30 de Junio, 2015

Desafíos de nuestro tiempo

Fernando Pávez S.

Fernando Pávez S.

Jefe de Sustentabilidad, Dirección de Infraestructura Duoc UC

5 minutos de lectura

Duoc UC se encuentra en medio de un vivificante proceso de cambio institucional, en el cual se han abierto preguntas importantes respecto de cuál es su identidad y su misión. ¡Qué mejor momento para reflexionar y motivarse para la acción! Me tomo la libertad de proponer las siguientes reflexiones.

¿Cómo sabemos que una institución es cristiana? No sólo porque aparecen cruces en las paredes, ni porque existe una capilla en algún rincón. Una institución es cristiana cuando pertenece a Cristo, cuando comparte sus mismos anhelos, trabaja con Él en su tarea de renovar el mundo, para que allí donde esté se haga visible y tangible un nuevo orden social de fraternidad y de justicia, donde todos tienen cabida y nadie queda fuera. Esa organización promueve un desarrollo humano integral, de cada uno de sus miembros: los anima con todas sus fuerzas a descubrir y hacer brillar todos los talentos y la misión que Dios puso en cada uno, con nombre y apellido.

Lo anterior parece bastante utópico, en estos tiempos en que un ambiente de desconfianza generalizada hacia todo tipo de instituciones y personas llegó para quedarse. Una larga sucesión de notables faltas a la ética destruyó la confianza en los políticos, las instituciones públicas (justicia, congreso, gobierno, etc.), la Iglesia y las empresas. Incluso el conductor del auto de al lado nos parece muy poco confiable. Junto con la desconfianza surge el miedo, el resentimiento y la ira, y parece cada vez más difícil recuperar la pretendida armonía anterior.

Sin embargo, los cristianos nunca perdemos la esperanza. No por ingenuidad, sino porque sabemos en base a nuestra experiencia personal, que Dios conduce la historia, aun cuando no sepamos comprender cómo ni hacia dónde. Confiamos en que Aquél que creó el mundo, tiene en sus manos ahora y siempre, las riendas de la historia. Nos habla a través de la voz del alma, también a través de personas concretas, y su voz es también la voz del pueblo sencillo. Confiamos en ese Dios que actúa en la historia. Hoy.

Por eso, los movimientos sociales no nos causan temor: también son manifestaciones del querer de Dios. Así nos interpela a actuar en la historia, ser nosotros sus manos y su boca, dejarnos conducir por Él para construir y renovar el mundo desde el trabajo cotidiano.

Volviendo a la perspectiva institucional, más allá de la relación íntima con Dios, la esperanza nos anima a dar respuesta a los movimientos de la historia. Sin duda que la situación actual de la sociedad, la economía, la política, los negocios y el medio ambiente, son preocupantes. Y por lo tanto nos interpelan, nos obligan a dar respuesta. Se trata de grandes desafíos que nos deben movilizar a la acción. Me refiero a dos tipos de acción.

En primer lugar, aquello que constituye el centro de nuestra misión: “formar personas”. Personas que sean gestores de un cambio social, que seamos capaces de movilizar todo su espíritu, despertar toda la vida que traen dentro, sus anhelos, sus incipientes capacidades de liderazgo positivo, sus ganas de cambiar el mundo. Démosles alas y herramientas a eso que es tan propio de la juventud, que vigoriza la innovación y la búsqueda de soluciones atípicas, disruptivas. ¡Tanto se necesita esa energía en las empresas!

En segundo lugar, generar una cultura interna –un ‘ethos’– de confianza, transparencia, integridad profunda y verdadera, de rendición de cuentas en forma activa. Una cantidad creciente de empresas y organizaciones en todo el mundo, entrega toda su información abiertamente y permite la participación de diversos actores internos y externos en sus reportes integrados de las áreas financiera-ambiental-social. Al respecto, tenemos la oportunidad de reconquistar la confianza pública, de paso liderando en éste y otros ámbitos. La pertenencia de Duoc UC a la Iglesia implica que, de alguna forma, nos debemos a la comunidad amplia de hombres y mujeres congregados por Dios. Esto implica también abrir las puertas y ventanas: invitar a participar en nuestros proyectos, actividades e iniciativas a la comunidad, e invitar a las parroquias, juntas de vecinos, carabineros, escuelas, liceos, conjuntos musicales, etc. a aliarse con nosotros para generar nuevas y mayores oportunidades de desarrollo y cohesión social. Nuestra gran cantidad de alumnos pronto se irán a trabajar a miles de empresas –o a emprender algo nuevo– en Chile y el mundo. Enviémoslos con esperanza en sí mismos y en el futuro, y con respuestas: con ese mensaje que recibimos 2015 años atrás, que sigue plenamente vigente e inconcluso: enviémoslos con la misión de construir ese mundo que el Creador germinó en sus corazones jóvenes.

Creo que las instituciones católicas que no estén dispuestas a responder a los desafíos del tiempo, y a revisarse por dentro para constituirse en lo que Dios espera de ellas, quedarán fuera de la rompiente, no liderarán procesos, y perderán vigencia. No serán anunciadoras de la novedad del espíritu de Dios, que hace nuevas todas las cosas.

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