En septiembre de 2019, el Papa Francisco dirigió un mensaje a la Iglesia y al mundo invitando a recorrer un camino de preparación, participación y elaboración de un nuevo Pacto Educativo Global. Esta propuesta se vio eclipsada por la llegada de la pandemia, que obligó a responder a los profundos cambios sufridos por la sociedad durante esos años y que afectaron particularmente la calidad de la educación en el mundo.
Ante este dramático escenario, el Papa se refirió, en un video mensaje, a lo que llamó una “catástrofe educativa” y propuso la necesidad de respuestas profundas y transformadoras. En ese contexto recordó la importancia de reconocer el poder transformador de la educación: “Educar es siempre un acto de esperanza” y una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia.
Para humanizar el mundo, el Papa propone como primero de los siete compromisos del Pacto Educativo Global la necesidad de poner en el centro de todo proceso educativo — formal e informal — a la persona y su dignidad. Y no es posible hablar de dignidad humana sin considerar al ser humano de manera integral, en todas sus dimensiones, especialmente sin el cultivo de una vida interior que ordene de manera orgánica el resto de ellas.
Desde esta perspectiva, la interioridad no aparece como un aspecto secundario de la formación, sino como el fundamento desde el cual se sostienen también los otros compromisos del Pacto: escuchar la voz de los niños y jóvenes, fomentar la participación de las niñas, reconocer a la familia como primera educadora, educar para la acogida, poner la economía y la política al servicio de la persona y cultivar el cuidado de la casa común.
El Papa Francisco señala que “la educación afronta la llamada “rapidación”, que encarcela la existencia en el vórtice de la velocidad tecnológica y digital, cambiando continuamente los puntos de referencia. En este contexto, la identidad misma pierde consistencia y la estructura psicológica se desintegra” (Francisco, 2020). Por eso se vuelve urgente ayudar a los estudiantes a descubrir su verdadera identidad. Solo desde el encuentro consigo mismos podrán formular y responder las preguntas fundamentales de la existencia y orientar su formación técnico-profesional hacia el servicio, la entrega y la construcción del bien común.
No se puede transformar el mundo sin transformar primero a la persona y el camino más directo hacia esa transformación es el cultivo de la vida interior. Una profunda interioridad permite aprender el silencio, descubrir la propia dignidad de hijo de Dios, reconocerse único e irrepetible y comprender que los dones y talentos recibidos no están destinados únicamente al beneficio personal, sino al servicio de los demás y a la construcción de una sociedad más justa, solidaria y humana.
Por esta razón, los esfuerzos por transformar la educación no pueden reducirse únicamente al diseño de nuevos planes curriculares. Quienes acompañamos a los estudiantes en el viaje del conocimiento en Duoc UC debemos ser capaces de ayudarlos a orientar el timón hacia su interioridad, a visitar su profundidad como un lugar frecuente y a recurrir a la reflexión y al silencio como prácticas cotidianas.
No es casualidad que las más recientes encuestas sobre salud mental y emocional revelen una profunda crisis de sentido, especialmente entre los jóvenes. Ya sorprendían los resultados de la encuesta SENDA (2024), según los cuales el 41% de los jóvenes chilenos siente que “no es bueno para nada” y el 33,9% afirma sentirse un fracaso.
Aunque la salud mental depende de múltiples factores familiares, sociales, económicos y biológicos; resulta esperable que una persona carente de vida interior construya su identidad desde la validación externa. El activismo permanente, los modelos idealizados ofrecidos por las redes sociales y una cultura centrada obsesivamente en el éxito y los resultados terminan generando la sensación de una existencia inútil e invisible.
La actual crisis de salud mental en los jóvenes, la baja tolerancia a la frustración y al fracaso, la ansiedad frente al futuro y el profundo sinsentido existencial parecen evidenciar una verdadera desnutrición espiritual. Nuestros jóvenes viven en entornos hiper estimulados, “scrolleando” pantallas que retienen su atención apenas unos segundos antes de pasar al siguiente contenido. La capacidad de hacer silencio parece atrofiarse progresivamente por el miedo al vacío, por la incapacidad de estar consigo mismos y con sus propios pensamientos sin necesidad de llenar cada espacio con imágenes, música, ruido o distracción.
Ante esta “rapidación” de la que habla el Papa, se vuelve necesario superar el analfabetismo de la introspección, enseñar nuevamente el lenguaje del silencio, romper con la sordera espiritual y ayudar a los estudiantes a escuchar sus anhelos más profundos, esa interioridad que clama por sentido, trascendencia y eternidad.
El ser humano sin vida interior difícilmente podrá descubrir el sentido de su existencia, su verdad más profunda o el fundamento de su dignidad: ser hijo amado de Dios. Sin una vida espiritual experimentará inevitablemente un vacío existencial, imposible de llenar únicamente con estímulos externos.
Por eso, quizá uno de los mayores desafíos que hoy enfrenta la educación técnico-profesional, y particularmente nuestra institución, sea incluir como tarea ineludible recuperar la vida interior, diseñando estrategias y ofreciendo herramientas y espacios que permitan volver a la contemplación, esa que tenía todo ser humano al nacer, cuando no podía más que observar con ojos atentos y nuevos el mundo que descubría ante sí.
Se hace necesario reaprender el silencio: aquel que nos permitió memorizar palabras, distinguir los sonidos de la naturaleza, reconocer la voz de nuestros padres, aprender a hablar y también a escuchar. Enseñar el arte de desacelerar, de levantar la mirada de la pantalla para contemplar el entorno, el cielo y a quienes caminan a nuestro lado.
Pero, sobre todo, se hace urgente reeducar los sentidos para percibir la presencia de Dios, que habla, como al profeta Elías, “en el suave murmullo de una brisa delicada” (1 Reyes 19). Dios se manifiesta también en la acogida abierta y disponible hacia el otro, tal como proponía Hans Urs von Balthasar con su idea de una “teología de rodillas”: aproximarse con reverencia al misterio del otro, allí donde también habita Dios, el “dulce huésped del alma” (Balthasar, 1986).
En la secuencia de Pentecostés, himno litúrgico que celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, encontramos una expresión profundamente iluminadora para nuestro tiempo: “Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro”.
Tal vez el gran desafío educativo de nuestro tiempo consiste precisamente en abrir caminos para retomar el sendero olvidado de la vida interior; ayudar a nuestros estudiantes a encontrarse consigo mismos, a cultivar la vida espiritual para que los vacíos sean llenados por el Espíritu y puedan, así, descubrir en Dios fundamento último de su humanidad.
En lo más profundo del corazón de nuestros estudiantes conviven, en medio de incertidumbres y búsquedas, un profundo anhelo de sentido, de servicio, de trascendencia y de encuentro con Dios. Nuestra tarea como institución educativa consiste en acompañar esa búsqueda y ofrecer respuestas que no provengan únicamente de los libros o del conocimiento técnico, sino también de Aquel que se presentó a sí mismo diciendo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6).
Solo así podrán saciar el vacío, encontrar un sentido auténtico para su existencia, descubrir su verdadera dignidad y construir un proyecto de vida lleno de esperanza y plenitud. Como escribió San Agustín: “No salgas fuera de ti; vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad” (Agustín de Hipona, 2007).
Referencias
Agustín de Hipona. (2007). Confesiones. Biblioteca de Autores Cristianos.
Balthasar, H. U. von. (1986). Teología y santidad. Encuentro.
Francisco. (2020). Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo Global. Vatican.va
Juan 14,6.
1 Reyes 19.
Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA). (2024). Encuesta Juventud y Bienestar 2024. Gobierno de Chile.
Ver Boletín N°78: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n78-pacto-educativo-global-brujula-para-duoc-uc/
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