar n° 15, de un total de 120 países.  De entre los primeros 20 países, Chile es el que muestra el menor PIB per cápita, llamando positivamente la atención de analistas internacionales, en medio de las críticas surgidas por la desaceleración económica que muestra el país en los últimos trimestres.

Lo que el índice GEDI mide es la calidad del “ecosistema de emprendimiento” soportándose sobre quince pilares distribuidos en tres sub-bloques (actitudes-habilidades-aspiraciones), tanto en el ámbito individual como en el contexto corporativo de los países. Este ranking es liderado por Estados Unidos, donde la cultura del emprendimiento se encuentra instalada desde su misma  formación como nación independiente[3]. Tampoco debiera parecer extraño que ese mismo país lidera también el ranking de innovación; siendo el país que más patentes de invención inscribe a nivel mundial.

La reciente publicación revela un interesante diagnóstico respecto a las fortalezas y debilidades que Chile exhibe comparativamente a naciones con mucha más historia e ingreso per cápita. Ello hace pensar que el país tiene el potencial requerido para aproximarse al desarrollo desde un ángulo que le garantice un mayor y mejor bienestar para su población.

El emprendimiento es una cultura; y la cultura de un país se apoya en sus costumbres. La psicología educativa nos dice que las costumbres y valores se adquieren por el efecto prolongado de nuestro entorno (familiar/social); especialmente en las etapas tempranas de nuestra vida. Para instalar una cultura emprendedora en Chile se debe comenzar desde la educación inicial. En la espera de que eso ocurra nos podemos preguntar: ¿cuál es el rol que se espera cumplan las instituciones de ESTP? La respuesta la podemos crear -y no esperar- las propias instituciones. El método GENI entiende al emprendimiento como una interacción dinámica de ACTITUDES, HABILIDADES y ASPIRACIONES empresariales. Desagrega su evaluación en atributos específicos tanto a nivel cultural (las personas) como a nivel país (condiciones estructurales). No es un simple ponderador lineal de diferentes factores que se agregan aditivamente. También estima el grado de interacción potencial (positivo o negativo) entre estos diferentes factores.

Desagregando el índice GEDI

Este indicador se fundamenta en quince pilares agrupados en tres dimensiones (ver Tabla 1).

Tabla 1: Comparación de puntajes GEDI entre Chile y EE.UU.

La Figura 1 permite –en código visual- evaluar mejor en qué pilares Chile se asemeja a EE.UU. y en cuáles muestra un camino por recorrer.

Figura 1: Evaluación de la cultura emprendedora según el reporte GEDI (2014). Chile- EE.UU.

Análisis

  1. Chile muestra un comportamiento similar al de EE. UU.  en los pilares 1 al 5. Es decir, en aquellos que se encuentran cimentados en la cultura de su gente (dimensión Actitudinal).
  2. Destaca la capacidad del potencial del empresariado para generar nuevos productos y para adoptar o imitar los productos existentes.
  3. Se destaca también la capacidad exportadora del empresariado. Y la capacidad de acoger a emprendedores extranjeros.
  4. Donde Chile muestra un desempeño muy por detrás de EE.UU. es en habilidades emprendedoras (pilares 6 al 10) y en parte de la dimensión aspiracional (pilares 12, 13 y 15).

Una de las principales conclusiones que pueden extraerse de esta comparación es que Chile debe invertir en infraestructura para hacer negocios y en infraestructura para la innovación.

¿Qué nos deja este simple ejercicio? Una importante realidad objetiva: Las instituciones de ESTP pueden (y deben) jugar un importante rol como ente transformador de la cultura de nuestros jóvenes (y adultos); instalando una oferta concreta de actitudes y habilidades que deberían ser potenciadas en la ESTP. Al respecto, la Comisión Europea[4] recomienda que en los programas de Educación Superior se ponga énfasis en al menos las siguientes competencias clave:

  1. Creatividad, manejo de la propensión a evitar el riesgo (emprendedor), autoconfianza, independencia, etc.
  2. Crear conciencia acerca de las posibilidades del autoempleo y del emprendimiento como posibles opciones de carrera profesional.
  3. Involucrar a los estudiantes en proyectos innovadores –fuera del aula- que los vinculen con la Industria y con la Comunidad.
  4. Dotar a los alumnos de las competencias básicas en lo referente a autogestión y de los conocimientos necesarios para iniciar exitosamente una actividad comercial (o social).

Ellasserán fundamentales para ser un actor activo del desarrollo del país en su transición hacia una economía compleja; aquella que permitiría a Chile –por ejemplo- a no depender tan fuertemente del precio internacional del Cobre.

[1] Ortega, Luis “Encrucijada”. N°1 (2001).
[2] Global Entrepreneurship & Development Indexhttp://www.thegedi.org/research/gedi-index/
[3]EE.UU. declaró su independencia en 1776; trece años antes de la revolución francesa. Quien lideró tal proceso -George Washington- es considerado por muchos como el primer presidente constitucional del mundo.
[4] European Commission. Effects and impact of entrepreneurship programmes in higher education. Brussels (2012). https://ec.europa.eu/docsroom/documents/375/attachments/1/translations/en/renditions/native


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