Discurso en la entrega de Diplomas de Gestión en Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior Técnico Profesional. Kiyoshi Fukushi Mandiola. Secretario General y Director General de Aseguramiento de la Calidad de Duoc UC.

Discurso en la entrega de Diplomas de Gestión en Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior Técnico Profesional. Kiyoshi Fukushi Mandiola. Secretario General y Director General de Aseguramiento de la Calidad de Duoc UC.

Les agradezco muy sentidamente por haberse dado el tiempo para asistir a esta ceremonia. Para nosotros, esta experiencia ha sido muy importante y esperamos que también lo haya sido para ustedes. Estamos convencidos, que para avanzar en la existencia real y palpable de una cultura para la calidad, se requiere la formación de quienes darán vida a dicha cultura.

Como toda obra bien inspirada, fue muy trabajoso implementarla. La cantidad de problemas que surgieron, de todo tipo, nos daba más certeza sobre la urgencia de echarla andar. Finalmente, nuestra evaluación es muy satisfactoria. Lo es especialmente por el grupo de comprometidos colaboradores que participó en ella. Ahora bien, de nada sirve un esfuerzo como este si no se traduce en beneficios concretos: sin lugar a dudas, a lo que más aspiramos, es que se entienda la relevancia de la existencia y funcionamiento sistemático de mecanismos de autorregulación. Y también la disposición a la calidad, ordenada a lo más importante: que nuestros estudiantes aprendan más y mejor. Si aprenden más en programas pertinentes a las necesidades del espacio laboral, mejores niveles de empleo y rentas lograrán. Podrán proyectar su vida y vivirla en seguridad.

En este momento, quiero aprovechar estos minutos para invitarlos a reflexionar sobre el sentido profundo de nuestra labor, la de todos, en los diversos roles que a cada uno nos ha correpondido. Empezando por reconocer el aporte de todos quienes intentamos movilizar a nuestros estudiantes hacia una vida buena y provechosa.

Como ustedes saben, uno de los objetivos centrales de la docencia, es llevar a nuestros estudiantes en una experiencia apasionada y responsable por aprender. La movilidad social tiene un sello y que no se agota en la apropiación de los conocimientos desarrollados por la cultura, sino que se une a la responsabilidad ciudadana, para lo cual no basta solo con el conocimiento, sino que debe ir acompañado del ejemplo, y la cercanía entre el docente y sus estudiantes se convierte en una condición imprescindible.

En esta breve reflexión, me interesa destacar los atributos que sustentan nuestro Proyecto Educativo y que constituyen la fuente de lo que debemos día a día construir:

-Respeto por la persona del estudiante y su particular modo de aprender. Nuestro punto de partida debe ser siempre el conocimiento de nuestros estudiantes, no solo para adecuar a ellos las estrategias, metodologías, recursos, contenidos y objetivos de la enseñanza, sino para la generación de oportunidades que favorezcan la formación de su carácter. Esto demanda conocer el perfil de entrada para que nos permita administrar el cómo se movilizará durante los años que permanecerá con nosotros. Cada estudiante tiene su forma propia de adaptarse (aprendizaje) al camino propuesto (enseñanza) por la comunidad académica. No queremos decir que buscamos tener un docente por estudiante, sino de ofrecer planes e itinerarios que más convengan al logro de los fines propuestos. Frente, a un plan propuesto cada estudiante se aproxima irremediablemente desde su propia experiencia y expectativa.

-Caracterizar para mejorar los aprendizajes. No basta con solo saber la condición de entrada de nuestros estudiantes, lo que realmente importa es comprender sobre la existencia de una historia previa del estudiante, de sus condiciones personales, sus conocimientos anteriores a la enseñanza formal. No se trata solamente de un diagnóstico, o un reconocimiento de un estado, sino de una disposición para la toma de decisiones a lo largo de la estadía del estudiante con nosotros.

-Para la formación integral del carácter tenemos la firme convicción que un solo medio no sirve para alcanzar la movilidad social. Se deben vincular programas, ambientes, voluntades, recursos que favorezcan una convergencia integrada hacia el perfil de egreso. Se trata de un estilo de formación de educación superior que atiende a la totalidad de la persona, en la que ningún ámbito debe ser pasado por alto. La expresión del mundo afectivo es altamente necesaria para la integracion de un proceso de aprendizaje que da credibilidad a la persona completa.

-Atención personal al estudiante. Debe ser uno de los rasgos más notables de nuestros académicos y que deben reconocer los estudiantes y sus familias. Es la interacción de personas que no se reduce a la formación académica en el aula o en el laboratorio. Los docentes deben aconsejar y atender a los estudiantes. Uno de los recuerdos más importantes de los egresados, sin importar de que Sede sean, es su experiencia con profesores que se esforzaron por conocerlos personalmente, los acompañaron en  sus procesos, y que aún después de mucho tiempo, recuerdan hasta sus nombres. Como puede suponerse, este hecho no es producto de una buena memoria de los docentes, sino de un compromiso y cercanía real al estudiante y a su proceso formativo. El ideal del maestro como modelo a seguir.

-La ecualización de la experiencia. Se debe considerar que las Sedes son distintas entre sí. En principio siempre habrá diferencias en las lógicas de la enseñanza y el aprendizaje. Por esto se recomienda adaptar la experiencia de los estudiantes según las necesidades y posibilidades de las localías. Creer en la flexibilidad curricular y de otras actividades de formación integral no significa fomentar la anarquía y la improvisación desde el prejuicio que “nadie comprende nuestra realidad”. Todo lo contrario, la ecualización supone un “programa fuente”, con adaptaciones, pero cuyo estándar de calidad sea sólido y fundamentado y que favorezca una común intencionalidad pedagógica.

-Asegurar una experiencia de calidad. Se espera que todas las personas que participan de nuestro proceso educativo vivan una experiencia de excelencia humana y académica. La condición de perfeccionamiento no solo se orienta al logro de estándares de calidad, sino que también a la instauración de la cultura de la autoevaluación. Se trata de una concepción de nuestro hacer que no se reduce a ocultar fallas o debilidades por medio de la “prevención y reacción constante”, sino a la reflexión objetiva frente a la visión institucional. Precisamente, evaluar significa valorar. El principal valor experimentado por nuestros egresados es aquel que dice que lo obtenido le ha ayudado a mejorar su condición de vida y por esto le retribuye a los demás.

-Una experiencia razonada e imaginada. La formación disciplinaria básica es central en la formación de nuestros estudiantes. En esta fase inicial de la experiencia, se debiera contar con instancias de orientación vocacional y ordenamiento personal. Ellas deben apuntar al objetivo último de enseñar a los estudiantes a pensar por sí mismos. En otras palabras, es ayudar a que los estudiantes desarrollen la capacidad de autoevaluación, pues esta cualidad es altamente requerida para la movilidad social. La interacción entre la experiencia, reflexión y acción debe ser considerada esencial para el conocimiento. Ella supone siempre la enseñanza de conocimientos contextualizados y la evaluación tanto de los procesos como de sus resultados. Esta interacción está intimamente unida a la problematización de los saberes.

-La experiencia instanciada de movilidad por medio del aprendizaje, el ejercicio actual del saber y la futura vida profesional. La movilidad social no es necesariamente un estado que se alcance al final del horizonte de la experiencia de cada estudiante en Duoc UC. Así como la formación integral subraya la armonía horizontal del desarrollo, la movilidad se vive, de modo particular, en cada instancia/etapa del proceso enseñanza-aprendizaje. La verticalidad de la experiencia no se reduce al momento de titulación e inserción laboral, sino a un escalonado que se materializa en muchos momentos. En este proceso adquiere gran importancia la valoración dada a las competencias y principios que son básicos para una mirada creativa e imaginativa de la realidad, que promueva el ser social.

-La comunidad académica para la enseñanza. Debe ser una oportunidad que se convierte en una instancia de encuentro con el otro. Aquí se comparten dudas, certezas, resultados y procesos de aprendizaje. Los docentes examinan, desde una metodología formal, los saberes que contribuyen a la vivencia de la experiencia de los estudiantes. El debate, puesta en común, creación de propuestas, compromisos, etc., siempre cuenta con el supuesto básico que el conocimiento se alcanza en mayor grado en cuanto los aprendices pueden salir al encuentro del otro. La comunidad académica es el modelo para el estudiante que le muestra el proceso de cómo se ha alcanzado un saber. Los saberes se dan a conocer, se defienden con argumentos y se modifican de acuerdo a los mejores fundamentos. ¿Cómo vamos a promover el trabajo en equipo, si no somos capaces de avanzar desde nuestro trabajo individual hacia un trabajo en equipo? Tampoco podremos demostrar, por el ejemplo, que exponer y contrastar nuestras ideas, es un momento fundamental en la elaboración de un pensamiento propio. Por último, la tutoría o la ayudantía, juegan un rol central en esta experiencia de acompañamiento. En este espacio se abrirán las puertas fundamentales, los caminos personales, se mostrarán nuevas relaciones y se ordenará lo que parece confuso y errado.

-Una experiencia comunicada. Una estrategia básica de los aprendizajes, es su orquestación mediante la comunicación. En el pasado han quedado la didáctica que suponían un estudiante como receptor pasivo y dispuesto a llenar su “contenedor vacío”. Ya está bastante extendido que solo mediante la actividad mental y física es cómo el estudiante se apropia de los conceptos y de los principios. Sin embargo, esta actividad mental se logra en gran parte mediante la comunicación. Así, es indudable que la educación es un proceso de comunicación de sentidos y significados. Solo aquello que se explicita se aprende, y esta acción se debería dar no solo en el aula, en el taller, laboratorio y campo clínico, sino también en el intercambio de ideas y opiniones, expectativas y limitaciones, en las penas y alegrías que surgen en todos los espacios de la institución.

Una institución que es capaz de exhibir estos atributos, puede decir que cuenta con un ambiente de aprendizaje en el que el estudiante se conecta a una experiencia transformadora en la que se involucran todas las áreas institucionales en una interacción coordinada y armonizada. La calidad de una institución se demuestra en sus titulados, en el aporte que puede ser para el país; pero esta calidad se fragua en el ambiente de aprendizaje.

Felicitaciones a todos quienes participaron de este diplomado, quedo disponible para lo que puedan requerir. Bienvenidos a quienes comienzan esta entretenida aventura.

Lunes 16 de abril de 2018

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