2 de Febrero, 2026

2025: El año en que dejamos de hacer iniciativas y empezamos a construir un sistema

Carlos Díaz Vergara

Carlos Díaz Vergara

Rector de Duoc UC

6 minutos de lectura

Todos los años al finalizar el mes de enero, surge el tradicional Boletín del Observatorio que recoge las reflexiones sobre el año anterior escritas por los directores de sede, escuelas y centrales. Es un momento de pausa analítica y de reflexión personal de cada uno de ellos sobre lo sustancial hecho en Duoc UC en el 2025.

En este año los directores de Sede y Campus asumieron con fuerza una convicción simple pero poderosa: la empleabilidad y la pertinencia no se declaran, se construyen en red. Fortalecer la relación con el entorno productivo, municipalidades, autoridades locales, y organizaciones sociales dejó de ser una tarea de vinculación para convertirse en una agenda estratégica de valor compartido. No era solo estar presentes era liderar conversaciones: mesas de trabajo, consejos empresariales, acuerdos concretos que abren oportunidades de prácticas, inserción laboral y aprendizaje situado.

Y, al mismo tiempo, abordamos con más fuerza temas de sustentabilidad y la conciencia ambiental avanzaron como práctica cotidiana: políticas, hábitos, participación comunitaria. No como un eslogan verde, sino como una forma de habitar el entorno con responsabilidad. Allí, la institución no llega al territorio: se integra.

Cuando una institución decide entusiasmar a sus estudiantes, el primer desafío no es tecnológico, es humano. 2025 vio crecer una gestión más activa de la experiencia estudiantil, con indicadores como el NPS dejando de ser una cifra lejana para convertirse en conversación continua. ¿Qué está funcionando? ¿Dónde se rompe la experiencia? ¿Qué necesitan nuestros estudiantes hoy, no en el ideal?

Esa escucha se tradujo en estructura: mesas interdisciplinarias para analizar datos, detectar señales tempranas y derivar oportunamente a apoyos académicos o financieros. La progresión y la retención dejaron de ser responsabilidad de un área; se volvieron un compromiso compartido, con rutas de apoyo más claras y una coordinación más fina. Y cuando la vida estudiantil se mira de forma integral, aparece con fuerza lo que antes era periférico: bienestar, salud mental, deporte, cultura. No como actividades extra, sino como pilares de la formación. Porque aprender también es sentirse parte.

Mientras Sedes y Campus tensaban el vínculo con el entorno, las Escuelas también necesitan trabajar donde el futuro se decide: en el diseño formativo. Actualizar permanentemente la oferta académica y renovar mallas curriculares desde la prospectiva de mercado es indispensable y urgente: la pertinencia no se revisa cada cierto tiempo ya que se monitorea como un sistema vivo de manera rápida y permanente.

Pero 2025 no se trató solo de actualizar contenidos. Se trató de transformar la experiencia de aprender. La integración de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial, realidad virtual, metaversos abrió posibilidades concretas: prácticas más seguras, simulaciones de alto riesgo controladas, aprendizaje más inmersivo y significativo. La innovación dejó de ser un piloto para convertirse en una herramienta con propósito.

Y en esa misma línea, la industria no fue solo destino de prácticas: fue coautora. Las escuelas profundizaron su vinculación gremial y sectorial para anticipar tendencias y necesidades laborales. Se impulsaron pasantías docentes en la industria, porque enseñar lo actual requiere vivir lo actual, y se fortalecieron modelos prácticos de vanguardia con centros tecnológicos y laboratorios con estándares de industria. Al mismo tiempo, el talento estudiantil ganó visibilidad en concursos, premios y exhibiciones.

El crecimiento y la innovación, sin calidad, se vuelven ruido. Por eso, 2025 también fue un año de avanzar: asegurar la ejecución académica y la calidad en las sedes, con auditorías y herramientas como InfoClass para garantizar que las clases se realicen en tiempo y forma. En paralelo, desde el nivel central, la calidad se fortaleció con una lógica sistémica: evaluación del aprendizaje (AoL), verificación de condiciones formativas y consistencia entre sedes.

La palabra clave fue evidencia. La calidad dejó de depender de percepciones fragmentadas para apoyarse en sistemas de seguimiento que permiten aprender, corregir y mejorar sin improvisación. Una institución madura no es la que no se equivoca: es la que detecta antes, responde mejor y comparte lo aprendido.

Si 2025 tuvo una gran columna vertebral, fue la decisión de democratizar el acceso y el uso responsable de los datos. Implementar modelos de Gobierno de Datos no es un asunto técnico: es un cambio cultural. Significa que directivos y docentes pueden tomar decisiones informadas; que los problemas se describen con precisión; que los recursos se asignan con criterio; que la conversación se ordena.

Esa misma lógica impulsó la transformación digital del aprendizaje: bibliotecas evolucionando hacia Centros de Aprendizaje Digital, portafolios de EdTech con propósito, y una mirada más moderna sobre cómo se aprende hoy. En paralelo, la analítica aplicada a la progresión con alertas tempranas y mensajería automatizada se convirtió en un apoyo silencioso pero determinante para trayectorias en riesgo: intervenir a tiempo, con el mensaje adecuado, en el momento correcto.

Pero ningún sistema se sostiene sin cultura. Por eso, 2025 también modernizó la gestión del talento: reclutamiento, selección, evaluación del desempeño centrados en la experiencia del colaborador. Y, con la misma seriedad, se fortaleció el cumplimiento normativo y la protección de datos: prevención, capacitación, ética en el tratamiento de información personal. En un mundo donde la confianza es un activo, la integridad es infraestructura.

En ese alto reflexivo que propone el Boletín del Observatorio N°76, hay una certeza que atraviesa todo lo vivido en 2025 y le da unidad más allá de metas, indicadores o proyectos: somos una institución católica y, por lo mismo, todo lo que hacemos busca ser fiel a Jesucristo y a la Iglesia. Y en ese camino no caminamos solos: San José, nuestro patrono, nos sostiene con su apoyo incondicional y silencioso, recordándonos que la verdadera grandeza se construye con trabajo humilde, perseverancia diaria y amor concreto; que el liderazgo más fecundo no es el que brilla, sino el que cuida, protege y edifica futuro.

La invitación es simple: que lo construido no quede como memoria, sino como un impulso a trabajar más y mejor. Porque cuando una institución descubre que puede moverse como un todo, el futuro deja de ser una promesa lejana y se convierte en una tarea compartida. Y eso, justamente eso, es lo que más entusiasma y en esto debemos aumentar nuestros esfuerzos profesionales y técnicos para formar personas para una sociedad mejor.

Ver Boletín N°76: https://observatorio.duoc.cl/boletin/boletin-n76-gestion-duoc-uc-2025-sinergia-entre-el-impacto-territorial-la-vanguardia-academica-y-la-excelencia-estrategica-institucional/

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