En el sector automotriz coexisten hoy distintas miradas respecto de la incorporación de mujeres en los talleres de mecánica. Algunas empresas declaran interés por avanzar en esta materia; otras no lo consideran prioritario y, para algunas, simplemente no es un tema de conversación. Para mí, sí lo es: no desde una consigna, sino desde la observación sistemática de cómo se forman, se insertan y, en muchos casos, se excluyen mujeres altamente capacitadas en áreas técnicas.
Escribo desde una experiencia que combina la ingeniería, la docencia y el contacto directo con el mundo productivo. Mi formación en mecánica automotriz y autotrónica, junto con mi trayectoria como profesora de Física y Tecnología, me ha permitido realizar clases a estudiantes de diversas edades, además de conocer de cerca espacios industriales y administrativos. Este recorrido me ha dado la oportunidad de observar cómo se toman decisiones, cómo se asignan funciones y cómo, en muchos casos, de forma silenciosa, los sesgos de género siguen influyendo en la industria automotriz.
La discusión sobre equidad de género en los talleres no puede desligarse de lo que ocurre previamente en el sistema educativo. En Chile, según datos dados a conocer por Unicef, el 50% de los padres espera que sus hijos sigan una carrera STEM (ciencia, tecnología, ingeniería o matemática), mientras que solo el 20% manifiesta esa expectativa respecto de sus hijas. Estas diferencias en las expectativas familiares inciden tempranamente en la construcción de vocaciones y en la percepción de qué trayectorias profesionales resultan socialmente esperables para hombres y mujeres.
Los datos del Ministerio de Educación refuerzan esta brecha. Aunque las mujeres representan el 53% de la matrícula total en educación superior, en 2025 solo el 32% de las personas seleccionadas en carreras STEM fueron mujeres. Esto revela una subrepresentación persistente en áreas clave para el desarrollo productivo y tecnológico del país, entre ellas, la mecánica y la industria automotriz.
Esta desigualdad se hace aún más evidente durante las prácticas profesionales y las primeras experiencias laborales. Diversos informes y testimonios del ámbito de la formación técnico-profesional muestran que, en muchos casos, las empresas prefieren incorporar a mujeres en funciones administrativas, de atención de clientes o de apoyo, antes que en roles técnicos de taller. No se trata necesariamente de exclusiones explícitas, sino de decisiones que responden a inercias culturales profundamente arraigadas.
Este punto resulta central: el problema no está en la capacidad técnica de las mujeres, sino en la cultura organizacional y en los filtros de contratación. La evidencia internacional sobre la industria automotriz es consistente al señalar barreras estructurales, como estereotipos de género persistentes, falta de referentes femeninos, condiciones laborales poco adaptadas y sesgos en los procesos de selección y promoción. Aun cuando existe formación y competencia técnica, las oportunidades no siempre se distribuyen de manera equitativa.
En la práctica, estos sesgos se expresan en supuestos muy específicos que aún circulan en talleres y áreas técnicas. Se asume, por ejemplo, que las mujeres tendrán menor capacidad para realizar trabajos que impliquen fuerza física, que enfrentarán con más dificultad el trato directo con clientes exigentes o que su presencia en el taller “ralentiza” los tiempos productivos. Sin embargo, estas creencias no se sostienen en la evidencia. La mecánica automotriz contemporánea depende cada vez menos de la fuerza y más del diagnóstico, el uso de herramientas digitales, la interpretación de datos, la precisión en procedimientos y el trabajo colaborativo, competencias en las que no existe diferencia por género. Del mismo modo, la relación con clientes suele mejorar cuando se incorporan estilos de comunicación diversos y profesionales, lo que ha sido documentado incluso como un valor agregado en la calidad del servicio. Así, lo que se presenta como una preocupación por la eficiencia es, en realidad, la persistencia de una cultura que confunde tradición con rendimiento.
Desde el sistema formativo se han impulsado iniciativas orientadas a revertir estas brechas. En este contexto, participo activamente en IngeniaTec de Duoc UC, una iniciativa que busca motivar, acompañar y visibilizar a mujeres en áreas STEM, particularmente en carreras técnicas e ingenierías históricamente masculinizadas. Estas experiencias confirman algo que, como docente, observo de manera recurrente: las mujeres están, se forman y desarrollan competencias sólidas, pero muchas veces encuentran trayectorias laborales que no las sostienen en el tiempo.
Cuando estas oportunidades no se concretan, algunas mujeres optan por crear sus propios espacios profesionales. En Chile existen iniciativas que permiten evidenciar tanto la capacidad técnica femenina como las barreras del sector. En Temuco, Turbo Woman, fundado por Waleska Morales, se ha posicionado como un taller pionero liderado por mujeres. En Puerto Montt, Mecánica Activa, encabezado por Pilar Cabezas, ofrece servicios completos, diagnósticos y asistencia a domicilio para mujeres que buscan un trato confiable y especializado, entre otros proyectos liderados por mujeres a lo largo del país. Que estos proyectos se enfoquen en un modelo de mujeres para mujeres responde, en muchos casos, a la necesidad de desenvolverse en un entorno laboral que históricamente no ha sido equitativo.
Estos casos muestran que sí existen mujeres formadas en mecánica automotriz, con experiencia y capacidad para liderar proyectos técnicos especializados. Al mismo tiempo, evidencian que aún persisten barreras que dificultan su inserción en la industria tradicional.
Por ello, la equidad de género en los talleres de mecánica no puede depender del interés ocasional de algunas empresas. Debe asumirse como un desafío estructural de la industria, la formación técnica y el sistema educativo. Esto implica revisar prácticas de contratación, culturas organizacionales y la articulación entre empresas e instituciones formadoras. Promover vocaciones STEM en mujeres es necesario, pero insuficiente si el mundo laboral no está dispuesto a recibirlas en condiciones de equidad.
Referencias:
- Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional. (2025, 12 de agosto). Solo tres de cada 10 seleccionados en carreras STEM en Chile son mujeres. Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional, Pontificia Universidad Católica de Chile.
- Subsecretaría de Educación Superior. (2025, 20 de enero). Selección en la educación superior: mujeres aumentan 5,4% y egresados de establecimientos públicos crecen 5,7%. Ministerio de Educación de Chile.
Nataly Salgado
Excelente reflexión. Como ingeniera mecánica automotriz y exestudiante del campus Villarrica, puedo decir que la profesora Mabel Catalán fue un apoyo fundamental en mi formación profesional. Su compromiso con la educación y con la participación de mujeres en áreas técnicas realmente marca una diferencia. Gracias por visibilizar una realidad que muchas hemos vivido y por seguir impulsando cambios en la industria