El reciente cambio en la Rectoría de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) el martes 18 de marzo del presente año, no solo es un acto administrativo o protocolar; simboliza, sobre todo, una reflexión profunda sobre la misión, desafíos y oportunidades de esta institución clave para el país. En este contexto, tanto el Rector entrante, Juan Carlos de la Llera, como el Rector saliente, Ignacio Sánchez, han ofrecido discursos que son auténticos testamentos de principios, ideas y visiones sobre el rol que la UC debe desempeñar en el Chile actual y futuro.
Juan Carlos de la Llera asume la rectoría con la noción clara y contundente de una esperanza fundada, una esperanza que se apoya en tres pilares fundamentales: la Patria, Dios y la Universidad. La patria, porque confía en la existencia de muchas personas con mucho talento; en que Dios cuida y anima a la Universidad y en que toda la comunidad universitaria está pletórica de energía y de personas que dan lo mejor de sí para sostener y mejorar a la UC.
Desde el inicio, sus palabras destilaron una sincera emoción y gratitud, reconociendo a quienes depositaron su confianza en él, desde las más altas instancias eclesiásticas hasta su predecesor, Ignacio Sánchez, a quien reconoció y agradeció profundamente. En este gesto hubo una continuidad y respeto que reveló a una institución que sabe valorar el aporte generacional y reconoce la importancia del legado.
Su análisis de la sociedad chilena actual resulta profundamente relevante y necesario. De la Llera no escatima en señalar el pesimismo, el miedo y la desconfianza como síntomas preocupantes, pero propone desde la universidad una estrategia audaz y efectiva para revertir esta condición mediante proyectos periféricos exitosos que generen un necesario impulso positivo. De manera acertada reivindica la misión evangelizadora de la UC, subrayando cómo esta debe contribuir significativamente al desarrollo integral del país, recuperando valores y espiritualidad.
El Rector destacó la importancia de reconocer y potenciar el talento nacional, valiéndose de programas como “Talento e Inclusión”, que han demostrado una efectiva capacidad para brindar oportunidades reales. Resulta especialmente esperanzador su llamado a aquellos talentos formados en el extranjero para que regresen a Chile y aporten en áreas fundamentales para el desarrollo nacional.
La reflexión teológica que De la Llera incorpora no es un elemento secundario, sino que reafirma que fe y razón son complementarias y necesarias en la universidad católica, siendo precisamente esta conjunción un elemento distintivo e identitario de la UC. Este planteamiento ofrece una plataforma robusta para enfrentar desafíos contemporáneos tan complejos como la creciente separación entre inteligencia artificial y conciencia humana, terreno en el que la UC impulsará una iniciativa clave en IA, ciencia de datos y transformación digital.
Además, propone la urgente necesidad de construir un nuevo contrato social entre Estado, industria, sociedad civil y universidades, con el fin de enfrentar los desafíos nacionales e internacionales desde una perspectiva integrada y colaborativa. Esta propuesta busca generar un modelo de desarrollo que privilegie la formación integral, donde los egresados sean no solo buenos profesionales, sino excelentes ciudadanos comprometidos con el bienestar común.
En paralelo, Ignacio Sánchez, quien entregó la Rectoría tras 15 años de dedicada y destacada labor, destacó con orgullo y humildad el recorrido institucional durante su gestión. Su discurso estuvo permeado por un profundo agradecimiento hacia Dios, hacia la comunidad universitaria y hacia quienes lo acompañaron en su tarea. Revisó con precisión histórica los 137 años de aporte institucional, remitiéndose a grandes figuras fundadoras como Joaquín Larraín Gandarillas, Carlos Casanueva y Juan de Dios Vial, cuyas visiones siguen siendo relevantes en el actual contexto institucional.
Sánchez reafirmó la autonomía, libertad académica, búsqueda incesante de la verdad y el compromiso con la calidad educativa como principios inalterables que orientaron su gestión. La continuidad histórica es para Sánchez esencial, pero no implica inmovilidad. Por el contrario, durante su rectorado impulsó decisivamente la inclusión, la innovación curricular y metodológica, además de fortalecer la investigación interdisciplinaria y colaborativa internacionalmente, transformando a la UC en un verdadero referente regional y global.
Las palabras del Rector Sánchez, lejos de ser una simple despedida, son una valiosa hoja de ruta. Recomienda a su sucesor reflexionar profundamente sobre el sistema de educación superior, abordar con urgencia y profundidad los desafíos éticos y humanistas de la inteligencia artificial, promover una necesaria flexibilidad curricular e insistir en un financiamiento estudiantil sostenible que no comprometa la autonomía ni calidad institucional. Estos consejos sintetizan una experiencia rica y comprometida con el desarrollo integral del país.
Ambos discursos confluyen notablemente en ciertos puntos fundamentales: La necesidad de formar personas integrales y comprometidas con el país, la importancia crucial de la identidad católica y el rol de la universidad como faro social, guía moral y transformadora de la sociedad chilena. También coinciden en la relevancia de potenciar redes colaborativas internacionales y nacionales, diversificando recursos y fortaleciendo la posición institucional para asegurar una sostenibilidad que trascienda las coyunturas.
Adicionalmente, ambos líderes enfatizan la importancia de enfrentar el fenómeno de la secularización, reforzando una identidad institucional sólida basada en principios éticos y morales claros que aporten al debate nacional e internacional, enriqueciendo la democracia y la convivencia social. En este contexto, destacan el papel trascendente de la universidad como agente promotor de valores éticos y morales en la vida pública.
Al cierre de su mensaje, Sánchez recalcó valores como la humildad, servicio y colaboración, reconociendo la tarea educativa como una misión trascendente, inspirada en el amor y comprometida con la esperanza. Su despedida es un llamado sincero y lleno de generosidad a mantener la fe en el proyecto universitario, consciente de que la educación es finalmente obra divina.
Por su parte, De la Llera culmina convocando a toda la comunidad universitaria a enfrentar con determinación y unidad los desafíos del Chile actual. Destaca a la Universidad como un agente transformador y esencial para el desarrollo del país, que debe actuar desde la libertad, la sostenibilidad y la innovación, pero siempre cimentada en el respeto profundo a la dignidad humana y al bien común.
Ambos líderes, cada uno desde su momento histórico y perspectiva personal, ofrecen un valioso legado intelectual y espiritual. Este doble mensaje institucional configura una visión sólida y profunda sobre cómo debe ser una universidad moderna, arraigada en su identidad, consciente de su pasado y comprometida con el futuro. Al conjugar tradición e innovación, identidad y apertura, fe y razón, ambos rectores entregan a la UC y al país un modelo universitario necesario y urgente para nuestros tiempos.
El desafío es claro: la Universidad Católica debe seguir siendo un lugar de reflexión profunda, creación de conocimiento relevante y formación humana integral. Los discursos de ambos rectores así lo plantean, recordándonos que, más allá de cualquier indicador académico o económico, el verdadero valor de una universidad reside en su capacidad para impactar positivamente en la sociedad. Esa es la esperanza fundada que hoy guía a la Pontificia Universidad Católica de Chile hacia un horizonte de renovado compromiso con la Patria, Dios y la Universidad misma.
Para Duoc UC, institución que forma parte de la gran familia de la Pontificia Universidad Católica de Chile desde su identidad y misión en la Educación Superior Técnico Profesional, el reciente acto de investidura del nuevo Rector Juan Carlos de la Llera representó un momento institucional de especial trascendencia. Le expresamos nuestros mejores deseos de éxito en la relevante tarea que asume, confiados plenamente en que su liderazgo fortalecerá aún más los estrechos vínculos que históricamente unen a ambas instituciones, beneficiando así a toda la comunidad educativa y al desarrollo integral del país.
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