En el escenario laboral del siglo XXI, el debate sobre la mujer ha trascendido más allá de la búsqueda de paridad numérica para centrarse en una cuestión de identidad y propósito. Para la Iglesia Católica, y particularmente desde el magisterio de San Juan Pablo II, la incursión de la mujer en la vida pública no es un incidente sociológico, sino una oportunidad necesaria para humanizar las estructuras del mundo.
A propósito de las estructuras, en el ámbito profesional la mujer no solo ocupa posiciones, sino que redefine la cultura del trabajo, que evoluciona hacia un reconocimiento profundo de la corresponsabilidad en la construcción de la sociedad, desde su singularidad. Esto explica cómo la mirada femenina humaniza procesos, en Duoc UC esto se traduce en una pedagogía que mira a la persona detrás del técnico o profesional.
El genio femenino
¿Qué es el genio femenino? es una expresión que nace del Magisterio del papa Juan Pablo II, quien en Mulieris Dignitatem desarrolló este concepto de “genio femenino” como una capacidad singular de acoger al otro, custodiar la vida y humanizar las estructuras. Estos elementos constitutivos no se refieren a una capacidad técnica distinta, sino a una disposición antropológica hacia el valor de la persona. El Papa afirmaba que:
“La Iglesia da gracias por todas las manifestaciones del ‘genio’ femenino aparecidas a lo largo de la historia… y da gracias por todos los frutos de santidad femenina… La Iglesia ve en María la máxima expresión del ‘genio femenino’ y halla en Ella una fuente de continua inspiración” (Juan Pablo II, Carta a las Mujeres, n. 10).
En este sentido la mirada femenina integra la dimensión ética y relacional. Si bien hay que prestar especial cuidado en no reducir el rol de la mujer, ese mismo cuidado hay que considerar para resguardar la esencia y la valía por sí misma, de ahí el claro llamado de reconocer el gran aporte de la mujer en todas las esferas de la sociedad.
Porque “el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (Francisco, 2013, n. 103). Lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo evitar que el “genio femenino” se transforme en una categoría retórica, y en cambio se traduzca en una verdadera transformación cultural y eclesial? Esto abre un dialogo continuo que pasa por reconocer el aporte de innumerables mujeres en la historia de la Salvación, en la historia de la Iglesia y en la historia reciente de diferentes instituciones sociales que encarnan una antropología relacional donde la dignidad y la vocación de la mujer se expresen plenamente. De seguro surgen en nuestra memoria el recuerdo de mujeres que han marcado la historia, algunas muy populares y otras discretamente en el seno de nuestras familias y comunidades.
Es por ello que quiero centrar mi atención, brevemente, en cómo pasar de un reconocimiento discursivo a una integración efectiva del aporte femenino en la toma de decisiones, en la producción de conocimiento y en la formación integral en ambientes educativos desde la perspectiva profesional a partir de la configuración del pensamiento de Edith Stein.
Profesión como vocación
La filósofa carmelita Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz), una de las pensadoras más brillantes del siglo XX, profundizó en la esencia de la mujer mucho antes de que el feminismo profesional fuera una corriente dominante. Para Stein, no existe una barrera natural que impida a la mujer ejercer cualquier profesión, pero sí una forma única de ejercerla.
Stein sostenía que la mujer posee una tendencia intrínseca a la totalidad y el recogimiento, lo que en el mundo profesional se manifiesta como una resistencia a la fragmentación humana que producen las burocracias, “La mujer busca naturalmente lo que es viviente y personal… El cuidado, la protección, la custodia y el fomento del crecimiento es su anhelo natural y materno” (Stein, E., La mujer: su naturaleza y misión, 1934). En instituciones de educación superior como Duoc UC, esta visión es fundamental. La profesional no solo transmite conocimientos, sino que forma personas, ejerciendo una maternidad espiritual que sostiene el tejido social.
El equilibrio, es también un aspecto que señala con claridad Edith Stein; refuerza la importancia de que la mujer no pierda su esencia al entrar en estructuras laborales tradicionalmente rígidas. Habla de la “doble vocación” la profesional y la personal, y cómo la Iglesia aboga por un sistema que no obligue a la mujer a elegir entre su carrera y su naturaleza, sino que más bien lo pueda enriquecer; hacer de ella una vocación.
La tarea continúa
Esta tarea implica revisar continuamente prácticas, lenguajes y estructuras en los diferentes ambientes laborales e institucionales. Puesto que, el aporte de la mujer a la vida profesional, desde la óptica eclesial, es el de ser centinela de lo humano. Como bien señaló el mensaje de clausura del Concilio Vaticano II: “La mujer, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, puede ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”, palabras que mantienen vigencia hoy. Por ello, el desafío para las instituciones actuales es crear espacios donde ese “genio” no sea silenciado por la productividad, sino que sea el motor de una nueva ética del cuidado, generando espacios reales donde dicha riqueza no solo sea valorada, sino efectivamente encarnada en la vida académica, formativa y comunitaria. El Papa Francisco lo resume con un llamado concreto, no basta reconocer el aporte de la mujer, es necesario generar espacios reales de participación y corresponsabilidad en todos los ámbitos.
Referencias:
Francisco. (2013, 24 de noviembre). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana.
Juan Pablo II. (1988, 15 de agosto). Carta Apostólica Mulieris Dignitatem: Sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del Año Mariano. Libreria Editrice Vaticana.
Juan Pablo II. (1995, 29 de junio). Carta del Papa Juan Pablo II a las mujeres. Libreria Editrice Vaticana.
Pablo VI. (1965, 8 de diciembre). Mensaje del Concilio a las mujeres. Clausura del Concilio Vaticano II.
Stein, E. (2002). La mujer: Su naturaleza y misión (J. Mardomingo, Trad.). Ediciones Palabra. (Obra original publicada en 1934).
Stein, E. (2003). Obras completas IV: Escritos antropológicos y pedagógicos. Monte Carmelo.
Ver Boletín N°77: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n77-las-mujeres-fortalecen-los-entornos-formativos-y-laborales/
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