Hablar de tecnología educativa en el contexto de Duoc UC implica comprender también las características y necesidades del perfil estudiantil actual. Se trata de estudiantes que desarrollan sus trayectorias formativas en contextos diversos, muchas veces compatibilizando estudios, trabajo y responsabilidades personales o familiares, donde la flexibilidad, continuidad y accesibilidad del aprendizaje adquieren especial relevancia. En este escenario, la tecnología educativa va más allá del acceso a dispositivos o plataformas, transformándose en un elemento que puede facilitar o limitar las oportunidades reales de participación y aprendizaje.
Desde esta perspectiva, la tecnología educativa amplía las posibilidades de interacción con los contenidos, diversifican las formas de aprender y fortalece experiencias más dinámicas, prácticas y contextualizadas. Su valor no está mediado únicamente por la invocación tecnológica en sí misma, sino por su capacidad de apoyar efectivamente el desarrollo de aprendizajes y fortalecer la experiencia formativa.
El perfil de estudiantes de Duoc UC [1], visibiliza un alto nivel de conectividad: el 72,8% cuenta con conexión a internet en el hogar, mientras que el 25,6% utiliza datos móviles. Esta situación da cuenta de que no todas las formas de conexión ofrecen las mismas condiciones para estudiar. La conexión en el hogar suele entregar mayor estabilidad para participar en clases, realizar evaluaciones, descargar materiales o utilizar softwares especializados. A diferencia de quienes dependen principalmente de datos móviles, que pueden enfrentar condiciones menos favorables para sostener actividades académicas mediadas por la tecnología.
Esto evidencia que las brechas digitales actuales ya no se explican únicamente por la existencia o ausencia de conexión, sino por la calidad de las condiciones que permiten sostener experiencias de aprendizaje digital. En este escenario, las diferencias ya no se expresan solamente en el acceso a internet, sino también en la estabilidad de conexión, disponibilidad de dispositivos adecuados y condiciones efectivas para participar del proceso formativo.
Algo similar ocurre con la disponibilidad de dispositivos, especialmente el teléfono móvil, donde el 96,8% de los estudiantes declara contar con celular. Este dato muestra que el teléfono móvil cumple un rol central en la vida digital estudiantil, pero no siempre ofrece las mejores condiciones para el estudio. Si bien el celular facilita el acceso inmediato a información y plataformas institucionales, muchas actividades académicas continúan requiriendo condiciones de visualización, escritura, procesamiento o interacción que resultan más adecuadas en computadores.
En contraste, 7 de cada 10 estudiantes refiere tener un computador portátil o de escritorio, evidenciando que el acceso tecnológico no siempre se traduce en igualdad de condiciones para el aprendizaje digital. En ese escenario, el desafío institucional no solo consiste en promover el acceso tecnológico, sino también en resguardar condiciones adecuadas para el aprendizaje digital. En la medida en que los procesos académicos incorporan plataformas virtuales, recursos y actividades digitales, la calidad de la conexión —y un computador— se transforma en una condición relevante para la participación, y desde ahí resguardar que los estudiantes puedan enfrentar adecuadamente las exigencias del proceso formativo.
Las condiciones materiales del aprendizaje también adquieren relevancia. La disponibilidad de un espacio adecuado para estudiar, la posibilidad de concentrarse y las condiciones cotidianas que permiten sostener responsabilidades académicas constituyen factores relevantes en experiencias formativas mediadas por tecnología. En este contexto, 2 de cada 10 estudiantes declaran no contar con un espacio adecuado para concentrarse en sus actividades académicas.
Otro aspecto central se relaciona con las habilidades digitales. El 90,5% de los alumnos y alumnas señala saber encontrar y priorizar información cuando busca en la web, y un poco más de la mitad declara utilizar frecuentemente herramientas de inteligencia artificial para el estudio o el trabajo, lo que da cuenta de una habilidad para desenvolverse en entornos digitales y que la inteligencia artificial forma parte de las prácticas educativas cotidianas. Esto refleja que los estudiantes ya no solo acceden a información digital, sino que interactúan activamente con herramientas capaces de generar contenidos, sintetizar información y apoyar procesos de resolución de problemas, modificando progresivamente la manera en que se relacionan con el aprendizaje y el conocimiento. Además, redefine progresivamente el rol docente y las competencias necesarias para desenvolverse en entornos educativos cada vez más mediados por la inteligencia artificial.
No obstante, en un contexto donde la información disponible supera ampliamente la capacidad de procesarla, el desafío no está solo en acceder a contenidos, sino en saber evaluarlos, contrastarlos y utilizarlos con ética y responsabilidad, de modo tal que los estudiantes sean capaces de analizar críticamente las fuentes consultadas, puesto que la competencia digital también se enseña, se acompaña y se fortalece mediante orientaciones claras, experiencias guiadas y apoyos pertinentes.
El Ambiente Virtual de Aprendizaje (AVA), ocupa un lugar relevante dentro de la experiencia formativa. AVA permite organizar y gestionar el acceso de alumnos y alumnas a contenidos, actividades, evaluaciones, retroalimentación y recursos de apoyo académico. Así también, ha ido transitando a un mecanismo que facilita la relación entre estudiantes y docentes.
El 59,9% de los estudiantes declara una satisfacción neta con la experiencia de uso de AVA [2], especialmente en el aporte a las clases. La consolidación de este tipo de plataformas también refleja cómo los entornos virtuales han pasado de ser herramientas complementarias para convertirse en parte estructural de la experiencia formativa. No obstante, su consolidación también plantea desafíos sobre usabilidad, funcionamiento técnico y organización de contenidos, para que la experiencia de uso sea más simple, ordenada e intuitiva.
Desde una mirada evaluativa de los recursos tecnológicos disponibles para el aprendizaje de estudiantes en sus carreras [3], se puede observar que los alumnos y alumnas valoran favorablemente la calidad de los recursos tecnológicos, como videos, simuladores o softwares, con un 73,4% de favorabilidad. La suficiencia en cantidad de acuerdo con el número de estudiantes alcanza una favorabilidad del 69,4% y la suficiencia de las interacciones con esos recursos también muestra una favorabilidad del 69,4%. Estos resultados reflejan una percepción buena respecto de los recursos tecnológicos vinculados directamente con la formación disciplinar.
Sin embargo, la estabilidad de la conexión aparece como el punto más bajo, con un 59,1% de favorabilidad, un antecedente relevante al momento de evaluar la experiencia tecnológica, donde las condiciones esenciales de uso inciden directamente en la calidad de la experiencia de aprendizaje.
Las experiencias con tecnologías educativas, especialmente el caso del docente holograma [4] muestra una evolución descendente en la satisfacción: en 2024, 8 de cada 10 estudiantes se encontraban satisfechos con la experiencia de clase con docente holograma; tras un año de implementación, 5 de cada 10 estudiantes lo refiere así. Esta trayectoria puede interpretarse como una señal relevante sobre la forma en que las innovaciones tecnológicas acompañan los procesos formativos. La innovación tecnológica puede generar entusiasmo inicial, interés y altas expectativas, sin embargo, hay que enfocar claramente su aporte al aprendizaje para que estudiantes sostengan una valoración favorable en el tiempo.
El valor de la tecnología educativa no radica únicamente en su carácter innovador o disruptivo, sino en su capacidad de fortalecer procesos de comprensión, práctica, interacción y motivación con sentido académico. Las distintas experiencias tecnológicas implementadas muestran que la valoración estudiantil no depende únicamente del carácter innovador de una herramienta, sino principalmente de su aporte concreto al aprendizaje.
El metaverso [5], por ejemplo, muestra una alta satisfacción: 7 de cada 10 estudiantes lo percibe favorablemente, en la misma proporción declaran que les gustaría utilizar esta tecnología en otras asignaturas y también señalan una mejor comprensión de los contenidos. Estos datos sugieren que el metaverso puede tener un valor importante cuando se vincula con aprendizajes aplicados, visuales o prácticos, especialmente en áreas donde la simulación permite aproximarse a procesos que no podrían reproducirse en la sala de clases.
Otro caso relevante se observa en la realidad virtual asociada a logística [6], donde 7 de cada 10 estudiantes declara encontrarse satisfecho con esta tecnología y 8 de cada 10 reconoce una mejor comprensión de los contenidos a partir de la experiencia. Estos resultados permiten identificar un potencial formativo importante, especialmente cuando la tecnología permite visualizar procesos, practicar procedimientos o comprender dinámicas complejas de manera más inmersiva.
Más que emitir un juicio definitivo sobre una tecnología en particular, resulta pertinente reconocer que cada experiencia está mediada por múltiples factores: el diseño de las asignaturas, la pertinencia de los contenidos, las habilidades docentes y la forma en que los alumnos y alumnas interactúan con el recurso. Ninguna tecnología mejora por sí sola el aprendizaje, dado que su aporte depende de las condiciones en que se implementa y de la manera en que se integra al proceso formativo. El principal desafío ya no está únicamente en garantizar acceso tecnológico, sino en asegurar condiciones efectivas para el aprendizaje digital.
En este escenario, el desafío institucional ya no consiste únicamente en incorporar tecnologías a los procesos formativos, sino en asegurar que estas contribuyan efectivamente a generar mejores oportunidades de aprendizaje para estudiantes con trayectorias, contextos y necesidades diversas. La tecnología educativa adquiere valor cuando logra articular acceso, usabilidad, pertinencia pedagógica y acompañamiento, permitiendo fortalecer aprendizajes más autónomos, prácticos, interactivos y significativos. Más que modernizar la experiencia educativa, el desafío consiste en utilizar la tecnología como un medio que contribuya a disminuir barreras, fortalecer la participación estudiantil y acompañar de mejor manera las trayectorias formativas.
[1] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Caracterización con el cual se construye el Perfil de Estudiantes Duoc UC 2026.
[2] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Experiencia de Uso de AVA, 2025.
[3] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Evaluación de Carreras, 2025.
[4] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Satisfacción de Docente Holograma, 2025.
[5] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Uso de Metaverso en Mecánica Automotriz, 2025.
[6] Resultados obtenidos desde la Encuesta de Satisfacción sobre Realidad Virtual en Logística, 2025.
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