En las instituciones educativas solemos hablar mucho de comunidad. Lo decimos en discursos, en documentos institucionales y en planes estratégicos. Pero la comunidad —la verdadera— no se decreta, sino que se construye en los espacios cotidianos: en los pasillos, en las conversaciones improvisadas, en los proyectos que nacen casi de manera espontánea entre quienes comparten un mismo propósito.
Quienes trabajamos en la sede San Carlos de Apoquindo de Duoc UC sabemos que esa vida comunitaria muchas veces ocurre en momentos que no figuran en ningún horario laboral ni académico. Ocurre cuando distintas áreas se encuentran, cuando estudiantes y colaboradores se reconocen como parte de un mismo proyecto formativo y cuando los valores institucionales, es decir integridad, respeto y tolerancia, calidad, colaboración y compromiso y espíritu de servicio, dejan de ser palabras para transformarse en acciones.
Un ejemplo reciente de ello ocurrió en torno al Día Internacional de la Mujer. Desde el área de Comunicaciones surgió la idea de realizar un video que destacara el trabajo de una directora de carrera de nuestra Sede, una profesional que ha logrado posicionarse como una figura relevante en un campo históricamente liderado por hombres. El objetivo no era solo conmemorar una fecha, sino reconocer trayectorias que inspiran y que reflejan los cambios que la educación también debe impulsar. Pero lo interesante de esta iniciativa no fue únicamente el resultado final, sino el proceso que la hizo posible.

Foto N°1: Clara Silva Pérez, directora de la carrera de Ingeniería en Sonido y Tecnología en Sonido e Iluminación de la sede San Carlos de Apoquindo, junto a Dominique Bignon Silva, jefa de Comunicaciones de la Sede.
En el proyecto participaron estudiantes en práctica y alumnos ayudantes, además de colaboradores del área de Comunicaciones y del Centro Tecnológico Audiovisual (CTA) de la Sede. Algunos aportaron en la producción, otros en la grabación, la edición o la coordinación. Cada uno desde su rol y su experiencia, con una convicción compartida: las mejores historias se cuentan en equipo. Lo que comenzó como una idea sencilla terminó convirtiéndose en un pequeño laboratorio de colaboración. Entre cables, cámaras, guiones improvisados y muchas conversaciones se fue construyendo algo más que un video: una experiencia compartida de aprendizaje.

Foto N°2: Carolina Avendaño Arredondo, operadora de laboratorio del Centro Tecnológico Audiovisual (CTA)
En el mundo educativo existe un concepto para describir uno de los problemas más comunes en las instituciones: el aislamiento, donde cada colaborador o equipo funciona separado del resto, provocando una sensación de falta de sistemas de apoyo, lo que contribuye al agotamiento por las responsabilidades diarias. El resultado suele ser una suma de esfuerzos individuales que rara vez logran convertirse en una verdadera cultura de trabajo conjunto.
La colaboración, en cambio, es el antídoto a ese aislamiento. Cuando las personas comparten ideas, intercambian experiencias y se atreven a construir algo juntas, ocurren cosas importantes. Mejora la calidad del trabajo, porque el conocimiento circula. Disminuye el estrés, porque las responsabilidades se comparten. Y aparece la innovación, porque la diversidad de miradas abre caminos que difícilmente surgirían en solitario.
Eso fue precisamente lo que se pudo ver durante la realización de este proyecto. Estudiantes que aprendían mientras trabajaban, profesionales que guiaban con generosidad, y equipos que se articulaban para lograr un objetivo común. No era una reunión obligatoria ni un mandato vertical, sino colaboración auténtica. En educación, esa diferencia es fundamental.
Muchas veces confundimos colaboración con cumplimiento. Asistir a reuniones o integrar equipos formales no garantiza necesariamente que exista un verdadero trabajo conjunto. La colaboración real requiere algo más difícil de construir: confianza, propósito compartido y tiempo para encontrarse.
También requiere liderazgo. No un liderazgo que controle cada paso, sino uno que promueva espacios donde las personas puedan aportar desde sus talentos y sentirse parte de algo mayor.
Cuando eso ocurre, se forman lo que algunos especialistas llaman “comunidades de práctica”: equipos que aprenden juntos, se apoyan y construyen conocimiento colectivo. En ese tipo de ambientes compartir dudas no se ve como debilidad, sino como parte natural del aprendizaje. Y ese espíritu es especialmente importante en una institución educativa, porque al final del día hay una pregunta que nos resuena: ¿cómo vamos a enseñar a nuestros estudiantes el valor del trabajo en equipo si nosotros mismos no somos capaces de practicarlo?
Tal vez por eso experiencias como la vivida en este proyecto audiovisual tienen un valor que trasciende lo simbólico. No se trata solo de conmemorar una fecha o de producir contenido institucional. Se trata de demostrar —en pequeño— cómo debería funcionar una comunidad educativa.
Cuando un estudiante en práctica aporta una idea que termina en el montaje final. Cuando un técnico audiovisual comparte su experiencia con paciencia. Cuando un equipo de comunicaciones abre el espacio para que otros participen. En esos momentos se construye algo más profundo que un proyecto: se construye cultura, una cultura donde cada persona entiende que su trabajo tiene impacto en los demás donde el respeto y la tolerancia no son conceptos abstractos, sino la base para escuchar otras miradas y donde la calidad se alcanza porque nadie trabaja solo. En definitiva, una cultura en que la colaboración no es una consigna institucional, sino una forma cotidiana de relacionarnos.
El video que realizamos para el Día Internacional de la Mujer seguramente circulará en redes, en pantallas y en distintos espacios de la Sede. Muchos verán la historia de una directora de carrera que ha abierto camino en su disciplina. Pero detrás de esa historia también hay otra menos visible, pero igual de importante: la de un grupo de personas que decidió trabajar en conjunto para contarla. Y en tiempos donde el individualismo suele imponerse, recordar que las grandes ideas nacen del encuentro sigue siendo, quizás, una de las lecciones más valiosas que una comunidad educativa puede ofrecer.

Foto N°3: Dominique Bignon Silva, jefa de Comunicaciones, Valeria Elías Villafañe, asistente de Comunicaciones, Valentina Cruz Llanquetru, alumna ayudante de Comunicaciones.
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