27 de Abril, 2026

El trabajo en la era digital: Entre la promesa y el vértigo

Equipo Editorial Observatorio

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La digitalización ya no es un horizonte: es el suelo que pisamos. Avanza en silencio por cada rendija de la vida laboral como la asignación de turnos, la evaluación del desempeño, la contratación, la coordinación de equipos dispersos, hasta que un día descubrimos que el trabajo mismo ha sido reconfigurado desde adentro. No se trata solo de usar tecnología: se trata de que esta ha pasado a organizar el trabajo. Manuel Castells lo anticipó hace décadas al describir la sociedad red: una economía donde el valor no se genera en la línea de montaje sino en los flujos de información, y donde quien queda fuera de la red queda fuera del juego.

El modelo de oficina rígida con una entrada a una hora fija y salida a otra hora inamovible en la tarde pierde hegemonía. Lo que se expande es una combinación de presencialidad, teletrabajo e hibridación que reordena tiempos, espacios y vínculos. Y no fue un paréntesis pandémico: estudios basados en más de mil millones de avisos de empleo muestran que la proporción de ofertas de trabajo remoto creció con fuerza entre 2020 y 2023 y se mantuvo elevada tras el levantamiento de las restricciones sanitarias (Adrjan et al., 2025).

Con ello se abren posibilidades genuinas: flexibilidad, acceso sin barreras geográficas, nuevas formas de conciliar vida personal y profesional. Pero también emergen sombras que conviene nombrar sin eufemismos. Byung-Chul Han ha descrito con lucidez cómo la sociedad del rendimiento convierte al individuo en empresario de sí mismo, en un sujeto que se auto explota creyendo que ejerce libertad. Richard Sennett ya advertía en “La corrosión del carácter” que la flexibilidad, cuando carece de marcos institucionales sólidos, no libera: corroe los vínculos, la lealtad y el sentido de continuidad que toda vida laboral necesita.

Por eso no basta celebrar la innovación: se requiere un marco de protección. En Chile, la Ley Nº21.220 regula el trabajo a distancia subrayando que estas modalidades no pueden implicar menoscabo de derechos. La constatación es simple y decisiva: cuando la forma de trabajar cambia, los derechos no pueden quedar analógicos.

Simultáneamente, la externalización se profundiza. Ya no se limita a limpieza, seguridad o alimentación: hoy se externalizan diseño, soporte, analítica, gestión de proyectos y un número creciente de funciones que antes definían el núcleo de la empresa. La organización muta hacia lo que podríamos llamar una arquitectura de coordinación: integra contribuciones dispersas, internas y contratadas, con distintos grados de estabilidad.  

Esta tensión se intensificará con la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos cotidianos. No como sustitución total del trabajador ya que esa narrativa apocalíptica simplifica demasiado, sino como una redistribución de tareas que eleva el valor relativo de aquello genuinamente humano. Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee lo plantearon con claridad en “La segunda era de las máquinas”: las tecnologías digitales harán por la fuerza mental lo que la máquina de vapor hizo por la fuerza muscular, y el resultado no será el fin del trabajo sino una reconfiguración profunda de quién hace qué y por cuánto.

Yuval Noah Harari, en “21 lecciones para el siglo XXI”, puso el acento en el riesgo político de este proceso: la aparición de una clase inútil de personas que no sean explotadas sino, peor aún, irrelevantes para el sistema económico. El World Economic Forum confirma la dirección: la transformación estructural del mercado laboral implicará creación y destrucción de empleo a gran escala, y la demanda de habilidades tecnológicas como IA, datos, ciberseguridad crecerá con rapidez, pero también la de habilidades profundamente humanas como pensamiento creativo, resiliencia y capacidad de colaboración.

Toda institución de educación superior debe ser sensible a estos cambios. La razón es directa: forma para el futuro, y sus estudiantes esperan de ella una empleabilidad razonable. Si no prepara para la transformación tecnológica y sus implicancias sociales, pierde relevancia, solvencia académica y legitimidad.

Pero para una institución con una misión como la de Duoc UC, la pregunta no se agota en la empleabilidad. La pregunta decisiva no es solo qué tecnología dominar, sino qué tipo de persona y de profesional estamos formando para habitar un mundo tecnologizado. Formar para el mundo digital sin formar la capacidad de discernir, de cuidar al otro y de preguntarse por el sentido de lo que se hace es un desarrollo truncado.

Hannah Arendt distinguía entre labor, trabajo y acción. La labor es lo repetitivo, lo que se consume en el ciclo biológico. El trabajo produce objetos durables, mundo compartido. La acción es lo que nos inserta como seres únicos en la trama humana. El riesgo de la digitalización irrestricta es reducir toda actividad a labor optimizable como métricas, flujos, rendimiento, y extinguir el espacio de la acción: el lugar donde se ejerce la libertad, la palabra y la responsabilidad ante otros.

Las tecnologías, cuando se absolutizan, empujan a una ilusión de autosuficiencia: la tentación de creer que todo problema humano admite solución técnica y que el sentido de la vida puede producirse como un artefacto más. La reflexión cristiana reciente desde “Laudato Si” hasta “Fratelli Tutti” ha insistido en que el desarrollo tecnológico afecta fundamentos de la vida en común y que su difusión puede ser simultáneamente fascinante y desorientadora, especialmente cuando sus mecanismos exceden la comprensión de la mayoría.

El llamado ético no es marginal: es estructural. El Rome Call for AI Ethics pide situar la protección de derechos humanos en el centro del debate sobre inteligencia artificial y subraya la necesidad de responsabilidad y un deber de explicación respecto de las decisiones algorítmicas. La Nota Antiqua et nova propone distinguir con rigor entre inteligencia humana e inteligencia artificial.

Las instituciones católicas se enfrentan, por tanto, a un desafío dual: preparar a sus estudiantes para un mundo profesional cada vez más mediado por la tecnología, sin renunciar a la formación del juicio ético y la vida interior que impida someterse ciegamente al dominio de lo técnico. Pues si el porvenir del trabajo se define hoy en el terreno de las plataformas, los datos y la inteligencia artificial, el porvenir de la educación se decide en la capacidad de cultivar el corazón y la conciencia.

En eso radica la tarea fundamental: asegurar que sea la persona y no el algoritmo quien continúe ocupando el centro y constituyendo el fin último de toda actividad humana. Y que esto también ocurra en la nueva era digital.

Nota: Se trabajó con las IA Claude y Gemini para buscar referencias bibliográficas específicas sobre trabajo y educación digital para el siglo XXI. La redacción, selección de ideas y conexión entre estas fue realizada por el Observatorio.

Referencias

Adrjan, P., Ciminelli, G., Judes, A., Koelle, M., Schwellnus, C., & Sinclair, T. M. (2025). Working from home after COVID-19: Evidence from job postings in 20 countries. Labour Economics, 96, 102751. https://doi.org/10.1016/j.labeco.2025.102751

Arendt, H. (1958). The human condition. University of Chicago Press.

Berg, J., Furrer, M., Harmon, E., Rani, U., & Silberman, M. S. (2018). Digital labour platforms and the future of work: Towards decent work in the online world. International Labour Organization.

Brynjolfsson, E., & McAfee, A. (2014). The second machine age: Work, progress, and prosperity in a time of brilliant technologies. W. W. Norton.

Castells, M. (2010). The rise of the network society (2.ª ed.). Wiley-Blackwell. (Obra original publicada en 1996).

Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación. (2025, 28 de enero). Antiqua et nova. Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Santa Sede. https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20250128_antiqua-et-nova_en.html

Francisco. (2015). Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común [Carta encíclica]. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Francisco. (2020). Fratelli Tutti. Sobre la fraternidad y la amistad social [Carta encíclica]. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.

Harari, Y. N. (2018). 21 lecciones para el siglo XXI. Debate.

International Labour Organization. (2021). World employment and social outlook 2021: The role of digital labour platforms in transforming the world of work. ILO. https://www.ilo.org/publications/flagship-reports/world-employment-and-social-outlook-2021-role-digital-labour

Pontifical Academy for Life. (2020, 28 de febrero). Rome Call for AI Ethics. RenAIssance Foundation. https://www.romecall.org/the-call/

Sen, A. (1999). Development as freedom. Knopf.

Sennett, R. (1998). The corrosion of character: The personal consequences of work in the new capitalism. W. W. Norton.

World Economic Forum. (2025). The Future of Jobs Report 2025. WEF. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.

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