¿Y la música dónde está? ¿En los cables?

¿Y la música dónde está? ¿En los cables?

El título de este artículo es la pregunta que planteaba Cerati -medio oculta- en la carátula del disco Dynamo de Soda Stereo en el año 1992. Esta pregunta resume la cuestión de la relación entre el músico y el público en nuestra actual sociedad de masas. Porque antes estaba muy claro que la música la hacían y la interpretaban los músicos ante un público. Sin embargo, con el paso del tiempo la música podía estar contenida –y comercializada- en medios, fuera éste un vinilo, un cassette o un CD.

Más o menos a partir del año 2000, el público comenzó a descargar música directamente desde internet, cambiando el modelo de negocio de la industria discográfica y comenzando el retroceso –o transformación- de las casas disqueras y las tiendas del rubro. Así surgieron los reproductores de MP3, los que se promocionaban en base a su enorme capacidad de almacenamiento de canciones, en comparación con los medios anteriores. Finalmente los Smartphone asumieron el papel de dispositivos de audio, además de todas las otras funciones que desempeñan (¿aún es posible hablar por teléfono desde los Smartphone?). Pero estaba aún el tema del almacenamiento: si bien los Smartphone permitían almacenar y reproducir música, la sobrecarga de archivos de audio en los dispositivos generaba lentitud en los demás procesos de  éstos. ¿La solución? El streaming, una tecnología de fines de los 90´s que, mejorada por las mayores velocidades de las conexiones de internet y redes móviles, permitió acceder a escuchar música en los dispositivos en tiempo real, sin necesidad de descargar los archivos, descongestionando el almacenamiento de los aparatos. La plataforma más conocida y transversal hasta hoy es Spotify, aunque ya le salió otra plataforma al camino: Tidal. Ésta es propiedad del músico Jay Z y fue lanzada al mercado en compañía de Madonna, Beyonce, Alicia Keys, Kanje West, Calvin Harris, Deadmau5, entre otros. La diferencia estaría en que ésta es “propiedad de los músicos”, según palabras del propio Jay Z. Y que busca “la salud y la sostenibilidad de nuestra industria en todo el mundo", según expresó Alicia Keys. Vale la pena mencionar que para desarrollar esta plataforma, Jay Z compró la compañía sueca Aspiro por 56 millones de dólares. Y que el sector de la música por streaming está valorada en 1.800 millones de dólares. Sólo la plataforma Spotify alcanza los 15 millones de usuarios que pagan por el servicio y otros 45 millones que lo usan en su versión gratuita, la que incluye publicidad. Mientras tanto, en nuestro país algunos músicos se alegraron por la aprobación de la ley que asegura un 20% de música chilena en las radios…

No voy a hacer juicios de valor respecto de la calidad musical de las producciones de estos artistas socios o partidarios de Tidal, sólo tomaré un fragmento de texto de una canción de Profetas y Frenéticos que me parece notable (y que demuestra que Claudio Narea puede ser mucho más honesto y genuino que González): “Sólo tres acordes nos van a bastar para dejar todo esto igual que como está”. Porque la llamada música popular, en general, se mueve en ese ámbito de estructuras musicales simples y probadas, potenciadas solamente por recursos de producción de primer nivel. Pero ni Spotify, ni Tidal ni el 20% de música chilena en las radios aseguran un apoyo contundente a los músicos emergentes, que en definitiva son quienes pueden, por el hecho de ser independientes, explorar nuevas posibilidades musicales y traer propuestas frescas. Es cuestión de ver quiénes apoyan a cada plataforma y a esta ley chilena. Aún queda mucho camino por recorrer y muchos canales que crear y desarrollar. Así que por ahora la pregunta de Cerati queda sin respuesta: aún no sabemos dónde está la música.

Cristian Antoncich Velasco (Director de Carrera Ingeniería en Sonido - Tecnología en Sonido Sede Viña del Mar Duoc UC)

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