El Portafolio como herramienta metodológica

El Portafolio como herramienta metodológica

El portafolio es una herramienta metodológica de enseñanza- aprendizaje que permite que el estudiante logre de alguna forma ordenar  los conocimientos  y habilidades aprendidas en clases, guardando de una forma organizada materia, trabajos, análisis, conclusiones y todo lo que el alumno establezca como importante para su aprendizaje durante el proceso de estudio.

Este recurso de evaluación representa un buen  ejemplo de participación activa del estudiante en su aprendizaje.  Factores como el estudio profundo, la organización de la información, la relación de lo que aprende con la realidad o el contexto profesional futuro, entre otros,  son evidencias de un aprendizaje significativo y que dan cuenta en la fecunda tarea de llevar un portafolio o carpeta.

Formalmente, un portafolio consiste en un archivador que incluye todo lo que el alumno hace: toma de apuntes, borradores, recortes de periódicos comentados, pruebas, productos parciales, productos finales, pautas de autoevaluación, pautas de evaluación del docente, comentarios del estudiante y registro de las observaciones hechas por el docente en cuanto al progreso del aprendizaje.

Si bien es cierto que el portafolio tiene el valor de constituirse en una excelente estrategia de progreso del aprendizaje, si no se organiza y trabaja debidamente, corre el riesgo de perder credibilidad o consistencia como procedimiento de evaluación. Por ello, es necesario establecer acuerdos con relación a las metas y prioridades para guiar la  intervención pedagógica, llegando a un consenso de expectativas y criterios, como asimismo, realizar el máximo de evaluaciones interactivas posibles para la toma de decisiones.

Uno de los elementos clave de la evaluación como proceso de cambio que debe tener el portafolio como herramienta metodológica, es la autoevaluación,  decisión que deben adoptar todos los protagonistas del proceso educativo (docentes, alumnos e institución).  Cuando nos autoevaluamos tomamos conciencia de lo que se estamos haciendo y de los objetivos que  pretendemos alcanzar, asumimos la responsabilidad de reflexionar críticamente sobre la propia acción con el fin de reorientarla o mejorarla, potenciando la autonomía y la motivación dentro del proceso educativo. 

El portafolio se organizará en cinco o seis grandes secciones que contendrán la realización de actividades específicas, objetos de evaluación. Estas actividades, por ejemplo, pueden relacionar el contenido desarrollado en clase con el mundo laboral o cotidiano (transferencia), o seleccionar ciertos trabajos personales en función de criterios que guían la asignatura y sobre los cuales se requiere una cierta argumentación específica (reflexión), o  trabajos que demuestren capacidad de decidir y comunicar ideas (síntesis), entre  otras.  No todas las secciones tienen que ser obligatorias, sino que va a depender del grado de profundización que el alumno decida en cuanto a sus propios intereses, al tiempo disponible o a otras condiciones de estudio.  Así, las secciones optativas (que pueden ser propuestas por los propios estudiantes) ayudan a diversificar la evaluación, y esto supone que el  alumno  es capaz de tomar decisiones sobre el proceso que está dispuesto a seguir en el marco de una asignatura concreta, incluso antes de que ésta se desarrolle y no al final como acostumbra a suceder. 

Alison Bottinelli Thomassen.

Asesora UAP sede Viña del Mar Duoc UC

  

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:

  • Barraza Macías. (2002). Constructivismo social: un paradigma en formación. México

 

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