El Boletín N°77 del Observatorio Duoc UC deja una convicción nítida: hablar de mujeres hoy no es solo hablar de inclusión, sino de una transformación profunda en la manera de educar, liderar, innovar, producir y habitar los espacios profesionales. No estamos ante una suma de testimonios aislados, sino ante una conversación coherente sobre cómo la presencia femenina está renovando la cultura institucional y social desde dentro.
La columna de Loreto Massanés, Vicerrectora Económica y de Gestión de Duoc UC, tiene el mérito de poner el debate en un lugar concreto y exigente: la equidad no se resuelve en el discurso, sino en las oportunidades reales, en la confianza institucional y en la posibilidad efectiva de que más mujeres accedan a espacios estratégicos. Su idea de liderar desde la propia identidad es probablemente una de las mejores formulaciones del boletín, porque desarma una trampa histórica: la de creer que para ejercer autoridad una mujer debe adaptarse a moldes ajenos. Massanés plantea lo contrario: la credibilidad nace de la competencia, la coherencia y la autenticidad. No es un mensaje complaciente: es una definición de liderazgo madura, sobria y profundamente moderna.
También sobresale la columna de Soraya Rojas, subdirectora de Pastoral de Duoc UC, que eleva la discusión a un plano menos habitual y, por eso mismo, más valioso. Su reflexión sobre el aporte antropológico de la mujer en el trabajo logra algo poco frecuente: recordar que la equidad no consiste solo en ocupar funciones, sino en humanizar estructuras. Su lectura del “genio femenino”, apoyada en Edith Stein y en la tradición católica, ofrece una mirada de gran densidad intelectual: la mujer no solo participa en el mundo profesional, sino que puede reordenarlo desde una ética del cuidado, la relacionalidad y la dignidad de la persona. En tiempos donde todo parece medirse por productividad, esa defensa de lo humano resulta especialmente lúcida.
El resto del boletín despliega una tesis central: la presencia de las mujeres no solo amplía la representación, sino que mejora la calidad de los entornos formativos y laborales. Las experiencias docentes lo muestran con claridad. En el aula, las mujeres aparecen una y otra vez asociadas a la escucha, la exigencia con sentido, la construcción de confianza, la mentoría y la capacidad de formar no solo técnicos competentes, sino personas íntegras. No se trata de idealizar una supuesta esencia femenina, sino de reconocer que muchas de estas trayectorias han introducido liderazgos más colaborativos, más horizontales y atentos a la dimensión humana del aprendizaje.
Esa misma lógica se proyecta en la relación con la industria. Las pasantías en enfermería, electrónica y packaging muestran que volver al mundo productivo fortalece la docencia y, al mismo tiempo, visibiliza a mujeres desenvolviéndose con solvencia en entornos donde todavía predominan inercias masculinizadas. Allí el boletín es especialmente convincente: no habla de mujeres que se adaptan a espacios hostiles, sino de mujeres que aportan orden, mirada sistémica, sensibilidad profesional y nuevas formas de hacer equipo.
Otro de los grandes méritos del boletín es no conformarse con celebrar avances. En gastronomía, mecánica, TIC, producción musical, logística o turismo indígena aparecen con nitidez las brechas persistentes: techos de cristal, subrepresentación en STEM, dificultades para conciliar maternidad y carrera, sesgos en contratación, escasez de referentes y acceso desigual a roles de decisión. Pero las columnas evitan el victimismo. En vez de instalar una narrativa de impotencia, muestra a mujeres que enseñan, lideran, emprenden, sostienen comunidades y construyen futuro incluso en condiciones adversas.
El conjunto de columnas nos muestra que el aporte femenino no es sectorial ni accesorio, sino estructural. Está en la cocina y en la ciberseguridad, en la enfermería y en la mecánica, en el aula y en la innovación, en la música y en los territorios indígenas. Y está, sobre todo, en una manera de comprender el desarrollo no solo como crecimiento o rendimiento, sino como vínculo, colaboración, dignidad y cuidado.
Este Boletín N°77 no solo conmemora el 8M. Propone una mirada país. Una visión que entiende que una sociedad mejor no se construye únicamente abriendo espacios para las mujeres, sino aprendiendo de lo que ellas ya están aportando en esos espacios: más humanidad, más sentido y una idea de progreso que no deje a nadie atrás.
Ver Boletín N°77: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n77-las-mujeres-fortalecen-los-entornos-formativos-y-laborales/
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