Existe un amplio consenso respecto a que el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la Educación Técnico Profesional (ETP) será particularmente significativo y transformador. En Chile, estas instituciones juegan un papel esencial, pues atienden principalmente a jóvenes provenientes de familias con recursos económicos limitados, quienes buscan adquirir rápidamente habilidades prácticas que les permitan ingresar al mercado laboral con éxito.
En este contexto de alta incertidumbre y constante evolución tecnológica, surge una pregunta fundamental: ¿Qué deben aprender hoy los estudiantes de carreras técnicas para enfrentar con éxito los desafíos del mañana? Los expertos coinciden en que la formación tradicional, centrada únicamente en habilidades técnicas específicas, ya no es suficiente. La irrupción de la IA y otras tecnologías emergentes exige que los estudiantes dominen competencias digitales avanzadas y que desarrollen, además, habilidades cognitivas superiores como el pensamiento crítico, la resolución creativa de problemas y la capacidad de adaptación constante a nuevos escenarios laborales. En otras palabras, ya no basta con “saber hacer”, ahora resulta fundamental “saber aprender continuamente”.
El modelo de “aprender haciendo” que caracteriza históricamente a la ETP se potencia con la IA, permitiendo simulaciones virtuales, laboratorios digitales interactivos y experiencias inmersivas que antes eran impensables por costos o complejidad técnica. Los estudiantes pueden ahora aprender procesos industriales mediante herramientas digitales que recrean fielmente los entornos reales de trabajo. No obstante, este avance exige también nuevas formas de evaluación, las cuales deben trascender los métodos tradicionales. La evaluación basada en competencias debe centrarse ahora en la capacidad del estudiante para integrar conocimientos técnicos y habilidades digitales, demostrando no solo la correcta ejecución de tareas concretas, sino también la capacidad para innovar, adaptarse a cambios tecnológicos imprevistos y aplicar juicios críticos en situaciones laborales complejas.
Otra dimensión esencial es la lectura y formación cultural complementaria que deben recibir estos estudiantes. Frente a la rápida evolución tecnológica, la lectura debe trascender los manuales técnicos y abordar textos que desarrollen la comprensión profunda sobre la relación humano-tecnológica, las implicancias éticas del uso de la IA y la tecnología, y los nuevos desafíos sociolaborales que surgirán inevitablemente. Los expertos sugieren integrar lecturas sobre ética tecnológica, filosofía aplicada al trabajo y análisis crítico de las transformaciones sociales producto de la digitalización, formando así estudiantes con conciencia y responsabilidad social ante los avances tecnológicos.
Respecto a los docentes, la IA no viene a reemplazarlos, sino a redefinir profundamente su rol y a potenciar su trabajo en el aula. El profesor de la Educación Técnico Profesional deberá convertirse más que nunca en un facilitador experto que guíe a los estudiantes en el uso inteligente de herramientas tecnológicas avanzadas, acompañándolos en su desarrollo de habilidades analíticas, reflexivas y creativas. Los docentes necesitan recibir una formación continua y robusta en tecnologías emergentes, pedagogía digital y metodologías activas de aprendizaje, incluyendo la enseñanza a distancia, modelos híbridos y metodologías basadas en proyectos. En este sentido, las instituciones trabajan cada día con más ímpetu y sistematización en sus capacitaciones a los docentes, porque están conscientes de lo indispensable que hoy es entregarles a estos las herramientas necesarias para enfrentar este nuevo paradigma educativo.
Para los estudiantes y docentes, se hace fundamental contar con orientaciones claras y precisas sobre cómo navegar en este escenario incierto. Es crucial inculcar en ellos una mentalidad de aprendizaje permanente y un compromiso profundo con la actualización constante. Se recomienda fomentar espacios de intercambio permanente con las empresas y sectores productivos, asegurando así que el currículo académico responda siempre a las necesidades cambiantes del mercado laboral. Del mismo modo, se sugiere estrechar aún más los vínculos entre instituciones técnicas y universidades, para asegurar la fluidez y flexibilidad formativa que estos tiempos demandan.
Los expertos internacionales recomiendan fomentar habilidades transversales tales como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo mediado por tecnologías, y la alfabetización en datos e IA. El objetivo es formar técnicos capaces de dialogar con profesionales de otras áreas y adaptarse rápidamente a contextos laborales en permanente cambio. La IA no solo redefine los trabajos técnicos tradicionales, ya que crea oportunidades laborales completamente nuevas, lo que exige que nuestros técnicos posean competencias digitales y cognitivas avanzadas para aprovechar esas nuevas oportunidades.
Cabe señalar que nos encontramos ante una transformación educativa profunda y decisiva, que determinará la posición de Chile en el contexto global de las próximas décadas. La Educación Técnico Profesional tiene ante sí el desafío y la oportunidad histórica de liderar esta transformación. La IA y las nuevas tecnologías no son únicamente herramientas a incorporar en las aulas: representan una auténtica revolución educativa que obliga a repensar no solo qué enseñamos, sino cómo enseñamos y cómo evaluamos los aprendizajes.
En este escenario, resulta imperativo que las instituciones educativas y los actores involucrados asuman con responsabilidad y proactividad el desafío. Solo así podremos asegurar que nuestros estudiantes técnicos no solo logren empleabilidad, sino que sean profesionales plenamente capacitados para navegar exitosamente en un mundo cada vez más complejo, interconectado y digitalizado. Este es, sin duda, el desafío educativo más relevante de nuestra época.
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