15 de Junio, 2026

La familia: Primer espacio educativo en el Pacto Educativo Global 

Soraya Rojas Timaure

Soraya Rojas Timaure

Subdirectora de Pastoral y Cultura Cristiana de Duoc UC.

12 minutos de lectura

Cuando el Papa Francisco convocó en 2019 a construir una “aldea de la educación”, la imagen resultó profundamente significativa: una red de relaciones entre docentes, estudiantes, familias y la sociedad civil, capaz de reconstruir el tejido humano fracturado. En este horizonte, el Pacto Educativo Global surge como el espacio desde donde se reconoce a la familia como el “primer e indispensable sujeto educador” (Congregación para la Educación Católica, 2020). Es una afirmación bella, y es también un desafío urgente que todavía no hemos tomado en serio: porque la familia que el Pacto llama a educar no siempre está en condiciones de hacerlo. A veces está rota, sola, agotada, o simplemente sobreviviendo. En contraste con ello también contemplamos a las familias como portadoras de saberes, esfuerzos silenciosos, vínculos y aprendizajes que la institución educativa debe reconocer, valorar y acompañar. 

Con esta inspiración, nos situamos ante la perspectiva de la educación integral y el compromiso adquirido como institución. Es precisamente allí donde nos encontramos con las familias y con el futuro que se está construyendo. Reconocer a la familia como primera educadora no significa idealizarla ni cargarla con una responsabilidad imposible, sino construir una alianza educativa que la acompañe, la sostenga y la ayude a recuperar su capacidad de cuidar, transmitir sentido y formar humanidad. 

Una realidad que los discursos suelen omitir 

Hoy las familias enfrentan múltiples desafíos. Las exigencias laborales, la precarización de la vida, la hiperconectividad digital y la cultura del rendimiento muchas veces dificultan los espacios de encuentro auténtico. Paradójicamente, vivimos en una sociedad hipercomunicada, pero profundamente herida en sus vínculos. El tiempo compartido disminuye, el diálogo se debilita y la experiencia comunitaria se vuelve frágil. Frente a ello, el Pacto Educativo Global no propone una mirada idealizada de la familia, sino un llamado a acompañarla, fortalecerla y reconocer nuevamente su valor insustituible. 

Frente a ello hay una pregunta que los grandes documentos sobre educación raramente formulan con honestidad: ¿en qué condiciones anímicas está la familia a la que le pedimos que eduque?  

La crisis no es solo de recursos económicos. Es una crisis de vínculos. La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2025 que una de cada seis personas en el mundo está afectada por la soledad, y que los jóvenes que la sufren tienen un 22% más de probabilidades de tener bajas calificaciones escolares (OMS, 2025). La soledad no es un estado de ánimo pasajero: es un factor estructural que destruye la capacidad de aprender, de vincularse y de confiar: las tres condiciones básicas de cualquier proceso educativo.  

Al respecto, en la educación técnico-profesional, hablar de familia no significa mirar solo al entorno del estudiante. Muchos estudiantes son también madres, padres, cuidadores o sostenes económicos de sus hogares. Por eso, una institución que acoge el Pacto debe preguntarse cómo acompaña trayectorias educativas atravesadas por responsabilidades familiares reales. 

Desde una mirada cristiana, la familia posee una vocación profunda al amor, al cuidado y a la transmisión de vida y sentido. Estamos llamados a encontrarnos con las familias reales, en su diversidad de historias, heridas y configuraciones, para acompañarlas sin idealización ni juicio apresurado, en nosotros no está la opción de omitir esa realidad y acogerla. 

La familia como primera educadora y primera acompañada 

Desde la antropología cristiana, la persona humana no puede comprenderse como un individuo aislado, autosuficiente o cerrado en sí mismo. El ser humano ha sido creado para la relación, para el encuentro y para la comunión. Nuestra identidad se construye en vínculo con otros, y es precisamente en la experiencia familiar donde aprendemos por primera vez el significado del amor, la confianza, la gratuidad y el cuidado. Antes de cualquier aprendizaje académico, la familia enseña algo mucho más profundo: enseña a ser persona. Pero la reflexión no se detiene, en palabras del Papa León “Son las familias las que generan el futuro de los pueblos” (2025) Dentro de esta propuesta, la familia ocupa un lugar esencial e irremplazable: es el primer espacio educativo y la primera escuela de humanidad. 

Por su parte, el Papa Francisco en Amoris laetitia (2016) nos recuerda que “La familia es también ‘el ámbito de la socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a convivir’.” Continua el papa Francisco, esta vez en la Audiencia general: Catequesis sobre la familia (2015) “Es en la familia donde aprendemos a abrirnos a los demás, a crecer en libertad y en paz.” Podríamos concluir con certeza, la familia importa. 

Allí se transmiten valores, tradiciones, formas de convivencia y maneras de comprender la vida. Allí también se aprende el respeto por la dignidad del otro, la empatía frente al sufrimiento y la responsabilidad hacia la comunidad. La familia no educa únicamente mediante discursos, sino sobre todo a través del testimonio cotidiano: en la mesa compartida, en la escucha atenta, en el perdón ofrecido y en la presencia mutua. 

El Papa Francisco ha señalado reiteradamente que no habrá transformación social sin una transformación educativa. Pero tampoco habrá renovación educativa sin familias capaces de transmitir esperanza, sentido y humanidad. La tarea educativa no pertenece exclusivamente a las escuelas ni a las universidades; es una responsabilidad compartida que comienza en el hogar y se proyecta hacia toda la sociedad. 

Sin redundar, la educación que se vive al interior de la familia no ocurre únicamente a través de palabras o enseñanzas explícitas, sino especialmente mediante el testimonio cotidiano de sus miembros. Los hijos aprenden observando los esfuerzos silenciosos de quienes sostienen el hogar, el sacrificio de quienes trabajan por el bienestar común, la capacidad de levantarse frente a las dificultades y los gestos concretos de amor y entrega. En medio de las exigencias de la vida actual, muchas familias realizan enormes esfuerzos para acompañar, proteger y educar, aun cuando enfrentan incertidumbres económicas, cansancio o falta de tiempo. Ese testimonio cotidiano de perseverancia y compromiso constituye una verdadera escuela de humanidad. 

Es por ello que la educación superior no está llamada a reemplazar a la familia, sino a reconocer su valor, comprender sus fragilidades y colaborar con ella para que el estudiante encuentre una red más amplia de apoyo y sentido. 

El Pacto como llamado, no solo como declaración 

El Pacto Educativo Global es generoso en principios. Lo que le falta —y lo que nos corresponde construir a quienes trabajamos en educación desde distintas tradiciones— son los mecanismos concretos para que esos principios lleguen a las familias que más los necesitan. Francisco lo dice sin rodeos en su discurso a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales el 7 de febrero de 2020: el pacto educativo está “muy roto” entre la familia, la escuela y la sociedad, “y no se puede pegar o recomponer” sin un “renovado esfuerzo de generosidad y acuerdo universal” (Vatican.va). Ese acuerdo no es solo eclesial. Es social, político, interinstitucional. 

Les comparto tres iniciativas concretas que me parecen urgentes e imprescindibles, y cuya puesta en marcha requiere, ante todo, voluntad, compromiso y un trabajo conjunto entre las comunidades educativas, las familias y la sociedad. 

Primero, que la educación superior asuma su responsabilidad con las familias de quienes la habitan. Las instituciones de educación superior técnico-profesional como Duoc UC no atienden solo a estudiantes: atienden a familias enteras. Asumir eso como compromiso institucional significa ir más allá de la retención académica y preguntarse qué condiciones necesita esa familia para que ese estudiante pueda terminar su carrera, y qué condiciones necesitan los colaboradores para que el trabajo no destruya el vínculo familiar. El Pacto Educativo Global convoca a “una alianza entre todos los componentes de la persona: entre el estudio y la vida; entre las generaciones; entre los docentes, los estudiantes, las familias y la sociedad civil” (Francisco, 2019). Una institución que toma esa alianza en serio no trata a la familia como contexto externo al proceso educativo, sino que la reconoce como parte constitutiva de él, porque cuando un estudiante de Duoc UC avanza en su trayectoria, no solo progresa individualmente: muchas veces se fortalece una familia completa, se abre una expectativa nueva para hermanos, hijos o padres, y se renueva la esperanza de movilidad, dignidad y futuro. 

Segundo, formación de educadores para trabajar con familias en crisis. Los docentes de territorios vulnerables no solo enseñan operaciones: sostienen proceso e historias de vidas. Esa función requiere competencias específicas —escucha activa, derivación oportuna, trabajo con familias reconstituidas, comprensión del duelo y la violencia— que hoy no forman parte sistemática de la formación inicial ni continua del profesorado. Byung-Chul Han (2017) lo formula de manera filosófica pero muy aplicable: la escucha genuina “invita al otro a hablar, liberándolo para su alteridad”. Escuchar a una familia en crisis es el primer acto educativo; esta interpretación va mucho más que una institución específica. 

Tercero, redes interinstitucionales que no dupliquen, sino que articulen. En los territorios de mayor vulnerabilidad coexisten parroquias, organizaciones de sociedad civil, escuelas municipales y centros de salud que atienden a las mismas familias sin coordinación. Un pacto real exige crear mesas locales donde el Estado, la Iglesia y la sociedad civil compartan información, eviten solapamientos y diseñen itinerarios de acompañamiento familiar que sean continuos y no remediales. 

En el horizonte del Pacto Educativo Global, reconocer a la familia como primera educadora exige dejar de idealizarla y comenzar a acompañarla: Duoc UC está llamado a educar no solo a estudiantes aislados, sino a personas insertas en historias familiares concretas, construyendo una aldea educativa capaz de sostener vínculos, cuidar a quienes cuidan y abrir caminos de esperanza para las familias reales. 

Una aldea que incluya a todos 

El proverbio africano que cita Francisco, “para educar a un niño se necesita una aldea entera”, no es una metáfora decorativa. Es un diagnóstico. La aldea que necesitamos construir no puede ser solo la de las familias estables y con recursos. Tiene que ser especialmente la aldea de la familia que nadie espera: la que llega sola, la que está herida, la que carga más de lo que puede. El llamado está en que el Pacto Educativo Global se convierta en alianza real entre Iglesia, Estado y sociedad civil; la red que sostiene y acompaña lo que más importa. 

Finalmente, es transcendental comprender que las familias no necesitan ser perfectas para convertirse en espacios significativos de amor y formación. Toda familia enfrenta dificultades, tensiones y desafíos propios de la convivencia humana. Sin embargo, lo esencial está en la disposición a caminar juntos, a dialogar, a sostenerse mutuamente y a crecer en comunidad. Más que idealizar modelos inalcanzables, el desafío actual consiste en acompañar y fortalecer a las familias reales, con sus fragilidades y riquezas, reconociendo que en cada esfuerzo cotidiano por amar, cuidar y permanecer unidos existe una valiosa contribución para humanizar nuestra sociedad.  

Nos encomendamos a la Sagrada Familia de Nazaret. “En todo lugar y tiempo estamos llamados a sostener, defender y promover a la familia” (León XIV, 2025).  

Referencias 

Congregación para la Educación Católica. (2020). Vademécum del Pacto Educativo Global. Santa Sede.  

Francisco. (2015, 18 de febrero). Audiencia general: Catequesis sobre la familia. Santa Sede.  

Francisco. (2016). Amoris Laetitia. Libreria Editrice Vaticana.  

Francisco. (2019, 12 de septiembre). Mensaje del Santo Padre Francisco para el lanzamiento del Pacto Educativo. Libreria Editrice Vaticana.  

Francisco. (2020, 7 de febrero). Discurso a los participantes en el Seminario sobre “Educación: el Pacto Mundial”. Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Libreria Editrice Vaticana.  

Francisco. (2020). Global Compact on Education. Vatican.  

Han, B. C. (2017). La expulsión de lo distinto. Herder. 

León XIV. (2025, 1 de junio). Homilía en la Santa Misa del Jubileo de las Familias, los Niños, los Abuelos y los Ancianos. Libreria Editrice Vaticana.  

León XIV. (2025, 24 de octubre). Discurso al Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia. Vatican.va. 

Organización Mundial de la Salud. (2025). De la soledad a la conexión social: el camino hacia sociedades más saludables. Informe de la Comisión de la OMS sobre Conexión Social. OMS 

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. (s.f.). Pacto Educativo Global.  

Ver Boletín N°78: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n78-pacto-educativo-global-brujula-para-duoc-uc/

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