9 de Febrero, 2026

Trabajo, derechos y formación integral en la era digital

Equipo Editorial Observatorio

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8 minutos de lectura

La digitalización está hoy presente en todos los espacios en que interactuamos. Día tras día, avanza su penetración en las relaciones laborales que se producen en los mercados del trabajo. Observamos que este proceso que es uno de los más singulares de la historia reciente, incide y lo hará con más fuerza en el futuro de los trabajadores, tanto en sus necesidades como en sus derechos.

La transformación no consiste solo en usar tecnología en el trabajo: consiste en que el trabajo mismo está siendo reorganizado por infraestructuras digitales. En un número creciente de sectores, la coordinación de tareas, la asignación de turnos, la evaluación del desempeño y hasta la contratación se realiza mediante plataformas, datos y algoritmos. En ese contexto, el modelo de oficina rígida con inicio a las 8:30 am y término a las 18:00 pm, se vuelve menos hegemónico, aunque no necesariamente desaparece: lo que se expande es una combinación de presencialidad, teletrabajo e hibridación que reordena tiempos, espacios y vínculos laborales. La evidencia comparada muestra que el trabajo remoto no fue un paréntesis estrictamente pandémico: en un estudio basado en más de mil millones de avisos de empleo, la proporción de ofertas que publicitan trabajo remoto aumentó con fuerza entre 2020 y 2023 y se mantuvo elevada incluso cuando se levantaron las restricciones sanitarias (Adrjan et al., 2025).

Con ello se amplían posibilidades valiosas: flexibilidad, acceso a oportunidades sin barreras geográficas y nuevas formas de conciliar responsabilidades personales y laborales. Pero también emergen tensiones que deben ser nombradas con honestidad. El teletrabajo puede facilitar la extensión de la jornada por goteo, la disponibilidad permanente y la erosión de fronteras entre vida y trabajo. Por eso no basta celebrar la innovación: se requiere un marco de protección y responsabilidad. En Chile, por ejemplo, la Ley N.º 21.220 regula el trabajo a distancia y el teletrabajo, definiendo estas modalidades y subrayando que no pueden implicar menoscabo de derechos, especialmente en materia de remuneraciones. Esta constatación es clave: cuando la forma de trabajar cambia, los derechos no pueden quedar analógicos.

A la par del teletrabajo crecen formas de trabajo independiente, la prestación de servicios por proyectos, y el trabajo mediante plataformas de economía bajo demanda. Con frecuencia, estas modalidades combinan autonomía real con nuevas dependencias: dependencia de la reputación digital, de reglas de asignación de tareas no siempre transparentes, o de mecanismos de evaluación automatizada. La OIT ha documentado cómo las plataformas digitales están transformando la organización del trabajo y ha levantado evidencia internacional sobre condiciones laborales y desafíos de protección social en este ámbito (International Labour Organization, 2021). En el caso del microtrabajo en línea, la OIT ya mostraba, mediante una encuesta global, dilemas asociados a disponibilidad de tareas, intensidad del trabajo, niveles de pago y equilibrio vida–trabajo, junto con la necesidad de principios para asegurar trabajo decente en estas plataformas (Berg et al., 2018).

Sumado a lo anterior, en las empresas se profundiza una externalización de tareas que ya no se limita a limpieza, seguridad o alimentación. Hoy se externaliza diseño, soporte, atención de clientes, analítica, gestión y dirección de proyectos, y muchas actividades denominadas de cuello blanco que antes eran consideradas procesos y apoyos peculiares al núcleo interno de la institución. La empresa se vuelve, en parte, una arquitectura de coordinación: integra contribuciones dispersas, algunas internas y otras contratadas, con distintos grados de estabilidad. En este paso del modelo de fábrica tradicional a una plataforma digital, la estandarización tiende a presionar a la baja el valor del aporte laboral, mientras que la especialización (y, sobre todo, la capacidad de resolver problemas no rutinarios) suele capturar mejor renta y más opciones de movilidad. Esta tensión se intensificará con la incorporación de inteligencia artificial en procesos cotidianos: no como sustitución total del trabajador, sino como redistribución de tareas, elevando el valor relativo de aquello que exige juicio, criterio, creatividad y responsabilidad.

En este marco, estamos al inicio de años complejos y contradictorios: tiempos de oportunidades y temores. La economía digital promete eficiencia y apertura, pero también puede multiplicar desigualdades si el acceso a habilidades, conectividad y credenciales queda concentrado. El World Economic Forum advierte que la transformación estructural del mercado laboral implicará creación y destrucción de empleo a gran escala en los próximos años, y que la demanda de habilidades tecnológicas incluyendo IA y datos, redes y ciberseguridad, y alfabetización tecnológica, aumentará con rapidez junto con habilidades humanas como pensamiento creativo y resiliencia. En otras palabras: el futuro no será solo más digital, ya que será más exigente en integración entre técnica y humanidad.

Toda institución de educación superior debe estar siempre sensible a estos cambios. La razón es simple: forma para el futuro y sus estudiantes esperan obtener de ella una empleabilidad razonable. Si la institución no prepara para el cambio tecnológico y para sus implicancias sociales pierde relevancia, solvencia académica y legitimidad como respuesta social.

En el caso de una institución con misión tan clara como Duoc UC, estos cambios no los observa solo desde una perspectiva económica o de empleabilidad. Los mira también desde el prisma de la concepción antropológica que se quiere transmitir a los estudiantes. La pregunta decisiva no es únicamente ¿qué tecnología dominar?, sino ¿qué tipo de persona y de profesional estamos formando para habitar un mundo tecnologizado? Las tecnologías, cuando se absolutizan, pueden empujar a una ilusión de autosuficiencia: la tentación de creer que todo problema humano admite solución técnica y que el sentido puede producirse como un artefacto. De ahí la necesidad de una formación integral que recuerde que la técnica es instrumento potente, sí, pero no criterio último de lo verdadero, lo bueno y lo justo.

La reflexión cristiana reciente ha insistido en que el desarrollo tecnológico afecta ciertos fundamentos de la vida en sociedad y que su difusión puede ser simultáneamente fascinante y desorientadora, especialmente cuando sus mecanismos exceden la comprensión de la mayoría. En la misma línea, el llamado ético no es marginal: es estructural. El “Rome Call for AI Ethics” pide situar la protección de derechos humanos en el centro del debate, y subraya la necesidad de responsabilidad y un deber de explicación respecto de decisiones algorítmicas. Más recientemente, la Nota Antiqua et nova propone distinguir entre inteligencia humana e inteligencia artificial, y ofrece orientaciones para que el desarrollo y uso de la IA resguarde la dignidad humana y promueva un desarrollo integral.

Una institución católica como la nuestra enfrenta así una doble tarea: formar a sus estudiantes para una vida profesional cada vez más tecnologizada y, al mismo tiempo, formar para un discernimiento ético y espiritual que no abdique ante el poder de la técnica.

Porque si el futuro del trabajo se juega en plataformas, datos e inteligencia artificial, el futuro de la educación se juega en la formación del corazón y de la conciencia. Y allí para una institución católica, permanece la tarea decisiva: que Cristo siga siendo origen, sentido y fin último de la humanidad, también en la era digital.

Referencias

-Adrjan, P., Ciminelli, G., Judes, A., Koelle, M., Schwellnus, C., & Sinclair, T. M. (2025). Working from home after COVID-19: Evidence from job postings in 20 countries. Labour Economics, 96, octubre 2025.  https://doi.org/10.1016/j.labeco.2025.102751

-Berg, J., Furrer, M., Harmon, E., Rani, U., & Silberman, M. S. (2018). Digital labour platforms and the future of work: Towards decent work in the online world. International Labour Organization. https://www.ilo.org/publications/digital-labour-platforms-and-future-work-towards-decent-work-online-world

-Chile. (2020).  Ley N.º 21.220: Modifica el Código del Trabajo en materia de trabajo a distancia y teletrabajo (Diario Oficial de la República de Chile, 26 de marzo de 2020). https://nuevo.leychile.cl/navegar?idNorma=1143741

-Dicastery for the Doctrine of the Faith, & Dicastery for Culture and Education. (2025, January 28). Antiqua et nova: Note on the relationship between artificial intelligence and human intelligence.

https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20250128_antiqua-et-nova_en.html

-Francis. (2024, January 24).Message of His Holiness Pope Francis for the 58th World Day of Social Communications: Artificial intelligence and the wisdom of the heart: Towards a fully human communication.

https://www.vatican.va/content/francesco/en/messages/communications/documents/20240124-messaggio-comunicazioni-sociali.html

-International Labour Organization. (2021). World employment and social outlook 2021: The role of digital labour platforms in transforming the world of work. International Labour Organization.

https://www.ilo.org/publications/flagship-reports/role-digital-labour-platforms-transforming-world-work

-Organisation for Economic Cooperation and Development. (2021, September 21). Teleworking in the COVID-19 pandemic: Trends and prospects (OECD Policy Responses to Coronavirus [COVID-19]). OECD Publishing.

https://doi.org/10.1787/72a416b6-en

-Pontifical Academy for Life. (2020, February 28). Rome call for AI ethics. Vatican.

https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pont-acd_life_doc_20202228_rome-call-for-ai-ethics_en.pdf

-World Economic Forum. (2025, January). The future of jobs report 2025.   

https://www.weforum.org/stories/2025/01/future-of-jobs-report-2025-jobs-of-the-future-and-the-skills-you-need-to-get-them

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1 comentarios

  • Javier Pavón

    Es muy positivo ver cómo hoy se valoran tanto las habilidades tecnológicas —como IA, datos y ciberseguridad— como las habilidades humanas: creatividad, resiliencia y buen juicio. Ese equilibrio muestra que el futuro no es solo digital, sino profundamente humano. También es clave recordar que la tecnología necesita ética y discernimiento, especialmente cuando hablamos de inteligencia artificial. No se trata solo de usarla bien, sino de usarla con responsabilidad. Desde la docencia, este es un llamado claro: enseñar herramientas, sí, pero también formar criterio, conciencia y sentido ético. Solo así podremos preparar a estudiantes que no solo entiendan la tecnología, sino que sepan ponerla al servicio del bien común.

    Febrero 23, 2026
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