7 de Octubre, 2024

Aprendizaje permanente: El rol esencial de las instituciones educativas en la era digital

Equipo Editorial Observatorio

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Desde hace algunas décadas, el concepto de “aprendizaje a lo largo de la vida” ha ganado prominencia en seminarios y la literatura especializada. Este enfoque reconoce la diversidad de formas en que las personas adquieren conocimientos y competencias, distinguiendo entre el aprendizaje formal, no formal e informal. Se entiende que aprender no se limita a los entornos académicos tradicionales, sino que ocurre en la vida familiar, social y en diversos contextos educacionales e institucionales.

En 1970, la Unesco declaró ese año como el “Año Internacional de la Educación” y presentó por primera vez el concepto de “life long integrated education”, traducido como “educación permanente”. Posteriormente, en 1996, la Unión Europea adoptó el término “aprendizaje a lo largo de la vida” y dedicó ese año a promoverlo. El Consejo Europeo de Lisboa, en marzo del 2000, reafirmó que el conocimiento sería la base para transformar Europa en un continente fuerte y dinámico. En junio de ese mismo año, el Consejo Europeo de Feira instó a los Estados miembros a definir estrategias coherentes y medidas prácticas para fomentar la educación permanente para todos. Europa aspiraba a liderar mediante una economía competitiva basada en el conocimiento, capacitando a sus ciudadanos para trabajar en cualquier país de la Comunidad Europea.

Desde el Consejo Europeo de Lisboa en 2000, se entiende que el aprendizaje permanente abarca toda la vida de una persona, desde la etapa gestacional hasta la jubilación. Este aprendizaje se categoriza en tres tipos: Formal, no formal e informal. El aprendizaje formal se obtiene en centros educativos establecidos y reconocidos, donde existe una sistematización del acto de enseñar y una certificación al finalizar. El aprendizaje no formal, aunque puede ocurrir en instituciones formales, no necesariamente resulta en una certificación. Por último, el aprendizaje informal se produce en cualquier ambiente no institucionalizado, como la familia, el trabajo y la vida cotidiana, y se adquiere de manera natural al convivir y participar en una cultura.

La distinción entre estos tipos de aprendizaje, junto con los avances tecnológicos y las diversas plataformas disponibles, nos lleva a reconocer la multiplicidad de espacios e instrumentos para aprender. Surge entonces la pregunta: ¿Cómo deben actualizarse las instituciones educativas para enfrentar no solo las competencias tradicionales, sino también aquellas emergentes en el entorno digital? Las instituciones educativas mantienen su relevancia decisiva en el desarrollo de la empleabilidad futura de los educandos, ofreciendo aprendizajes estructurados y certificaciones que validan lo aprendido, respaldadas por el prestigio y la tradición institucional.

En esta concepción profunda del aprendizaje a lo largo de la vida, las instituciones técnico-profesionales pueden desempeñar un papel crucial y multifacético. No se trata solo de ofrecer títulos técnicos o profesionales post-educación media, sino también de profundizar en el reconocimiento de aprendizajes obtenidos en entornos informales. Instituciones sólidas y de calidad pueden ofrecer servicios de validación de estudios y competencias adquiridas de manera autónoma por empresas, configurándose como aliadas capacitadoras que acreditan y transfieren competencias a lo largo de la vida laboral de las personas. 

Y dado que hoy nos encontramos en la era digital y con una velocidad de cambios tecnológicos nunca antes observados en la historia, la pregunta es: ¿Cómo enfrentamos hoy el aprendizaje a lo largo de la vida?

Las instituciones técnico profesionales están adaptando sus enfoques educativos para responder a la velocidad sin precedentes de los cambios tecnológicos. La integración de herramientas digitales avanzadas como las plataformas de aprendizaje en línea, inteligencia artificial y realidad aumentada, permite una personalización del proceso educativo que se ajusta a las necesidades individuales de los estudiantes. Estas tecnologías no solo facilitan el acceso a recursos educativos desde cualquier lugar y en cualquier momento, sino que también fomentan métodos de enseñanza interactivos y colaborativos que mejoran la retención de conocimientos y la aplicación práctica de competencias.

Se están revisando y actualizando constantemente sus currículos para incluir habilidades y competencias emergentes que son esenciales en el mercado laboral actual. Programas de reciclaje profesional y formación continua se han convertido en pilares fundamentales, ofreciendo cursos cortos, certificaciones digitales y talleres especializados que permiten a los profesionales en activo actualizar sus conocimientos sin interrumpir su carrera. Al colaborar estrechamente con la industria y el sector privado, las instituciones aseguran que sus programas educativos estén alineados con las demandas reales del mercado.

Parece necesario una actualización significativa de las habilidades y conocimientos de los docentes no solo como una responsabilidad exclusiva de las instituciones, sino también como una autorregulación profesional de cada uno de estos. Estos deben estar informados y capacitados en las innumerables posibilidades que hoy nos proporcionan las distintas herramientas tecnológicas para lograr en los estudiantes más y mejores aprendizajes. Además, es tan significativo el cambio ad portas, que se requiere una reflexión sustancial de cómo debería ser el aprendizaje permanente dado todos los instrumentos que hoy tenemos a nuestra disposición. Los temas cruciales son cómo respondemos a las necesidades de aprendizaje para el futuro y de cómo tenemos que convivir con los avances extraordinarios que hoy observamos. Por último, es necesario transmitir la idea y convicción que todo instrumento debe estar siempre al servicio de la persona y sus valores humanos y no las personas al servicio de las cosas.

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