“La paz esté con ustedes” (Juan 20, 19b) esta frase es tan antigua como los muros del Cenáculo y tan nueva como el amanecer de este año 2026. Resuena hoy con una urgencia que no admite esperas, el eco de estas palabras adquiere un matiz dramático cuando se pronuncia frente a los escombros de las ciudades devastadas y el llanto de los desplazados a causa de la guerra.
Cristo dirige estas palabras a sus apóstoles en el momento de mayor fragilidad. Imaginemos la escena: hombres encerrados, con el aliento contenido, el pulso acelerado y las puertas trabadas, están temerosos, todos reunidos en el Cenáculo y Él irrumpe diciéndoles “la paz sea con ustedes” (Juan 20, 19-29). Jesús se presenta en medio de ellos no para juzgar su cobardía, sino para regalarles el don que el mundo no puede dar. En aquel entonces, los apóstoles temían un destino similar al del Maestro; actualmente, la humanidad parece encerrada en un “cenáculo global”, temiendo que la escalada de los conflictos actuales nos conduzca a un punto de no retorno.
La paz de Jesús no es una tregua diplomática ni un armisticio temporal. Es una que transforma la mirada. A los discípulos no les quitó la persecución, pero les cambió el alma: les dio una paz desarmada, dejaron de ver el mundo a través de la óptica del miedo para observarlo desde la libertad del espíritu. Esta es la premisa fundamental que hoy debemos recuperar.
De este modo, pensar que la paz que Jesús nos trae es únicamente ausencia de conflictos armados es mirar la realidad de manera estrecha, Cristo nos mueve a ir más lejos, a apuntar nuestras flechas a un blanco más trascendental y profundo, a transformar nuestras vidas cotidianamente, a implementar cambios que nos modifiquen radicalmente. “En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes” (Juan XXIII, 1963). Es absolutamente comprensible que un mundo en donde todos nos tratemos como hermanos, donde las diferencias, peculiaridades e individualidades son comprendidas y respetadas parecería utópico; pero si los cristianos no soñamos en un mundo movido por el amor más puro y sincero y dejamos de lado todo lo que nos convierte en verdaderos humanos y continuamos avanzando de manera individualista y fría, como hasta ahora, nos dirigiremos a un abismo sin retorno. Soñemos, pensemos, deseemos un mundo nuevo. Revolucionemos el mundo desde el amor. Hoy por hoy, la mayoría de los conflictos nacen en el deseo de que el otro piense como yo, crea lo que yo y actúe como yo, imponiendo no dialogando, exigiendo no invitando ni educando. Por el contrario, miremos el modo de actuar de Jesucristo, su transformación a los apóstoles es desde el amor, la comprensión, la enseñanza y el acompañamiento, en Él no hay imposición ni mucho menos agresión, su deseo de cambio nace desde el amor más puro y verdadero.
Hoy el panorama global es desgarrador. No hablamos de cifras abstractas, sino de más de 20 conflictos armados activos que desangran la tierra. Desde las tensiones enquistadas en Europa hasta las crisis en el corazón de África y el Medio Oriente, la guerra se ha convertido en una “gramática cotidiana” que amenaza con normalizar la crueldad (Es Said, 2026).
Entonces, ¿qué significa una “Paz Desarmada y Desarmante”? Una paz desarmada es aquella que renuncia a la autodefensa agresiva y al “ojo por ojo”. Es una paz que se presenta vulnerable, como Cristo, confiando en la fuerza de la verdad por encima del poder coercitivo. Por otro lado, una paz desarmante es la que neutraliza al adversario mediante el asombro del encuentro, descolocando al que odia al no encontrar reciprocidad en la violencia.
Educarnos en esta doble dimensión implica revisar nuestros proyectos educativos. No basta con enseñar historia de las guerras, hay que enseñar la historia de los mediadores. Como señala León XIV en su Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza: “La paz no es ausencia de conflicto: es fuerza mansa que rechaza la violencia… Enseña a deponer las armas de la palabra agresiva y de la mirada que juzga”. La paz auténtica debe sostenerse sobre la justicia social, la preocupación mutua y el respeto absoluto de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Pensar que la paz es solo el silencio de los cañones es una visión estrecha. Cristo nos mueve en la búsqueda de la dignidad de la persona.
Para que este ideal no sea una utopía, debemos aterrizarlo en la “aldea de la educación”. El Pacto Educativo Global nos pide poner a la persona en el centro. En el contexto de la guerra, esto significa humanizar al “enemigo”. La guerra comienza cuando dejamos de ver un rostro y vemos una categoría.
El Papa León XIV, continuando el legado del Papa Francisco, ha dado un paso audaz al ampliar las prioridades del Pacto Educativo Global. En su mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, León nos confronta con una realidad ineludible: la paz no es un producto que se compra, sino una posesión del alma que se irradia.
En este documento fundamental, Su Santidad nos recuerda una paradoja señalada ya por San Agustín: “Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno” (León XIV, 2026). A menudo gastamos energías “alabando” la paz en discursos, pero nos cuesta “poseerla” en el silencio de nuestro trato diario. Si la paz no es una realidad experimentada y custodiada en lo íntimo, la agresividad termina por filtrarse en la vida pública y doméstica, justificando el rearme y la desconfianza hacia el hermano.
Para alcanzar la paz a la que nos llama Cristo debemos comenzar a ver al otro como mi hermano, ¡somos hermanos, Él nos ha hecho hermanos! Así nos lo indica el mismo Señor “todo aquel que hace la voluntad de mi Padre… Ese es mi hermano” (Mt 12, 50). Si lo veo así, buscaré su bienestar y respetaré sus diferencias porque mi relación se funda en el amor. El Creador ha soplado en todos el mismo Espíritu, por tanto, su plenitud es también la mía. De este modo, si comienzo a ver a mi vecino como tal buscaré su bienestar, que su modo de vivir cotidiano sea lo más feliz y cómodo posible, respetaré sus diferencias. Es mi hermano, tenemos el mismo Padre y la misma Madre, ¡he de desear imperiosamente su plenitud! Debemos dejar de mirarlos como seres tangencialmente distintos a mí, o incluso como oponente o un enemigo. He de mirarlo como mi semejante.
Una acción concreta es alejarnos del “Terrorismo” de las palabras y buscar la paz del entorno. A menudo nos duele la guerra a miles de kilómetros, pero ignoramos la “guerra diaria” en nuestras fronteras personales. El Papa Francisco ha sido enfático: “¡Las habladurías matan! Quien usa su lengua para destruir la fama del prójimo actúa como un terrorista que lanza una bomba y se retira tranquilo. Decir habladurías es matar a mi prójimo” (Francisco, 2018). Es verdaderamente horrendo ver como miles de personas pierden sus vidas, sus hogares y son desplazados de sus ciudades por causa de la guerra. Sin embargo, afortunadamente la guerra para nosotros está a miles de kilómetros, mas, si deseamos la paz, si la guerra nos duele, debemos actuar de tal forma que nos salvemos de las guerras en las que nos involucramos a diario. Abstenernos del chisme es una acción de paz concreta. Si la guerra nos hiere, comencemos por sanar nuestro círculo cercano. Desgarrar de raíz el juicio descalificador es salvar la vida de un hermano.
El desafío es ser artesanos de la paz, en definitiva, ¿es posible un mundo libre de guerras? Sí, solo si comenzamos por nuestros círculos de influencia. Al igual que las ondas se expanden en una poza de agua al caer una piedra, el amor se expande y transforma.
La propuesta del Papa León XIV para este 2026 nos invita a no ser meros espectadores del dolor ajeno, sino protagonistas de una “paz humilde y perseverante”. No esperemos a que los gobernantes firmen la paz para empezar a vivirla nosotros. Seamos los primeros en poseerla para compartirla. Que la frase “la paz esté con ustedes” deje de ser un saludo litúrgico y se convierta en nuestra misión cotidiana. Construyamos juntos esa aldea donde la fraternidad sea el currículo principal y la justicia el examen final. Que el Resucitado atraviese nuestras puertas cerradas y nos desarme para que podamos, finalmente, abrazar al mundo con la paz.
Referencias
Es Said, C. (2026, 4 de marzo). Current wars 2026: All active armed conflicts, listed and mapped. krautART. https://www.krautart.de/global-conflicts-2026-one-machine-twenty-wars/
Francisco. (2018, 14 de noviembre). Audiencia general del 14 de noviembre de 2018 [Catequesis]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2018/documents/papa-francesco_20181114_udienza-generale.html
Juan XXIII. (1963, 11 de abril). Pacem in terris: Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad [Carta encíclica]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/john-xxiii/es/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html
León XIV. (2025, 27 de octubre). Diseñar nuevos mapas de esperanza: Con ocasión del LX aniversario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis [Carta apostólica]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251027-disegnare-nuove-mappe.html
León XIV. (2026, 1 de enero). La paz esté con todos ustedes: Hacia una paz “desarmada y desarmante” [Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz 2026]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/peace/documents/20251208-messaggio-pace.html
Ver Boletín N°78: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n78-pacto-educativo-global-brujula-para-duoc-uc/
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