23 de Marzo, 2026

Formación integral en Duoc UC

Equipo Editorial Observatorio

Equipo Editorial Observatorio

11 minutos de lectura

En Duoc UC la formación integral no es un complemento accesorio ni un agregado secundario a la enseñanza técnico-profesional ya que es parte constitutiva de su identidad. Esto se comprende mejor si recordamos su origen y su misión: una institución de educación superior nacida de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que busca servir a sus estudiantes y al país formando personas competentes para el trabajo, pero también maduras en humanidad y de la comprensión de la dignidad de persona, responsables ante los demás y abiertas a la verdad plena sobre el ser humano que la fe cristiana reconoce en Jesucristo. La tradición católica ha insistido en que la educación auténtica no se limita a transmitir habilidades útiles, ya que aspira al pleno desarrollo de la persona humana y a que toda la vida quede orientada por un sentido más alto del bien, de la verdad y del servicio a los demás (Concilio Vaticano II, 1965).

Esa convicción adquiere hoy una urgencia nueva. Estamos insertos en una etapa marcada por cambios tecnológicos acelerados, especialmente por la expansión de la inteligencia artificial, la automatización, los datos y la digitalización de casi todos los procesos productivos. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum nos advierte que el mercado laboral seguirá transformándose con fuerza hacia 2030, impulsado por cambios tecnológicos, económicos, demográficos y geopolíticos. El mismo informe subraya que crecerá la demanda por capacidades tecnológicas, incluyendo IA, big data, redes y ciberseguridad, junto con habilidades propiamente humanas como creatividad, resiliencia, pensamiento analítico y aprendizaje continuo (World Economic Forum, 2025). En otras palabras, el futuro no será solo más digital: será más exigente en la integración entre técnica y humanidad.

Para una institución como Duoc UC, este diagnóstico no puede leerse únicamente en clave de empleabilidad, aunque ese aspecto sea ineludible. Los jóvenes llegan a nuestras aulas con una expectativa legítima: que su paso por la educación superior les abra oportunidades reales de trabajo, movilidad y futuro. Por esto es esencial prepararlos para ese horizonte cambiante. Pero una institución católica sabe, además, que el problema nunca es solamente qué herramientas enseñar, sino qué tipo de persona estamos ayudando a formar para usar esas herramientas.

Ahí aparece con toda claridad el sentido de la formación integral. La Iglesia ha enseñado por décadas que educar es acompañar el crecimiento de todas las personas, no solo de una parte de ellos. Benedicto XVI nos recordó en Caritas in veritate que el auténtico desarrollo debe alcanzar a cada persona en todas sus dimensiones, y que la caridad en la verdad es la fuerza que impulsa ese crecimiento verdadero (Benedicto XVI, 2009). No basta, por tanto, con mejorar indicadores de inserción laboral o productividad, ya que hay que preguntarse también si estamos formando personas capaces de vivir la verdad, con libertad interior, con justicia, amistad cívica, de servicio y de apertura a Dios. Una educación reducida a la sola utilidad termina empobreciendo a la persona precisamente cuando promete hacerla más exitosa.

El aporte propio de una institución católica consiste precisamente en resistir esa reducción. Ex corde Ecclesiae, texto fundamental sobre la identidad de las universidades católicas, sostiene que su misión incluye incorporar la dimensión moral, espiritual y religiosa al quehacer intelectual, y evaluar los logros de la ciencia y de la tecnología a la luz de la totalidad de la persona humana (Juan Pablo II, 1990). Esto es decisivo. La técnica importa, y mucho; pero la técnica, por sí sola, no responde las preguntas últimas sobre el bien, la justicia, el sentido del sufrimiento, el valor del trabajo o la dignidad inviolable de cada vida humana.

El Papa Francisco describió con lucidez este riesgo al hablar del “paradigma tecnocrático”. En Laudato si’ advierte que la economía y la política pueden quedar sometidas a una lógica que acepta cualquier avance tecnológico por su rentabilidad o eficiencia, sin examinar suficientemente su impacto humano y social (Francisco, 2015). El problema, entonces, no es la tecnología en sí misma, sino su absolutización: cuando se transforma en criterio último para decidir qué vale, qué cuenta y qué merece ser promovido. Bajo esa lógica, lo humano se vuelve funcional; los vínculos se subordinan al rendimiento; y la educación corre el peligro de convertirse en simple entrenamiento para adaptarse a sistemas que nadie se atreve a juzgar moralmente.

Por eso la formación integral no compite con la excelencia técnica: la hace más humana, lúcida y más fecunda. Un buen técnico, un buen profesional, un buen trabajador del futuro no será solo quien domine plataformas, softwares o modelos de inteligencia artificial, sino quien sepa discernir sus usos, sus límites y sus efectos sobre las personas concretas. La Iglesia Católica ha comenzado a desarrollar esta reflexión con mayor precisión en los últimos años. En su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2024, el Papa Francisco afirmó que la inteligencia artificial plantea desafíos no solo técnicos, sino también antropológicos, educativos, sociales y políticos, y añadió que la educación en su uso debe promover, especialmente entre los jóvenes, pensamiento crítico y capacidad de discernimiento (Francisco, 2024).

La Nota Antiqua et nova, publicada en 2025 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación, profundiza en esa misma dirección. Allí se insiste en distinguir entre inteligencia humana e inteligencia artificial, precisamente para no olvidar que la inteligencia humana es inseparable de la corporeidad, la relacionalidad, la conciencia moral, la apertura a la verdad y la orientación al bien (Dicasterio para la Doctrina de la Fe & Dicasterio para la Cultura y la Educación, 2025). La IA puede asistir, ampliar, optimizar o acelerar procesos, pero no sustituye la interioridad humana, ni la responsabilidad moral, ni la sabiduría práctica que nace de la experiencia, de la comunidad y de la apertura a la trascendencia. Cuanto más poderosa se vuelve la tecnología, más importante se vuelve formar personas capaces de gobernarla, en vez de ser gobernadas por ella.

En esta línea, la cuestión ética tampoco es secundaria. La Rome Call for AI Ethics, impulsada por la Pontificia Academia para la Vida, fue concebida justamente para situar la dignidad humana, la transparencia, la responsabilidad y la protección de derechos en el centro del desarrollo tecnológico. Ese llamado expresa algo particularmente valioso para instituciones educativas como la nuestra: que no basta con enseñar a usar tecnologías avanzadas; también hay que enseñar a preguntarse a quién benefician, a quién pueden excluir y bajo qué criterios deben ser diseñadas e implementadas. Esta reflexión es especialmente importante en contextos donde los mecanismos algorítmicos pueden resultar fascinantes, pero también opacos y difíciles de comprender para la mayoría de las personas (Pontificia Academia para la Vida, 2020).

Desde esta perspectiva, fomentar la formación integral en Duoc UC significa asumir una doble fidelidad. Fidelidad a los estudiantes, porque merecen una educación que los prepare de verdad para el mundo que viene. Y fidelidad a la misión católica, porque ese futuro no puede enfrentarse solo con más destrezas, sino también con una visión verdadera del ser humano. Ambas fidelidades no se oponen: se exigen mutuamente. De hecho, un estudiante será más empleable y capaz de adaptación si posee hábitos de responsabilidad, trabajo bien hecho, colaboración, sentido ético, comunicación, fortaleza ante la frustración y capacidad de aprender durante toda la vida. Esas disposiciones, que hoy el propio mercado vuelve a valorar, no son ajenas a la formación integral, son una de sus expresiones más concretas (World Economic Forum, 2025).

¿Cómo deberíamos hacerlo, entonces, en este escenario de cambios ingentes? Primero, evitando dos reduccionismos. El primero sería refugiarse en un humanismo abstracto que mira con sospecha toda innovación y se desconecta de la realidad productiva. El segundo sería rendirse al pragmatismo y aceptar que la única misión educativa es producir capital humano competitivo. Duoc UC está llamado a un camino más exigente y fecundo: integrar técnica, ética, cultura y fe en una propuesta educativa donde los estudiantes aprendan a trabajar bien, a convivir bien y a preguntarse con seriedad por el sentido de lo que hacen. Eso es coherente con la tradición de la educación católica y con la misión propia de una institución que quiere poner al estudiante en el centro sin reducirlo a su futura función económica (Juan Pablo II, 1990; Concilio Vaticano II, 1965).

Eso supone currículos actualizados y pertinentes, ciertamente, pero también comunidades educativas que testimonien una manera de comprender a la persona. Supone docentes capaces de conectar la especialidad con sus implicancias humanas y sociales. Supone espacios de reflexión ética sobre el trabajo, la digitalización y la inteligencia artificial. Supone acompañamiento de estudiantes que no son solo usuarios de servicios académicos, sino personas en proceso de crecimiento. Y supone, finalmente, una pastoral y una vida institucional que recuerden, sin estridencias, pero sin complejos, que Cristo no es un adorno identitario: es la luz desde la cual la persona humana se comprende en toda su dignidad y vocación. En Christus vivit, el Papa Francisco recuerda a toda la Iglesia que los jóvenes necesitan ser acompañados en esperanza, vocación y sentido, y que Cristo vive y quiere a los jóvenes vivos, plenos y abiertos a una vida con propósito (Francisco, 2019).

Asimismo, el Papa León XIV en su Mensaje Pontificio para el Día Internacional de las Matemáticas el 14 de marzo del presente año, nos llama a “considerar un uso de algoritmos que promuevan un crecimiento integral de la persona, a la comprensión de la dimensión moral de las tecnologías emergentes”. La Iglesia Católica nos muestra cada día más, que observa con especial dedicación e interés la evolución de las nuevas tecnologías emergentes y está poniendo el acento en la dimensión moral de todo el proceso.

El trabajador del futuro requerirá competencias nuevas; pero la sociedad del futuro necesitará, todavía más, personas capaces de usar el poder técnico con conciencia moral, respeto por la dignidad humana, sentido del bien común y apertura a la verdad. Allí reside la vigencia profunda de la misión de Duoc UC.

Porque cuando una institución católica educa, no solo transmite saberes: ayuda a que una persona descubra quién está llamada a ser. Y en tiempos en que la técnica parece prometerlo todo, esa puede ser la contribución más contracultural y necesaria: recordar que ningún algoritmo reemplaza la conciencia, que ninguna automatización sustituye la responsabilidad, y que ningún progreso merece tal nombre si no promueve el desarrollo de todo el ser humano (Benedicto XVI, 2009; Francisco, 2015). Por eso, para Duoc UC, la formación integral no es un lujo del pasado, ya que es una urgencia del presente y una condición del futuro. Y por eso mismo, también en la era digital, Cristo sigue siendo origen, camino y plenitud de la auténtica educación humana.

Nota: Respecto al tema formación integral en Duoc UC, se utilizaron las herramientas IA ChatGPT, Perplexity y Claude para encontrar ideas y fuentes católicas esenciales. La selección de ideas, conexión entre estas y la redacción final es nuestra.

Referencias

-Benedicto XVI. (2009, 29 de junio). Caritas in veritate.

-Concilio Vaticano II. (1965, 28 de octubre). Gravissimum educationis: Declaración sobre la educación cristiana.

-Dicasterio para la Doctrina de la Fe, & Dicasterio para la Cultura y la Educación. (2025, 28 de enero). Antiqua et nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

-Francisco. (2015, 24 de mayo). Laudato si’: Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común.

-Francisco. (2019, 25 de marzo). Christus vivit: Exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios.

-Francisco. (2023, 8 de diciembre). Mensaje para la LVII Jornada Mundial de la Paz 2024: Inteligencia artificial y paz.

-Juan Pablo II. (1990, 15 de agosto). Ex corde Ecclesiae: Constitución apostólica sobre las universidades católicas.

-Mensaje Pontificio para el Día Internacional de las Matemáticas. La esfera digital ser más humano y fraternal. Vaticano.

-Pontificia Academia para la Vida. (2020, 28 de febrero). Rome Call for AI Ethics. 

-World Economic Forum. (2025, 7 de enero). The future of jobs report 2025.

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