
La palabra y la idea de empleabilidad surgieron en la década de los ochenta del siglo pasado ante una lentitud de respuesta del mercado laboral para dar empleo a mucha gente que buscaba y no encontraba un trabajo. Su origen es la palabra “employability” que surgió por la fusión de dos palabras: employ (empleo) y hability (habilidad). La definición literal de dicho término es la habilidad para obtener o conservar un empleo.
Las definiciones que con el correr de los años han aparecido son muy variadas y se ajustan con los énfasis y dimensiones al término que los diferentes autores e instituciones han deseado atribuirle. Una primera y muy difundida es aquella que define la empleabilidad, en términos generales, como una capacidad para encontrar un trabajo, mantenerlo y si se pierde, volver a recuperarlo. Pero si profundizamos un poco nos podemos dar cuenta que la empleabilidad es la capacidad de las personas para obtener el máximo beneficio y potencial a su perfil de titulación, sacando el mejor beneficio a sus actitudes personales, relaciones interpersonales y a la formación académica obtenida.
La Organización Internacional del Trabajo el 2004 expresaba: “El término empleabilidad se refiere a las competencias y cualificaciones transferibles que refuerzan la capacidad de las personas para aprovechar las oportunidades de educación y de formación que se les presenten con miras a encontrar y conservar un trabajo decente, progresar en la empresa o a cambiar de empleo y adaptarse a la evolución de la tecnología y de las condiciones del mercado de trabajo”. Como vemos, la definición no separa educación de empleabilidad, admitiendo que la primera es el medio para lograr la segunda.
La Conferencia Internacional del Trabajo el 2009, definió empleabilidad como uno de los resultados fundamentales de una educación y de una formación de alta calidad. Ésta abarcaba las calificaciones, los conocimientos y las competencias que aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y conservar un empleo; que mejoran su trabajo y su adaptación al cambio; que tienen la posibilidad de elegir otro empleo cuando lo deseen o pierdan el actual, y que logran integrarse más fácilmente en el mercado de trabajo en los diferentes períodos de sus vidas. Reconoce la Conferencia que las personas son más empleables cuando han adquirido una educación y una formación de base amplia con calificaciones básicas y transferibles de alto nivel, incluido el trabajo en equipo, la capacidad para resolver problemas, las tecnologías de la comunicación y la información, el conocimiento de idiomas, la comunicación y capacidad para aprender a aprender, así como las competencias para protegerse a sí mismas y cuidar a sus compañeros contra los riesgos y las enfermedades profesionales.
Ya no se duda que todo profesional debe ser su propio autogestor y autorregulador de su empleabilidad. Primero debe cualificarse en su ámbito profesional; luego puede recualificarse, que le significa estar abierto a nuevas líneas de actuación profesional afines y, por último, que debe estar disponible para una reconversión profesional, es decir, estar preparados para un cambio sustancial y adquirir nuevas competencias.
Uno se podría preguntar ¿Cuáles son las competencias genéricas requeridas para una búsqueda activa de empleo? En general los autores coinciden en las siguientes capacidades potenciales: autoconfianza, búsqueda de información, iniciativa, flexibilidad, desarrollo de relaciones, habilidad analítica, organización y planificación, orientación a resultados, toma de decisiones y la responsabilidad.
Cuando las personas le dan valor laboral al empleo, entonces perciben a éste como una manera de sentirse útil, que pueden establecer relaciones e incentivan su propia independencia económica. Si se encuentran disponibles, entonces su empleabilidad crece en la medida que son capaces de aceptar un amplio abanico de trabajos, que pueden trabajar en horarios y lugares no deseables y que están abiertos a aceptar un salario bajo (escenario no deseable pero que aumenta la empleabilidad). Si creen en sí mismos, también crece su empleabilidad. Si son maduros profesionalmente, es decir, motivados por lo que hacen, actualizados profesionalmente, flexibles, esforzados, con una visión dinámica de su identidad profesional, su empleabilidad también se ve muy potenciada.
Hay variados estudios que, de distintas maneras, relacionan y analizan la inserción de los egresados en el mercado laboral, su empleabilidad y las competencias requeridas. En este tema tenemos seis referencias teóricas de índole mundial, las cuales seleccionan las competencias exigidas por las empresas y la formación de entidades de educación superior. Nos referimos a Tuning, Cheers (Careers alter higher education a european research survey), Reflex (The flexible profesional in the Knowledge society.New demands on higher education in europe), Proflex (Profesional flexible en la sociedad del conocimiento), Aneca (Encuesta de inserción laboral española) y Deseco, vinculado a la OCDE.
Es de especial importancia entender que la empleabilidad no es un sinónimo perfecto de empleo. Esto último es más bien su perfecto efecto deseado. Alude más bien a una situación de formación personal y profesional previa que sitúa a las competencias personales como favorecedoras para la conquista de un empleo. Este conjunto de competencias comienza a formarse y desarrollarse desde la niñez y se obtienen en una pluralidad de ambientes de aprendizajes que actúan copulativamente en el transcurso de la vida de las personas.
Podemos sugerir que la empleabilidad no es un concepto dicotómico ya que siempre se presenta como gradual. Suele manifestarse en la vida de las personas a lo largo de diferentes ciclos. Adquirirla es un proceso que comienza en la niñez y que en los distintos niveles educativos se va potenciando y modernizando. También crece con la formación valórica y actitudinal conseguida en el hogar. Si está altamente desarrollada, siempre se manifiesta con innovación y creatividad. Finalmente, cuando ya está lograda y es madura, es capaz de adaptarse a todo tipo de contextos laborales.
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