8 de Junio, 2026

Promover a la mujer, un asunto de humanidad

Paola Araya Skinner

Paola Araya Skinner

Directora de la sede Viña del Mar de Duoc UC

6 minutos de lectura

Para una institución católica, promover la plena participación de las mujeres no es una concesión cultural ni una moda institucional: es una exigencia que nace del reconocimiento de la igual dignidad de toda persona y de la responsabilidad de hacer fecundos los dones que Dios confía a cada una.

En el horizonte del Pacto Educativo Global, promover la plena participación de las mujeres en Duoc UC significa remover barreras visibles e invisibles para que niñas, jóvenes y mujeres puedan ingresar, permanecer, titularse, liderar y decidir en igualdad de dignidad; especialmente en áreas estratégicas como la tecnología, en trayectorias formativas atravesadas por labores de cuidado y en espacios donde sus talentos deben contribuir plenamente al bien común.

Existe una invitación de la Iglesia para trabajar en una sociedad más inclusiva y humanizada donde todos los actores, mujeres, familias, comunidades, gobierno, escuelas, instituciones educativas, entre otras, se unan con un propósito común para formar personas más maduras, capaces de forjar un mundo más inclusivo y fraterno para todas y todos. Consecuente con este llamado, este compromiso se fundamenta en comprender que la dignidad de la mujer es un principio irrenunciable. El Papa Francisco ha señalado reiteradamente que la exclusión o subordinación de la mujer empobrece no solo a las personas afectadas, sino al conjunto de la comunidad.

El Pacto Educativo Global no invita únicamente a valorar a la mujer en términos generales, sino a remover las barreras culturales, educativas, económicas e institucionales que impiden su plena participación en la educación y en la vida social. Promover a la mujer no significa exigir que se adapte a modelos masculinizados de éxito ni asignarle roles predefinidos, sino reconocer su igual dignidad, sus talentos diversos, sus trayectorias concretas y su derecho a participar plenamente en todos los ámbitos del conocimiento, el trabajo, la cultura y la toma de decisiones.

En el ámbito educativo esta promoción se concreta mediante el acceso equitativo a oportunidades de aprendizaje, la erradicación de estereotipos de género, el fomento del liderazgo femenino y la creación de entornos libres de discriminación y violencia. La plena participación educativa requiere ambientes seguros: prevención del acoso, buen trato, protocolos claros, formación en respeto, convivencia y acompañamiento. Sin seguridad y dignidad relacional, la participación formal puede quedar vacía.

No hay promoción auténtica de la mujer sin ambientes educativos seguros, libres de acoso, discriminación y violencia. La participación plena comienza cuando cada estudiante puede habitar el aula, la sede y la práctica profesional sin temor a ser descalificada, invisibilizada o vulnerada.

Así, promover a la mujer es educar para la justicia social y para una cultura del encuentro, donde la corresponsabilidad y el respeto mutuo se convierten en pilares de un desarrollo verdaderamente humano y sostenible.

Desde este punto de vista, creemos que es necesario preguntarnos qué ocurre en la educación técnico-profesional en nuestro país y en nuestra institución, cómo estamos impulsando el ingreso de las jóvenes a este nivel de educación, cómo las acompañamos, las integramos y logramos que ellas concluyan su proyecto educativo. En el panorama nacional, el ingreso de mujeres a la educación superior supera al de los hombres: “Entre los resultados relevantes, se observa que la tasa de cobertura neta alcanzó un 53,1% en mujeres y un 45,5% en hombres, lo que implica una brecha de género positiva de 7,6 puntos porcentuales (p.p.), 0,2 p.p. más que en 2024. (Mineduc, 2026). “En universidades y centros de formación técnica (CFT), la brecha favorece a las mujeres, con 12,7 p.p. y 11,7 p.p. respectivamente, en cambio, en institutos profesionales (IP), favorece a los hombres (-4,9 p.p.). (Mineduc, 2026). En Duoc UC, la matrícula femenina, se ha mantenido en un promedio de 40% (Duoc UC, 2026). La lectura de estas cifras nos insta a reflexionar sobre cómo equiparar el ingreso, pero particularmente en aquellas áreas del conocimiento tecnológico y de las ciencias básicas, donde las brechas son de -58,9% y de -7.5% (Mineduc, 2026) respectivamente. Cómo influimos en la modificación de los imaginarios colectivos que sitúan a hombres y mujeres en ciertos lugares, roles, funciones.

Sumado a lo anterior, tendríamos que mirar en qué condiciones se están formando nuestras estudiantes, ya sea familiar, laboral o emocionalmente. Por ejemplo, de manera concreta sabemos que las labores de cuidado recaen mayoritariamente en mujeres, fenómeno que se replica en el sistema de educación superior, donde la mayoría de las personas que estudian y cuidan son mujeres (Mineduc, 2026). Sociológicamente, la maternidad es una de las causas que históricamente explican la deserción femenina, siendo —según estudios no censales— un 10% o un 15% de mujeres que estudian en educación superior en Chile (CRUCH, 2022).

Con respecto a lo anterior, en nuestra institución los datos no distan mucho de esta realidad: un 29,6% de las estudiantes declaran tener hijos y un 22,9% de la deserción o suspensión se asocia a dificultades para compatibilizar estudios y labores de cuidado, lo que nos hace suponer una condición de vulnerabilidad presente en nuestras aulas (Duoc UC, Perfil Estudiante, 2026). Entonces, debiésemos transitar a entender que aún debemos avanzar como sociedad a mejorar aspectos como la corresponsabilidad de otros actores de la sociedad, de tal manera de evitar esta sobre exigencia situada especialmente en mujeres. Es importante comprender que cuando logramos que una estudiante madre permanezca y se titule, no solo habremos abierto una oportunidad individual: muchas veces se fortalece una familia, se amplía un horizonte para sus hijos y se transforma una trayectoria de vida.

Por otra parte, y para finalizar, nuestra institución, como entidad de la Iglesia Católica, está llamada a promover la incorporación de políticas institucionales que impulsen liderazgos femeninos equitativos y sin sesgos, ya que, en palabras del Papa Francisco, la presencia de mujeres en la toma de decisiones aporta miradas más inclusivas, solidarias y sostenibles, claves para el bien común. Si bien en nuestro país la brecha de mujeres que participan en el ámbito laboral se ha estrechado, sigue habiendo espacio para crecer en posiciones de directorios y toma de decisiones, por lo que la propuesta concreta se sitúa en fortalecer la formación de liderazgos femeninos que vayan, desde sus propios talentos y capacidades, aportando al crecimiento social y cultural; así, desde distintas posiciones, la figura femenina es conductora de vidas, como docentes, estudiantes, jefas de hogar, o en cualquiera de las funciones que en nuestras vidas  nos corresponda cumplir.

Referencias

Duoc UC (2026). Perfil Estudiante 2026.

Mineduc (2026). Brechas de Género en Educación Superior 2025.pág, 6

Valencia‑Gálvez et al. (2022) Maternidad y educación superior en Chile. Universidad Metropolitana de Chile.

Ver Boletín N°78: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n78-pacto-educativo-global-brujula-para-duoc-uc/

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