Cada 8 de marzo se ofrece a la sociedad chilena una ocasión de memoria, reflexión y responsabilidad. No es solo una fecha conmemorativa ni un gesto simbólico inscrito en el calendario internacional. Es, ante todo, un recordatorio de las valientes y dolorosas movilizaciones femeninas que marcaron la historia en la búsqueda de condiciones laborales más justas, del derecho a voto y de una participación ciudadana plena. En esa trayectoria hay sacrificio, perseverancia y una verdad que no pierde vigencia: ninguna comunidad puede aspirar a la justicia si no reconoce, con hechos y no solo con palabras, la dignidad, los derechos y la contribución de las mujeres.
Por ello el Día Internacional de la Mujer no debe agotarse en una evocación del pasado ya que también interpela el presente. Nos recuerda que la justicia social se construye cuando el respeto y la igualdad de oportunidades encuentran su expresión real en la cultura de las instituciones, en sus decisiones y en sus prácticas cotidianas. Allí donde persisten barreras, prejuicios o sesgos que limitan el despliegue de las mujeres, la tarea de la equidad continúa siendo urgente. Y allí donde una mujer ve restringidas sus posibilidades de estudiar, liderar, innovar, crear o aportar desde sus talentos, no solo se afecta una trayectoria individual: se empobrece la sociedad en su conjunto.
En este marco, la figura de la mujer se alza desde un concepto profundo de complementariedad. Hombres y mujeres no son fuerzas opuestas ni proyectos rivales, sino pilares complementarios que, al colaborar y reconocerse mutuamente, sostienen y potencian el desarrollo de la vida social. La complementariedad no disminuye a nadie; por el contrario, amplía la comprensión de lo humano, porque permite reconocer que el progreso común se fortalece cuando confluyen talentos, sensibilidades, inteligencias y capacidades diversas en una obra compartida. Lo anterior también significa respetar y no anular la identidad y peculiaridades de una mujer. Asimismo, es esta diversidad la que permite una visión más completa y rica de la realidad.
La meta, por tanto, no consiste en borrar las singularidades, sino en asegurar la igualdad de oportunidades. Una sociedad madura no es aquella que niega las diferencias humanas, sino aquella que impide que esas diferencias se conviertan en desigualdades injustas y persistentes. Hay que reconocer que cada persona aporta fortalezas y talentos únicos y necesitamos construir entornos de respeto mutuo, donde la discriminación no tenga cabida y donde todos puedan desarrollar su vocación y alcanzar su máximo potencial.
La historia ha demostrado con claridad que el aporte de la mujer ha sido esencial en la educación, en la familia, en el trabajo, en la organización de comunidades, en la investigación, en la salud, en las artes, en la empresa y en la vida pública. Muchas veces ese aporte no fue narrado con la justicia suficiente, pero ha estado siempre en el corazón de los procesos que sostienen y transforman a la sociedad. Allí donde las mujeres cuentan con oportunidades reales para desplegar sus capacidades, las instituciones se vuelven más ricas, más lúcidas y humanas. Por eso, fortalecer su participación y liderazgo no constituye una concesión, sino una exigencia de equidad y una condición del desarrollo integral y más pleno.
Ese espíritu de colaboración, respeto y equidad es el que Duoc UC ha buscado fortalecer a través de sus iniciativas para 2025. La institución ha asumido un rol protagónico al definir su propósito que es fortalecer las capacidades internas y articular acciones para consolidar una cultura organizacional inclusiva, participativa y sostenible. Más allá de su formulación institucional, lo esencial es la convicción que la inspira: avanzar hacia una comunidad donde hombres y mujeres encuentren condiciones más justas para desarrollarse, aportar y proyectarse.
En esa misma línea, Duoc UC trabaja decididamente en derribar sesgos y abrir puertas en áreas históricamente dominadas por hombres. Destaca el programa “Más Mujeres en las TIC”, que contempla talleres en colegios, mentorías, sesiones de coaching y visitas a la industria tecnológica para acercar a las estudiantes al mundo laboral y entregarles herramientas socioemocionales. Su valor es profundo: no solo aproxima a las jóvenes a un sector clave para el futuro, sino que también fortalece la confianza, amplía horizontes y muestra que el talento femenino es indispensable para el desarrollo tecnológico del país.
A ello se suma “Mujeres Front Desk”, un conversatorio y espacio de networking creado para visibilizar a mujeres líderes que están transformando el mundo digital, ofreciendo modelos a seguir reales que ayudan a reducir la brecha de género. La importancia de estos referentes es decisiva, porque permiten a muchas estudiantes imaginar como posible un camino que antes parecía distante. Cuando una joven ve a otra mujer liderando, innovando y abriendo espacio en el mundo digital, no solo recibe inspiración: recibe una prueba concreta de que también ella puede hacerlo.
Del mismo modo, la “Red de Mujeres IngeniaTec 2025” impulsa la participación y la permanencia de las alumnas de ingeniería a través de mentorías con profesionales tituladas. Esta iniciativa reconoce con acierto que el acceso es importante, pero la permanencia y la proyección también lo son. Acompañar, orientar y compartir experiencia fortalece la confianza, construye pertenencia y hace más sólidas las trayectorias formativas y profesionales.
Estas acciones se complementan con programas de alto impacto como “Mujeres en Ruta Scania”, diseñado para potenciar el liderazgo, el autoconocimiento y la mentalidad innovadora de las estudiantes, y con talleres prácticos que fortalecen la autonomía y la seguridad, como “Mujeres al Volante”, donde se enseña mecánica básica. En cada una de estas iniciativas hay una señal clara: abrir oportunidades reales para las mujeres no solo amplía sus posibilidades individuales, sino que enriquece la calidad de la formación, diversifica los espacios de aprendizaje y fortalece la vida institucional.
El homenaje más sincero que podemos rendir en este Día Internacional de la Mujer es asumir un compromiso activo de cambio. Iniciativas conmemorativas de Duoc UC como la “Cadena compromisos por la igualdad 8M” buscan precisamente eso: generar un pacto colectivo, visible y participativo que exprese el apoyo de toda la comunidad hacia la equidad de hombres y mujeres. Su valor reside en transformar una conmemoración en responsabilidad compartida, y en recordar que una cultura más justa no se construye solo con normas, sino también con convicciones, conductas y decisiones cotidianas.
Que este 8 de marzo sea, entonces, una invitación a seguir construyendo juntos. Una invitación a reconocer, con mayor profundidad, el aporte esencial de la mujer en la historia y en el presente. Una invitación a fortalecer comunidades donde la complementariedad entre hombres y mujeres no sea una idea abstracta, sino una experiencia concreta de colaboración fecunda, respeto recíproco y horizonte común.
Porque cuando una mujer encuentra oportunidades reales para desplegar su inteligencia, su liderazgo, su sensibilidad y su vocación de servicio, no avanza solo una persona: avanza la comunidad entera. Y cuando hombres y mujeres se reconocen no como adversarios, sino como colaboradores en una obra compartida, la equidad deja de ser una aspiración lejana y comienza a convertirse, paso a paso, en una forma más alta de justicia, de convivencia y de futuro.
Les invitamos a ver el saludo del Rector Carlos Díaz Vergara en el marco del 8M: Conmemoramos el 8M: Formación y oportunidades para las mujeres | Duoc UC
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