En un contexto donde las instituciones de educación superior buscan fortalecer su vínculo con el entorno, surgen iniciativas que trascienden lo académico para instalarse en lo humano. Ese es el caso de “TejiJuntas”, una propuesta nacida desde la sede Plaza Oeste de Duoc UC que ha logrado convertir el aprendizaje en comunidad y la comunidad en impacto social.
El origen de “TejiJuntas” responde a una inquietud concreta: la necesidad de generar una mayor participación en las actividades de Extensión, particularmente en el programa de Duoc A Puertas Abiertas. Si bien existía una oferta de talleres innovadores, la convocatoria no alcanzaba las expectativas. El diagnóstico concluyó que no bastaba con ofrecer actividades, era necesario construir un espacio significativo, donde las personas no solo asistieran, sino que se sintieran parte.
Así surgió la idea de crear un club, pero no uno tradicional. La propuesta apostó por un formato distinto, centrado en la experiencia, la horizontalidad y el sentido de pertenencia. Desde su concepción, “TejiJuntas” se planteó como un espacio donde aprender, enseñar y compartir fueran dimensiones de una misma realidad.
El punto de partida fue el 8 de marzo del 2025, en el que se conmemoró el Día de la Mujer con el lanzamiento de este club que aún no estaba del todo definido. Ese día se reunió a las participantes para conocer sus intereses y también reconocer sus saberes previos. Pronto se evidenció una riqueza que superó las expectativas: muchas de ellas ya dominaban diversas técnicas de manualidades. Fue entonces cuando se estableció uno de los principios fundamentales del club: no habría una única voz experta, sino múltiples liderazgos en rotación. Cada integrante tendría la oportunidad de enseñar y de ser acompañada por el equipo organizador.

Foto N°1: Taller Amigurumi dirigido por Teresa Jara, integrante del Club “Tejijuntas”.
La reacción fue tanto espontánea como reveladora. Al entusiasmo inicial se sumaron los nervios propios de asumir un rol activo, pero rápidamente se consolidó una dinámica colaborativa. Quienes aprendían una técnica no tardaban en enseñarle a las demás, generando una cadena de aprendizaje continuo que fortalecía tanto las habilidades como los vínculos.
Este modelo basado en el intercambio de saberes se traduce en la práctica en encuentros donde la enseñanza ocurre de manera transversal. Se comparten técnicas, se corrigen errores en conjunto, se ofrecen apoyos personalizados y, al mismo tiempo, se abren espacios de conversación que permiten conocerse más allá de lo técnico. En “TejiJuntas”, el aprendizaje no es solo instrumental: es también una experiencia profundamente humana.
El nombre del club sintetiza esta esencia. “TejiJuntas” no alude únicamente al acto de tejer, sino a la construcción de comunidad. Es tejer vínculos, confianza, conocimiento y propósito. Es entender que, mientras se crea un objeto material, también se construyen redes de apoyo y sentido.
Uno de los aspectos más distintivos de esta iniciativa es su capacidad de generar pertenencia. En un escenario social donde muchas personas experimentan aislamiento o buscan espacios de conexión, “TejiJuntas” actúa como un verdadero activador del tejido social. Aquí las participantes no solo se reúnen: se reconocen, valoran y fortalecen mutuamente. Expresiones como “soy valiosa” o “yo puedo” dejaron de ser aspiraciones y hoy se convirtieron en convicciones.
La diversidad de quienes integran el club es otro de sus pilares. Conviven en él vecinas del sector, familias vinculadas a la institución, madres e hijas, personas con amplia experiencia en manualidades y otras que se inician desde la curiosidad. Lo que las une no es un nivel de conocimiento, sino el deseo de crear y conectar con sentido.

Foto N°2: Último día del “Taller de Muñecas de Trapo” donde se logró confeccionar 57 muñecas para donar a las residentes de Coanil en la fiesta Navideña que se organizó en conjunto con Pastoral y en la que participaron estudiantes, colaboradores e integrantes del Club “Tejijuntas”.
Con el tiempo, esta comunidad fue dando un paso natural hacia la acción solidaria. El aprendizaje adquirido encontró un nuevo propósito: ayudar a otros. Así, surgieron iniciativas como la confección de mantas entregadas en misiones solidarias en Rancagua y la elaboración de muñecas de trapo para la Fundación Coanil. Estas experiencias marcaron un punto de inflexión al demostrar que el trabajo colectivo podía tener un impacto concreto en el entorno.

Foto N°3: Frazada para personas en situación de calle confeccionada por el Club “Tejijuntas”, entregado en las Misiones solidarias de invierno 2025, en Rancagua.
Actualmente, el club proyecta nuevas acciones, como una campaña de cuadraditos de lana destinada a confeccionar mantas para personas afectadas por los incendios en la Región del Biobío. Este tipo de iniciativas refleja una evolución significativa: “TejiJuntas” ya no se define solo por el aprendizaje, sino por su capacidad de responder a necesidades reales del territorio.
En términos de proyección, la visión es clara: se busca consolidar el club como una comunidad referente dentro de Duoc UC, con un modelo sostenible y replicable. La meta es avanzar hacia una plataforma comunitaria que potencie liderazgos compartidos, fortalezca los encuentros y amplíe las redes de colaboración con organizaciones y empresas.
“TejiJuntas” representa, en definitiva, una nueva forma de entender la vinculación con el medio no como una actividad puntual, sino como un proceso continuo de construcción colectiva. Su valor radica en haber logrado algo tan simple como profundo: transformar el acto de reunirse en una experiencia de pertenencia, y el aprendizaje en una herramienta de impacto social.
Si hubiera que definirlo en una frase, sería precisamente esa síntesis la que mejor lo describe: pertenencia en acción. Un espacio donde mujeres se encuentran, apoyan, valoran y convierten lo que saben en comunidad y ayuda real.
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