25 de Enero, 2016

Congreso de educación católica en Sao Paulo, Brasil.

Equipo Editorial Observatorio

Equipo Editorial Observatorio

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El 2007 los obispos latinoamericanos se reunieron en la V Conferencia del Episcopado latinoamericano y del Caribe, generando un documento conclusivo conocido con el nombre de “Aparecida”, aludiendo a la basílica en la que se efectuó la reunión. En dicho evento se planteó como desafío central para la Iglesia el promover y formar discípulos y misioneros en el continente que fueran capaces de mostrar el don y la buena noticia de encontrarse con Jesucristo. Se trataba de despertar e incentivar el espíritu de “misionero” de todos los bautizados.

El Congreso sobre educación católica que se realizó del 13 al 15 de enero del presente año en la ciudad de Sao Paulo, es una más de las consecuencias de la difusión del documento de Aparecida[1], dado que los obispos afirmaron que en América Latina y el Caribe se vive lo que denominaron una “emergencia educativa”. Las sesiones reunieron a cientos de educadores católicos de numerosas congregaciones e instituciones de enseñanza de toda América Latina y el Caribe, invitados por el CIEC (Confederación Interamericana de Educación Católica), la ANEC (Asociación Nacional de Educación Católica de Brasil) y el Departamento de Cultura y Educación del CELAM, para promover el discipulado misionero en las instituciones educativas católicas. El lema en el Congreso fue “Vayan y enseñen: la identidad y misión de las escuelas católicas en el cambio de época a la luz de Aparecida”.

El Congreso asumió que se está viviendo un trascendental cambio de paradigma en todas las materias y que ha surgido con gran apogeo la incertidumbre del futuro. Como lo afirma el documento del CELAM: “Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y Dios…Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales”[2]. Por tanto, para enfrentar este escenario desafiante, se discutió sobre una redefinición de las escuelas católicas para el siglo XXI. Se sostuvo que los retos de la educación católica actuales son la secularización, la subjetividad, la vigencia de una antropología reduccionista y el relativismo moral y ético[3].

Todas las conferencias se mostraron con mucha autocrítica respecto al actuar de los fieles y de la Iglesia como un todo. Pero asimismo, se notó un ánimo y una voluntad muy decidida de reiniciar procesos evangelizadores enérgicos, existiendo unanimidad en acoger el llamado del Papa Francisco de diseñar y practicar una “Iglesia en salida”, que salga de su confort y que lleve la buena noticia a todos los espacios públicos.

Algunas de las ideas centrales y acuerdos que se debatieron en el Congreso y que generaron consenso y aceptación son las siguientes:

1) Se propuso una nueva evangelización con “nuevos agentes, medios, métodos, proyectos educativos y nuevas estructuras”[4]. Se trata que “Jesucristo sea conocido, amado, seguido y anunciado con ardor como el hombre perfecto y fundamento de todo “.

2) Toda institución de enseñanza católica debe tener como una prioridad central el ser de alta calidad en su labor educativa. Se afirmó que la ciudadanía del continente siempre esperaba que una institución católica fuera de excelencia y que sus resultados lograran ser eficaces.

3) La educación católica debe ser de servicio público, pero de gestión privada. 

4) En la tensión entre la ética cristiana y la ética civil, las instituciones católicas no deben renunciar al ideal de vida fijado por Cristo, fundamento de nuestra identidad. La educación católica enseña y es siempre un ideal a conquistar día a día, y no se debe renunciar a ello aunque se apruebe legalmente otra cosa.

5) La educación católica no puede ser neutra. Debe ser honesta y no políticamente correcta.

6) Las clases de religión deben ser cambiadas, actualizadas en sus métodos, modernizadas y que logren dialogar con los avances de las distintas disciplinas y la ciencia.

7) Se reconoció que hoy los distintos Estados y Gobiernos no son católicos y que la educación estatal no promueve el catolicismo. Pero no solo eso, en algunos países existen esfuerzos estatizantes y laicistas. Por tanto se observa una competencia entre la educación estatal y la católica. En este escenario, la escuela católica debe ser siempre de mejor y con más calidad que la estatal.

8) Que los distintos carismas de la Iglesia no compitan entre ellos, que trabajen juntos, que sumen voluntades dado que nuestra fe, líder y nuestra Verdad es común, y este es Cristo.

9) Revisar y actualizar los proyectos educativos institucionales. Y que en ellos se conozca y se profundice el documento Aparecida.

Finalmente, se aludió a que la “educación católica debe ser una propuesta de calidad en educación y pastoral. Tiene como propósito la orientación y animación de todos los procesos académicos y formativos de los miembros de la comunidad educativa a la luz de los principios evangélicos y de los documentos de la Iglesia”[5].

Equipo editorial Observatorio Duoc UC

Lunes 25 de enero de 2016

[1] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007). Documento de Aparecida https://www.celam.org/aparecida/Espanol.pdf

[2] Vayan y Enseñen. Identidad y misión de la escuela católica en el cambio de época, a la luz de Aparecida. CELAM, Editorial SM, Bogotá, 2011. P. 14

[3] Algunas de las exposiciones pueden ser encontradas aquí: https://anec.org.br/congressociec/palestras/

[4] Vayan y Enseñen. Identidad y misión de la escuela católica en el cambio de época, a la luz de Aparecida. CELAM, Editorial SM, Bogotá, 2011. P.5

[5] Ibid, P 19.

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