20 de Agosto, 2018

¿Qué necesita como formación un empleado del siglo XXI?

Equipo Editorial Observatorio

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En la sociedad industrial del siglo XIX se masificó el trabajo asalariado y la creación de espacios comunes denominados industrias que agruparon a los empleados para lograr aumentar y mejorar la producción en serie. Los antiguos campesinos y artesanos ahora eran obreros industriales y sus competencias se modernizaron para poder administrar y usar las nuevas máquinas. Surgió el trabajador calificado y no calificado, un cambio que implicó una capacitación y formación distinta para los jóvenes de la época si deseaban sobrevivir laboralmente y con mayor empleabilidad. En consecuencia, las instituciones de educación tuvieron que armonizar su currículum a esta nueva realidad tecnológica.

Este nuevo escenario fomentó la administración científica que valoró una minimización de los tiempos para producir, la confiabilidad de los procesos y la puntualidad para cumplir con lo esperable como meta en cada una de las fábricas. Se aprendieron tarea y operaciones detalladas, todo se calculaba para lograr más eficiencia y eficacia. Se esperaba empleados disciplinados y ordenados antes que educados, afines al trabajo mecánico y repetitivo. El axioma y lo esperable era producir grandes volúmenes y en serie.

Luego en el siglo XX surgió la producción industrial de servicios y la sociedad basada en la información y el conocimiento. Sin duda que los avances científicos y tecnológicos comenzaron a provocar cambios sustanciales a una sociedad estática y predecible como lo era la industrial. Cada uno de los rubros comienza a ampliarse y a profundizarse en sus conocimientos específicos, de tal manera que aparecieron nuevas necesidades profesionales al interior de cada una de las industrias. Departamentos como innovación, desarrollo, gestión comercial, comunicación corporativa, gestión del medio ambiente, entre otras, nos informan de la complejidad creciente de las múltiples necesidades laborales demandadas por las empresas para abordar nuevas y crecientes relaciones con sus clientes y su entorno. Todo esto sin duda pasó a constituir un nuevo desafío para la formación que entregaban las instituciones de educación superior.

En los últimos años observamos al menos dos cambios relevantes: empresas de alcance global y la supremacía de las tecnologías de la información con un desarrollo e innovación de una velocidad asombrosa y de impacto inmediato en los mercados. Esto implica que si bien antes como competencias se valoraba la puntualidad, disciplina y la obediencia, hoy se valora más la capacidad de análisis, trabajo en equipo, las relaciones horizontales, negociación, el aprender a aprender, solución de problemas, la creatividad y la de ser capaces de definir estrategias rápidas y armónicas con los nuevos mercados.

Para toda institución de educación superior formularse la pregunta esencial de qué debemos enseñar para aumentar la empleabilidad presente y futura de nuestros estudiantes, hoy pasa a ser crucial y de una enorme responsabilidad ética. En este escenario cuya única certeza es que los empleos futuros serán distintos a los actuales, esta interrogante requiere una reflexión profunda y un estudio analítico para vislumbrar a tiempo los requerimientos, expresados en nuevas competencias y habilidades laborales, que las empresas necesitarán para tener éxito. Al menos hoy si sabemos que ciertas competencias serán indispensables para el éxito laboral, pero nos falta saber qué conocimientos específicos necesitamos enseñar y qué nuevas Carreras necesitamos diseñar.

Es indispensable entonces mantener una relación estrecha con diversos empleadores exitosos, conocer las innovaciones más relevantes que se están creando en los diversos centros de investigación públicos y privados, estudiar a las nuevas empresas tecnológicas mundiales que están emergiendo con fuerza y que ya se consolidan en los mercados, aumentar la mirada hacia los países más avanzados y conocer a tiempo las respuestas que instituciones educativas líderes están dando ante los nuevos escenarios locales y globales.

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