¿Techo de cristal en la cocina?
Estas barreras invisibles, que históricamente han limitado el crecimiento profesional y salarial de las mujeres por prejuicios organizacionales, están hoy en un proceso de cambio.
Convencionalmente, el espacio de la cocina hogareña ha sido asignado a nosotras, como un rol de cuidado; un oficio que, al profesionalizarse, nos presenta una paradoja: los reconocimientos internacionales y altos cargos suelen estar dominados por hombres. Con el paso de los años, estas barreras se han ido rompiendo y podemos ver más mujeres en posiciones de liderazgo, aunque aún no en la misma proporción.
La realidad académica en Chile presenta una base sólida y prometedora: en las aulas de gastronomía, la presencia femenina es mayoritaria, representando entre el 60% y el 70% de la matrícula total. Sin embargo, este entusiasmo inicial se enfrenta a un complejo cuello de botella al transitar hacia el mundo laboral. A pesar de ser mayoría en la formación, la representación de mujeres en cargos directivos —como chefs ejecutivas o directoras de operaciones— desciende drásticamente a cifras que apenas rondan el 20%. Persisten desafíos invisibles, como la dificultad de conciliar la vida personal con la intensidad de la cocina, sumado a prejuicios culturales que todavía asocian el liderazgo gastronómico a la resistencia física, dejando de lado la capacidad intelectual y técnica que las mujeres aportan al rubro.
Estos datos, respaldados por el Ministerio de la Mujer, el CEP y la OIT, evidencian una brecha estructural que las instituciones educativas y la industria debemos abordar de manera conjunta para que ese talento florezca en liderazgo real.
El aula como laboratorio de cambio
Ejercer la docencia en gastronomía siendo mujer representa un doble desafío y, a la vez, una oportunidad transformadora. Como educadoras, no solo transferimos técnicas de mise en place, orden, limpieza o química de los alimentos: estamos moldeando la cultura organizacional de las futuras cocinas de Chile.
La docencia nos permite:
- Sentirnos reflejadas y encontrar referentes: que nuestras alumnas encuentren en los modelos de éxito un espejo de su propio potencial.
- Equilibrio vida-trabajo: enseñar que la excelencia gastronómica no tiene por qué ser sinónimo de la anulación de la vida personal.
En Chile, tenemos grandes ejemplos del mundo gastronómico e investigativo; como Sonia Montecino (premio nacional de humanidades 2013, escritora de La olla deleitosa y Cocinas mestiza); Anabella Grunfeld (la “Violeta Parra” de la cocina chilena, dedicada a recopilación legados gastronómicos chilenos como Geografía Gastronómica de Chile); Camila Fiol (pastelera y confitera chilena, dueña de Fiol Dulcería) y Carolina Bazan (cocinera y dueña de Ambrosia Bistro).
Como docentes, nuestra misión es que nombres como Sonia Montecino o Camila Fiol dejen de ser excepciones para convertirse en el estándar al que aspiran nuestras alumnas.
La tríada de la formación gastronómica actual
En mi trayectoria docente —aún joven, pero en constante trabajo— me he visto motivada a desafiar la cocina vista únicamente como un espacio de “mano de obra, sangre y sudor”. Recuerdo haberles dicho a mis estudiantes: “No permitamos que nos vean solo como mano de obra; dejemos que nuestro conocimiento e intelecto también se luzcan.” Con esto, busco incentivar la curiosidad y el coraje de mirar más allá de nuestro círculo social inmediato. En una era donde cuesta que el estudiante suelte la inmediatez de TikTok, me esfuerzo por llevar a los talleres información adicional que los nutra intelectualmente.
Semanas después de una de estas charlas, una alumna me compartió con emoción que, inspirada por ese mensaje, reunió la confianza para demostrar cómo su conocimiento y su gestión estaban optimizando su entorno laboral. El resultado fue transformador: consiguió un ascenso y un aumento salarial.
Esta experiencia confirma que, para potenciar la empleabilidad femenina, debemos articular varios ejes en la formación. En primer lugar, la excelencia técnica, que garantiza el dominio de la vanguardia tecnológica y la gestión eficiente del recurso. En segundo lugar, el desarrollo de habilidades blandas como el liderazgo empático, la resiliencia y la capacidad de negociación, herramientas fundamentales para que la mujer escale en la jerarquía gastronómica. Finalmente, una sólida vinculación con el medio que las sumerja en el mundo gastronómico desde el área que más les apasione, sea sociológica, periodística, administrativa o técnica; permitiendo crear redes de apoyo entre mujeres consagradas y alumnas en formación, acortando así la brecha que separa el aula de la alta dirección.
Desafíos específicos en el contexto de Chile y el mundo
En nuestro país, la gastronomía está viviendo un proceso de redescubrimiento de su identidad territorial. En este proceso, las mujeres — sociólogas, periodistas, historiadoras, productoras rurales, las jefas de cocina en las grandes ciudades— son las guardianas del patrimonio.
En el ecosistema gastronómico persisten barreras de género que condicionan el avance de las mujeres. Una de ellas es cierta brecha salarial; a modo de referencia, estudios internacionales en el sector Horeca —como los de Facyre en España— muestran que las mujeres perciben ingresos menores que sus pares varones. Esto sugiere que aún nos queda un camino importante por recorrer para garantizar que el talento sea valorado y remunerado con paridad en todos los niveles de la jerarquía.
Otro punto es la conciliación entre maternidad y los horarios intensos, así como también nocturnos, de la industria, lo cual representa un obstáculo estructural. Muchas cocineras profesionales probablemente consideran la maternidad como un freno, no por falta de capacidad, sino por falta de red, clave para sus carreras, y exacerbado por la carga de cuidados no remunerados que las mujeres asumen más que los hombres (OIT, 2019; ONU Mujeres, 2025).
Conclusión: hacia una nueva pedagogía en los fuegos
La docencia gastronómica con perspectiva de género no busca excluir, sino enriquecer. Al educar desde nuestra vivencia como mujeres, aportamos una visión integral que valora tanto el resultado en el plato como el bienestar humano detrás de él.
Es momento de que las instituciones de educación técnico-profesional en Chile asuman el compromiso de no solo formar “buenas cocineras”, sino de liderar una reforma cultural que permita que el talento femenino brille. El futuro de nuestra cocina se cocina hoy, en el aula.
Debemos visibilizar el trabajo de tantas mujeres ligadas a la alimentación y buscar caminos que nos permitan derribar las barreras con las cuales a menudo nos encontramos en lo profesional. Es fundamental construir un sector más inclusivo y planificar acciones que promuevan el cambio. Estoy convencida de que, a través de esta vía, será posible lograr sociedades más humanas, saludables y sostenibles en todo ámbito profesional.
En mi propia experiencia dentro de Duoc UC, he tenido la fortuna de encontrar un grupo de trabajo que es reflejo de una nueva mentalidad. Agradezco profundamente a mis pares y colaboradores por cultivar un entorno de respeto mutuo, donde el trato igualitario es una norma cotidiana. Cuento con un equipo que valora el talento por sobre el género y que me permite ejercer mi rol en plena equidad.
Referencias
Organización Internacional del Trabajo. (2019). El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente. OIT.
ONU Mujeres. (2025, junio). En América Latina, no solo reconocemos el trabajo de cuidados, estamos reconstruyendo las economías en torno a él. ONU Mujeres.
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