Educación pública, laica y gratuita

Educación pública, laica y gratuita

“Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”, gustaba decir al psiquiatra vienés Viktor Frankl recordando a Nietzsche[1]. La manifestación de los jóvenes estudiantes en nuestro país nos ha dado la ocasión de experimentar la hondura de esta afirmación.

¿Puede haber algo más extraordinario para una sociedad que un grupo -no menor- de sus jóvenes se haga parte de la vida política (en el amplio sentido de la vida en la polis) con un por qué que sostiene, justifica y orienta sus cómos?

Las voces de los jóvenes estudiantes nos han advertido que la desigualdad sostenida por años se convertiría en una bomba de tiempo; que el problema no es propiamente el consumo, sino “una institucionalidad que había interiorizado una mentalidad mercantil en el plano de la educación, y también en otros planos, provocando una reacción alérgica y una enorme desconfianza contra los representantes de este tipo de sociedad”[2]. Visibilizada con marchas y otras expresiones creativas, la demanda original por una educación de calidad dio paso a la lucha por la gratuidad, contra el lucro. Hoy las posiciones han encontrado un nuevo equilibrio. Mientras el 47% de la población aprueba la reforma educacional, el 70% sostiene que la prioridad debe tenerla la calidad, mientras que el 28% acentúa la gratuidad[3].

La Iglesia está siguiendo con especial interés el intenso debate, haciendo públicas sus reflexiones y explicitando sus posturas. Uno de estos aportes ha venido de parte del actual Vicario de la Educación, P. Tomás Scherz T., quien ha elaborado dos documentos de trabajo titulados “Por una educación pública, laica y gratuita”, el primero, y “La inclusión, expresión de nuestra identidad católica”, el segundo[4].

En el primer documento el Vicario de la Educación aborda como ciudadano creyente tres conceptos que en el último tiempo han gravitado fuertemente en los debates en materia de educación y que constituyen, según él, la demanda central: educación pública, laica y gratuita. El Padre Tomás comparte estas demandas,“siempre y cuando no se confunda lo público con lo estatal, lo laico con lo no religioso y lo gratuito con un beneficio estrictamente pecuniario”[5]. Por ello su principal interés consiste en precisar el alcance de estos conceptos.

Por educación laica entiende aquella que abraza el pluralismo de las distintas concepciones del bien, sin buscar imponer ninguna de ellas. La laicidad no es un contenido teórico, sino una personal disposición de apertura permanente a las verdades del otro. Así, la laicidad del Estado (y de la educación) no se opone a lo religioso en cuanto busca evitar que una verdad se sobreponga sobre las otras, poco importa si es religiosa o ideológica. A una saludable propuesta de educación laica, la Iglesia ofrece la experiencia cristiana católica “como memoria de significado, fuente inagotable de integración social y esperanza de reconciliación con la creación y con Dios”[6].

En segundo lugar, lo público se ha asociado tradicionalmente al Estado o a aquello que está abierto al pueblo, sometido a la publicidad de la opinión común. Por su parte, lo privado designa lo individual, el mundo de los iguales unidos por contratos o cuyas biografías circulan en ámbitos restringidos. Pareciera que no hay término medio. Sin embargo, es posible ser público desde la especificidad de lo particular, en cuanto lo último apoya y amplía lo primero. En este sentido, la educación católica, llamada generalmente particular, amplía lo público y es capaz incluso de darle sentido. Hay buenos ejemplos de personas y comunidades que ofrecen educación sin fines de lucro y lo hacen en forma visible y sometida al público escrutinio[7]. La iniciativa privada puede y debe favorecer el Bien Común. Concentrar todo el poder educativo, académico y científico en manos del Estado podría ser una amenaza seria a la democracia, en una sociedad como la nuestra. “La educación es entonces pública no porque sea estatal, sino porque es de todos y para todos”[8].

Por último los jóvenes que reclaman que la educación debe ser gratuita en todos sus niveles tienen razón. Si embargo, lo que es cierto en teoría no siempre es posible del todo en la práctica porque los recursos son limitados y las necesidades son enormes. Por ello, al menos sigue siendo parte del debate que la educación superior sea enteramente pagada por el Estado, aunque el propio Padre Tomás declara razonable la opinión de Mario Waissbluth cuando afirma que “la gratuidad en educación superior queda al final y no al inicio de este camino y, por cierto, comenzando por la educación técnico-profesional antes que la universitaria”[9].

Por otro lado, la educación hay que entenderla también, desde la gratuidad, como una donación que recibimos de las generaciones pasadas y debemos saber ofrecer a las futuras, cultivando la excelencia humana desde la consideración de la persona como fin en sí mismo y nunca como medio. Así, la educación hay que comprenderla como un bien humano, con costos y beneficios económicos, que va mucho más allá de su sola dimensión material y que encamina al estudiante a encontrar la realidad, insertándose con conciencia y responsabilidad en el mundo.[10]

Marcelo Alarcón Álvarez (Jefe de Formación y Cultura Cristiana de la Dirección de Pastoral Duoc UC)

 

Link documento "Por una educación pública, gratuita y de calidad" P. Tomás Scherz:  http://www.vicariaeducacion.cl/docs/por-una-educacion-publica-laica-y-gratuita.pdf

 

[1] Frankl, V. El hombre en busca de sentido. Herder, 1987, p. 79.

[2] Costadoat, J. La Iglesia todavía. Fracaso y porvenir en la transmisión de la fe. Santiago, 2014, p. 32.

[3] CADEM. Track semanal de opinión pública, 25 julio de 2014, estudio 28.

[4] Ambos forman parte de la serie “Educación de Calidad para el Chile de hoy” y se encuentran disponibles en www.vicariaeducacion.cl

[5]Por una educación pública, gratuita y de calidad”, 9.

[6] Ibíd., 13.

[7] Ibíd., 17.

[8] Ibíd., 20.

[9] Waissbluth, M. (2013), Cambio de rumbo. Una nueva vía chilena a la educación, Santiago de Chile, p. 169ss

[10] Cfr. “Por una educación pública, gratuita y de calidad”, 24; “Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva”. Congregación para la Educación Católica. Instrumentum laborispara elCongreso Mundial sobre la educación Católica que se tendrá en Roma, del 18 al 21 de noviembre de 2015. III,2,f.

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