El 83% de los alumnos que desertan fue el primero en su familia en llegar a la educación

Fotógrafo : Eduardo Moreno.

Por primera vez, un estudio dimensiona si los estudiantes que son los primeros universitarios en su familia permanecen en ella.

 Según datos de la Universidad Católica de Valparaíso, el número de estudiantes que son los primeros en su familia en acceder a la educación superior ha aumentado 18% en los últimos cinco años. Otros estudios señalan que, en la actualidad, siete de cada 10 alumnos de la educación terciaria son los primeros en su familia en llegar a ella.

Pero ¿cuántos permanecen en ella? Es lo que, hasta ahora, nadie había podido determinar. La respuesta la da un estudio de Jorge Castillo y Gustavo Cabezas, investigadores del PNUD, quienes siguieron la trayectoria académica de 1.300 estudiantes, desde que estaban en segundo medio en 2003 hasta 2009, cuatro años después de egresar del colegio. Entre ellos, figuran aquellos que accedieron a la educación superior por primera vez, hijos de universitarios y jóvenes que se quedaron sólo con la educación media.

Según el informe, publicado por la última revista del Consejo Nacional de Educación, de los estudiantes que formaron la primera generación en acceder a estudios superiores, el 20% dejó la universidad o instituto. Entre quienes eran hijos de universitarios, sólo el 8% abandonó los estudios. En otras palabras, del total de estudiantes que desertó del sistema, el 83% son alumnos de primera generación. De entre quienes abandonan la universidad, el 75% es de primera generación.

Las estrategias

Fueron buenos alumnos en el colegio y sus padres tenían altas expectativas sobre ellos. Eso es lo que puede desprenderse de los datos del estudio: los jóvenes que llegaron a la educación superior estaban dentro del 45% de mejor rendimiento de su curso (quienes no lo lograron estaban en el 59% inferior), el 85% no repitió ningún año (contra el 66% de quienes no accedieron a la educación superior) y en el 80% de los casos, sus padres creían que llegarían a la universidad (29% entre los jóvenes que no accedieron).

Pese a que sus padres no invirtieron necesariamente más en colegiaturas (el 47,4% estudia en colegios municipales y el 37% no pagaba arancel), tenían sus metas claras y cómo lograrlo. Al salir del colegio, ocho de cada 10 estudiantes de primera generación y casi todos los hijos de universitarios querían estudiar, algo que tenía en mente sólo el 40% de los jóvenes que se quedaron con cuarto medio. El 84% de los encuestados que llegaron, por primera vez, a la educación terciaria invirtió en un preuniversitario (contra el 50% de quienes sólo terminaron la media). "Pese a todas estas estrategias, son alumnos frágiles, donde el factor económico pesa mucho al momento de la decisión de seguir estudiando", dice el estudio. En efecto, de los alumnos que desertan, más de la mitad lo hace por motivos económicos. En el 15% de los casos de deserción, el motivo es que no les gustó la carrera y en el 10% la razón es académica. Y es que sólo el 23% accede a créditos y el 6% a becas. Entre los hijos de universitarios, la cobertura de créditos llega al 16%. Además, estos alumnos son el grupo que costea, en mayor medida, sus estudios con sus propios ingresos (16%, contra el 4% de los hijos de universitarios). "Tienen la motivación por seguir estudiando, pero, como muchos se costean directamente sus estudios y se insertan en empleos precarios, ante cualquier problema, abandonan", dice Jorge Castillo.

Según datos del Mineduc, de los 150 mil estudiantes matriculados en educación superior, poco más de 56 mil, el 37%, son de los dos primeros quintiles y reciben becas estatales. Pero no se sabe cuántos alumnos matriculados no reciben ayuda. Según el jefe de la División de Educación Superior del Mineduc, Juan José Ugarte, bajar la deserción es una de las metas del gobierno. Por eso, impulsarán convenios de desempeño en los que los planteles se comprometan a realizar cursos de nivelación, resolver nudos críticos de ciertos ramos y mejorar sus capacidades pedagógicas, a cambio de recursos de parte del Estado.     

El plantel que mejoró sus índices    

En la U. del Bío Bío, ocho de cada 10 estudiantes proviene de los tres primeros quintiles socioeconómicos y la mitad egresó de colegios municipales. Es decir, muchos eran los primeros en su familia en llegar a la universidad. Así, una vez en el plantel, tenían malos resultados académicos y poca capacidad para sobreponerse a las malas notas. También muchos desconocían el mundo universitario y su elección de carrera solía ser apresurada. Por eso, el plantel tenía altas tasas de deserción, de 17% en primer año.  En 2007, se echó a andar un convenio de desempeño con el Mineduc destinado a mejorar sus índices. Su objetivo: "mejorar la integración del estudiante a la vida universitaria", dice la encargada de admisión del plantel, Gilda Vargas. Se les enseñó a los estudiantes a organizar su tiempo, a tener hábitos de estudio, además de ofrecerles cursos de nivelación y de la implementación de tutores, que los guían en la vida universitaria.  La meta del programa era llegar a tasas de deserción en primer año de 8,5% en 2012. El año pasado, dos años antes de lo estipulado, el abandono llegó a 9,4%.

 

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